martes, 20 de julio de 2010

ELCAMPAMENTO DE LA AUTENTICIDAD


Son cerca de las 7 de la tarde y casi no puedo abrir los ojos del sueño que tengo... es que estoy reventado. Porque 9 días de campamento suponen un desgaste físico y una quemaera... directamente proporcional a la "recarga" de energía, de ganas de vivir y de ilusión por los jóvenes que he sentido en ese paraje precioso de Perales del Puerto.
Es fascinante lo que se aprende en un campamento. Todo el día con los muchachos, a tope con la formación, el baño, la marcha, las actividades, las tareas de limpieza, las veladas, las conversaciones... Se ve a los chavales en su salsa, se les conoce bien, y también se aprenden cosas de uno mismo bajo los pinos. Conozco mi timidez y mis limitaciones para conectar con la gente de forma espontánea; sé que, al lado de personalidades más extrovertidas, me retraigo más; observo lo que me cuesta ser protagonista. Y todo lo acepto con paz, con sentido del humor, sin tensión, aunque salga a hacer la vaca lechera. En todos los momentos de este campamento he sabido lo que tenía que hacer. Y me he sentido orgulloso al ver a los muchachos, lo tengo que confesar; a "mis zagales" de Santa Ana (vale, sé que no son míos, son de sus padres y casi ni eso) crecer, integrarse, participar como todos; a los otros muchachos, un año después, más maduros, con sus procesos; a los nuevos de la Fuente con Javi (¡qué gran cura!) y a los de Miajadas, ese pueblo-símbolo para mí del buen trabajo del Movimiento Rural.
¿Qué queréis que diga? Que ha sido un privilegio generar con ellos algo tan hermoso y tan auténtico como este campamento. Ciertamente es para mí una suertaza haberme encontrado con la JEC y sentirme, después de algunos años, parte de la familia como cualquiera. Compartir la pasión por los jóvenes y desvelarnos (literalmente, hasta las cuatro de la mañana algunos días) para que su protagonismo se salve de las dinámicas y de las fotocopias enlatadas, para que sean ellos los que lleven adelante su movimiento, sus procesos y sus vidas. Me ofrezco, Pepe, para ser en esto "la mano que mece la cuna", como tú dices, ja, ja, ja, ja!!!! En la sombra pero con efectividad... jejejejeje.
Resulta que, tanto tiempo de formación en una congregación especialista en los jóvenes y al final Dios me lleva, por otros caminos insospechados, a darme lo que siempre quiso de mi. La JEC es como corroborar tantas cosas, el campamento es una experiencia de encuentro con la autenticidad de mi vocación, un coincidir conmigo mismo desde siempre. Toma castaña. ¿Es que puede haber algo más enriquecedor?
¡¡¡¡Gracias, pajos de la JEC!!!!

sábado, 10 de julio de 2010

EJERCICIOS ESPIRITUALES


Es estupendo hacer ejercicios; una gozada si se trata de los Ejercicios (nótese, con mayúsculas) de San Ignacio de Loyola; y una suertaza si te los da Adolfo Chércoles, sabio jesuita gran conocedor de los Ejercicios y, por encima de todo, hombre sencillo adornado con un desternillante sentido del humor propio y una gran humildad-realismo como albañil que es.
Haciendo ejercicios la vida se ralentiza, tu ritmo se frena... todavía me duran los efectos. Como hay que estar una semana en silencio, te metes en tu mundo y te desconectas de lo exterior: sólo salí de mi burbuja para ver la segunda parte del España-Paraguay del mundial. No hay telediario, hay siesta con una buena novela. Y el resto del día... meditar, contemplar, reflexionar... más de ocho horas cada jornada. Llega un momento en que si alguien habla en la mesa, hasta te molesta, masticas despacio, caminas despacio por el jardín, te enjabonas despacio en la ducha, levantas la vista y miras las flores y las nubes y te das cuenta de su belleza.
Hace años que no creo en las tandas de ejercicios para grupos. Muchísimas veces he aguantado estoicamente las charlas (auténticos tostones a menudo) y luego me he ido a mi cuarto y he hecho lo que buenamente me ha parecido que necesitaba; incluso una semana santa me pasé varios días en Batuecas haciendo ejercicios solo como Dios me dió a entender. Los Ejercicios hay que darlos de uno a otro y hacerlos tienes que hacerlos tú, a tu ritmo, con tu estilo y poniendo tu vida. Pero es que además los Ejercicios ignacianos son un método, una pedagogía para vivir; te sumerges en la persona de Jesús y vuelves siempre a tu propia vida, concreta, palpable, para ahí encontrarlo, intentar vivir como Él vivió, "para que más le ame y le siga". Los Ejercicios son un camino para aprender a vivir con los fallos, con las contradicciones propias, en medio de la vorágine de nuestras cosas, pero centrado en Jesús, con los ojos abiertos y ganando en libertad.
Si hubiera conocido los Ejercicios antes, cuando era más niño que ahora, si hubiera dispuesto de las reglas de discernimiento, posiblemente me habría equivocado menos en mis decisiones y habría estado más con los pies en el suelo. Pero lo digo sin dolor, con agradecimiento y una enorme expectativa: todavía estamos en la segunda semana... ¡quedan otras dos! ¡Cuánto por crecer!

viernes, 25 de junio de 2010

CANSANCIO SONRIENTE

Me acuerdo cuando era un zagal y el profesor de educación física ("el Tato") me llevaba, junto con otros niños, a competir en pruebas de atletismo los sábados en el campo. Yo era bastane bueno en medio fondo, y de hecho gané alguna carrera en la Isla, o en Carrascalejo... Cuando me veía en los últimos metros esprintando y comprendía que iba a llegar el primero, sentía una felicidad como nueva, una alegría no registrada. Cruzaba la meta y notaba un cansancio también peculiar, un agotamiento eufórico, la sensación de que me vaciaba de fuerzas y ese hueco se llenaba de orgullo expectante por la medalla que iba a ganar.
En este final de curso santanero y vallero me siento sencillamente agotado. Hace tiempo que no se me acaban las fuerzas físicas de modo tan demoledor; el mes de junio se me está haciendo eterno, lleno de reuniones, preparando la asamblea parroquial, dejando cosas atadas cara al año que viene...y encima ayer y hoy, con la limpieza y la pintura de la casa, el golpe de gracia.
Estoy muy cansado pero muy contento. Porque me he dejado el pellejo y las revisiones dicen que ha merecido la pena, que no ha ido mal la cosa, que hemos dado pasos interesantes este curso. Pero lo mejor es la sensación: el cansancio es como el reverso de lo feliz que me siento, la garantía de una entrega apasionada durante estos meses. Estoy reventao pero te lo digo con una sonrisa; no hay medalla, el premio es simplemente estar aquí, ser cura y serlo de estos pueblos. Eso es lo que decía Don Carlos Amigo en la homilía de nuestra ordenación: "Y como premio... serviréis a vuestros hermanos".

viernes, 18 de junio de 2010

INVICTUS

Acabo de terminar el libro "El factor humano", de John Carlin, sobre el que está basada la película Invictus, protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon, que ganó varios oscars este año. Me ha encantado leer este relato de ágil estilo periodístico sobre el hecho simbólico de la construcción de la nueva Sudáfrica: la victoria de la selección sudafricana de rugby en la copa del mundo de 1995. Los Springboks (gacelas) fueron capaces de aglutinar el deseo de los sudafricanos de ser un país reconciliado tras el horror del apartheid. Contar esta historia es ensalzar la figura de Nelson Mandela, y no puede ser de otro modo.
Hace dos veranos, en Níger, releí la biografía de Mandela: "Un largo camino hacia la librtad". Más allá de sus habilidades políticas, me impresionó su capacidad para reconstruir su vida varias veces, para rectificar sus errores y al mismo tiempo permanecer en lo fundamental a pesar de los pesares.
Hoy, emocionado por esta lectura, y muy cansado a final de curso, me siento agradecido por estar aquí, por ser fiel a mi mismo y por haber tenido el valor de cambiar para ser yo con todas las consecuencias. No he encontrado en "El factor humano" el poema de William Ernest Henley, esos versos que recorren y llenan la película, y que me rondan en el corazón desde entonces:

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a cualquier dios que pudiera existir
por mi alma inconquistable.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he dado gritos.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Precioso. Soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma.

lunes, 14 de junio de 2010

TODO SE TRANSFORMA

Me encanta la canción de Jorge Drexler “Todo se transforma”, perteneciente a su disco “Eco”. Esta canción sale en varios anuncios de la ONCE. Dice así: Cada uno da lo que recibe / Y luego recibe lo que da / Nada es más simple / No hay otra norma / Nada se pierde /Todo se transforma.
Cada uno da lo que recibe
; si uno es querido, dará amor; si uno es rechazado, dará patadas; si te dan besos, abrazarás; si te dan palos, te defenderás. Y luego, cada cual recibe lo que da... digamos que se cosecha lo que se siembra... qué gran verdad.
Somos felices en la medida que somos capaces de sembrar bien, de dar amor y de hacer felices a los demás. Si estamos solos, si resulta que nadie nos comprende, si “nos sentimos mal” sin aparente razón... hemos de preguntarnos: ¿qué hemos sembrado? Cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da. Qué bueno.
Nada es más simple, no hay otra norma: nada se pierde, todo se transforma. Ni uno solo de los instantes en que intentas hacer el bien se pierde; ninguna gota de sudor en favor de los demás desaparece, se transforma en lluvia que fecunda el campo. Ni el más pequeño y humilde gesto de amor queda vacío, se transforma en una corriente imparable de bien que mejora el mundo.
Todo se transforma. Es hasta una ley física: la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. El poder de Dios transforma la muerte de Jesús en fuente de vida; el amor de Dios transforma las heridas en causa de salud; el frío se transforma en lluvia, la luvia en flores, el invierno en primavera. Todo es para bien de los que aman a Dios, dice Pablo. Demos amor; y lo acabaremos recibiendo de otras maneras. / Nada es más simple / No hay otra norma / Nada se pierde /Todo se transforma.