miércoles, 21 de agosto de 2019

UN ENCUENTRO MUY DIFERENTE


Hacía tiempo que no me divertía tanto en un encuentro vicarial, diocesano o de cualquier pelaje. La hemos pasado chévere en la reunión de catequistas en Indiana, ha sido una experiencia vacán, unos días chiripitifláuticos, desternillantes, pistofudos y refrescantes a pesar del calorón selvático.

Nos han acompañado los profesores Maricruz Martínez, Luis Ormeño, Ricardo García y Sergio Solano, todos ellos del colegio “Reina del Mundo” (Vicentinas) de Lima. Con muchas horas de vuelo en el trabajo pastoral con niños y jóvenes, superexpertos en dinámicas, juegos, canciones, mímicas, dramatizaciones, narraciones y cualquier tipo de actividad creativa para la catequesis y la evangelización. Unos verdaderos tromes que además han tenido la virtud de ir compartiéndonos su propia vida mientras desarrollaban los talleres, nos han dejado ver algo de su interior, sus convicciones profundas, su fe y su amor a Dios.

De izquierda a derecha: Sergio, Ricardo, Maricruz y Luis

Eso facilitó de inmediato la conexión con los participantes y estableció una alegre complicidad que abre muchos caminos para mover a un grupo de cincuenta y tantas personas. Nos han hecho disfrutar entregándonos y practicando con nosotros muchas técnicas para diseñar acciones formativas y catequéticas atrayentes, amenas y activas, nada aburridas, y que siempre conducían a una reflexión y diálogo en torno a algunas preguntas del tipo: ¿Cómo me he sentido? ¿Qué he aprendido de este juego? ¿Qué valores han aparecido en él? ¿Qué tiene que ver con la vida espiritual?, etc.

Confieso que al llegar a Indiana ya tenía medio planeado escabullirme de más de una sesión para hacer otras tareas, todas importantes y urgentes, pero que compruebo que funcionan como excusa para quedarse fuera de la mecánica general, “ver los toros desde la barrera” sin exponerse a compartir, competir y participar plenamente. Es un mal que observo desde hace muchos años y me fastidia: ¿por qué en muchos encuentros de jóvenes los asesores (curas, religiosas…) tendemos a quedarnos al margen, como si estuviéramos por encima del bien y del mal, ya lo supiéramos todo o como si eso no fuera para “nosotros” y sí para “ellos”?

¡Qué bueno es desoxidarse y simplemente dejarse llevar, ser uno más y abrirse a cosas nuevas con una expectativa positiva! Seguramente no hay nada más estimulante en la vida que aprender. Casi sentía cómo se me iluminaban de colores fluorescentes las zonas del cerebro que entraban en funcionamiento con cada canto, coreografía, juego, historia o desafío. A pesar de lo mal que (creo que) bailo, no hemos parado de movernos y sudar a chorros, hemos saltado la cuerda, corrido, disputado a piedra-papel-tijera, escenificado pasajes evangélicos, visto preciosos videos, debatido en grupo, orado con la imaginación, escrito en papelotes etc. etc. etc.

Y reído. Casi me da roche cuando recuerdo cuántas tonterías por minuto soy capaz de soltar, no me reconocía a mí mismo, estaba desatado, Ana María hasta me regañó un poco. Pienso que después de un mes y medio bastante estresante, esta convivencia me hizo de liberación, me “descomprimí” por medio de las carcajadas, las bromas, el fastidiar a uno y a otra, el gamberreo sano. Nada que ver con los días del CEFAC, los misioneros tuvieron que sufrir lo tenso que estaba… En fin, el factor humano.

También hubo algunas charlas, ¿eh? Y por supuesto oraciones, Eucaristía y los elementos habituales en una reunión como ésta, pero en general todo gravitó en torno a la creatividad, la motivación, la espontaneidad, la participación, la expresión de las emociones, el empleo de todo el cuerpo soltándose, sin inhibirse, el buen humor, la valoración de lo positivo… ¡qué gusto!

“Tachín tachín tachín tachín…🎶”.Gracias Sergio, Ricardo, Luis y Maricruz por el regalo que nos han hecho. Les esperamos el año próximo para gozar del privilegio de estar juntos y formarnos en el arte de acompañar a otros en el seguimiento de Jesús con claves de ingenio y sonrisa. 🎶 Sin amigos no se puede viviiiir…”.

viernes, 16 de agosto de 2019

AYUDAR A CUMPLIR SUEÑOS


El otro día, sin ir más lejos, conversando con un chivolo de 4º de secundaria, le preguntaba qué va a hacer cuando termine el colegio.

- ¿Vas a ir a la universidad?
- No creo. Supongo que me iré con mis hermanos a trabajar a la chacra.
- ¿Y eso? ¿Tienes bajas notas? ¿No te gusta estudiar?
- Lo que pasa es que mis papás no tienen plata como para pagarme los estudios en Iquitos.

Así de claro y contundente. Tanto que no supe qué más decirle.

Pero debería haberle animado a pedir una ayuda para estudios, una beca. Y en cuanto pueda se lo contaré, porque lo tengo ubicado, es de una comunidad junto a Indiana que se llama Santa Teresa. Raúl es solo uno de los muchos rostros concretos que están tras la misma historia: la pobreza de las familias, unida al elevado número de hijos, impide el paso a los estudios superiores para obtener un título y “ser profesionales”, como dicen por acá.

En Loreto, el porcentaje de hogares identificados como pobres o pobres extremos supera el 40%. Solo el 43% de la población ha completado los estudios secundarios obligatorios, el puesto 22 de las 24 regiones del Perú. La calidad del sistema educativo es deficiente, pero influye más la debilidad económica de las familias, que viven al límite o al día en muchos casos, y más en las zonas rurales, donde se encuentran todos los puestos de misión de nuestro Vicariato (ver http://sanjosedelamazonas.org/).

Por eso desde hace un par de años, a partir de una donación que llegó a través del p. Diego Isidoro, hemos implementado un fondo de becas para posibilitar que estudiantes que egresan del colegio puedan acceder a formación universitaria. Primamos a los chicos y chicas de lugares alejados y distritos remotos de nuestro territorio, así como a hijos de agentes pastorales o de católicos de nuestras comunidades indígenas y ribereñas.

La condición es que el joven tenga buenas calificaciones en secundaria y cuente con alguien que “le cuide” en el lugar donde va a estudiar, es decir, que se quede en casa de un familiar (hermano, tía, primos mayores…) o de conocidos a quienes los padres confían a su hijo. Hay una comisión que evalúa las solicitudes, y atendiendo a cada caso se concede media beca o la beca completa. El dinero se utilizará para pagar la matrícula, los útiles (libros, cuadernos, fotocopias…), desplazamientos por la ciudad y, si es necesario, para alimentación, aunque procuramos que la familia aporte aunque sea alguito.

La prestación se concede por un año, y en todos los casos se asigna una persona que, in situ, acompaña al becado, le va proveyendo de fondos y hace un seguimiento económico. Los beneficiarios se comprometen a dar cuenta detallada de los gastos realizados y a aprovechar la oportunidad estudiando con responsabilidad para obtener buenos resultados en sus cursos (=asignaturas). Así van consiguiendo la renovación de la beca hasta completar sus carreras. Todo queda consignado en un acuerdo escrito.

Si algún lector desea ayudar a cumplir sueños, que se ponga en contacto nomás. Gabriel y Mª Ángeles ya lo han hecho: ellos se casan el 17 de agosto en Salvaleón y han pedido a los invitados a su boda que, en lugar de comprarles regalos, les entreguen el importe que deseen para enviarlo al fondo de becas del Vicariato. Así van a posibilitar que muchos jóvenes de la selva se desarrollen como personas, lleguen a niveles superiores de instrucción, alcancen lo que acá llamamos “el buen vivir” y contribuyan a que nuestra región y nuestro país progresen.

¡Gracias pareja! El Señor va a bendecir vuestro amor con una gran sonrisa porque es un amor abierto, solidario y amplio. ¡Qué alegría estar allí para verlo!

sábado, 10 de agosto de 2019

UN OBISPO GENEROSO


No me sale tratarle de “Monseñor” si no es para bromearle, porque para nosotros en el Vicariato es simplemente Reinaldo. De hecho fue uno de nuestros misioneros, párroco del puesto del Estrecho, en el Putumayo, aunque solo durante poco más de cuatro meses. Ha estado de visita en Iquitos e Indiana estos días atrás, y ha sido un gusto reencontrarnos, y más después de escuchar su idea de apoyarnos enviando algún sacerdote a estas tierras.

Reinaldo y yo llegamos juntos a la selva; de hecho nos habíamos conocido antes, en 2016, cuando los dos casi al mismo tiempo pasamos unos días en Indiana haciendo una experiencia de descubrimiento de esta realidad, viendo si sería para nosotros. Y al año siguiente, en 2017, coincidimos al venirnos del todo e incluso llegamos en la misma fecha, el  5 de febrero. Lo cuento en “Sudando por esos ríos” (ver 17 de febrero de 2017) y alguna foto aparece en “Un primo genial” (ver 11 de marzo de 2017). Hicimos juntos un viaje iniciático por varios puestos de misión y a la vuelta conversamos con nuestro obispo Javier y quedamos en que Reinaldo iría para el Estrecho y yo para Islandia. Era a finales de marzo.

En mayo, el nuevo párroco programó su primer recorrido por las comunidades de la misión, creo recordar que por el Bajo Putumayo. Es un territorio enorme, desde el Estrecho a donde comienza el trapecio amazónico, que implica dos o tres semanas de viaje, de modo que allí tienen una “lancha” en la que duermen, cocinan, etc. Iba extrañado de por qué le picaban los zancudos, si él tomaba todas las precauciones habidas y por haber; ¿sería por su piel blanca de alemán de pura cepa? Cuando llegó de retorno al Estrecho, las hermanas le dijeron: “Hay alguien que ha llamado varias veces preguntando por ti. Dice que es importante”.

Me lo contaba tres meses más tarde en Lima. Recibió la llamada y escuchó: “El Papa Francisco le ha nombrado obispo prelado de Caravelí”. Los pobres del Estrecho, que llevaban más de diez años sin sacerdote, se quedaron con dos palmos de narices cuando su párroco, recién llegado, tuvo que hacer las maletas y despedirse. Qué historia, recuerdo que lo comentamos en Islandia y no podíamos creerlo. Todo dio un vuelco para él en unos segundos, y su aventura en el Vicariato terminó ahí. ¿O tal vez no?

A pesar de la brevedad de su estancia, la Amazonía se quedó en su corazón, y dos años después ha regresado pero no solo, sino acompañado por tres sacerdotes y dos seminaristas de su prelatura. Porque a pesar de que allí hay 22 parroquias y únicamente 15 sacerdotes, está decidido a enviarnos uno o dos para que colaboren en el Vicariato por un tiempo, y si es posible ir renovando la ayuda. “Nosotros, en nuestra pobreza, queremos echar una mano”, me dijo. ¡Ole ahí, es un notición para nosotros! De nuestros 15 puestos de misión, 6 están sin sacerdote.

Ya con el Nuncio hablamos en la Asamblea de que en el Perú debería existir un mecanismo de solidaridad con los vicariatos de la selva, en el capítulo económico y también en la distribución de personal, especialmente de curas. Reinaldo además me razonaba el otro día que, si quieren iniciar en la Conferencia Episcopal un debate sobre este asunto o al menos suscitar en otras diócesis iniciativas semejantes a la suya, no pueden proponer sobre hipótesis, tiene mucha más fuerza exponer el propio ejemplo: “Si nosotros, que no estamos precisamente sobrados de gente, vamos a enviar a dos, ¿qué le impide a diócesis con muchos más sacerdotes seguir el mismo camino?” Sí señor, lo que dice 1 Jn 3, 18: “No amemos de palabra ni de lengua, sino de verdad y con obras”.

Gracias, amigo Reinaldo. Eres un hombre y un obispo generoso. Es decir: excelente en tu especie y noble, como los vinos de tu querido Caravelí. Pero además abundante y magnánimo, lleno de grandeza de ánimo y desprendido, feliz de compartir con amplitud. Tu lema es “Evangelio para los pobres”, pero podría ser “Obras son amores y no buenas razones”. Monseñor, qué hermoso sería que tus presbíteros pudieran servir en tu querido Estrecho; tú no puedes estar físicamente allí, pero te prolongarías en la entrega de tus sacerdotes. Y qué bueno si otros obispos tomaran nota y no tuvieran miedo de imitar tu generosidad. Ellos, como tú, recibirán el ciento por uno, no lo duden.

domingo, 4 de agosto de 2019

KANATARI SIGNIFICA AMANECER


Llevo varios años dando ejercicios espirituales en la vida diaria personalizados, es decir, el ejercitante y yo solos, tal y como San Ignacio lo pensó. Pero, salvo algunos retiros, es la primera vez que doy una tanda de ejercicios a un grupo, en este caso las religiosas Misioneras de la Misericordia del Sagrado Corazón de Jesús, una congregación mexicana que está presente en la selva con comunidades en Indiana y en Iquitos.

De modo que es algo en cierto modo nuevo para mí, y acepté sospechando que, como hay pocas cosas que me gusten tanto como dar ejercicios, seguramente disfrutaría, y así está siendo. Escribo desde la casa Kanatari, en Iquitos, un sorprendente remanso de belleza y de paz en el corazón de la ciudad. Las horas transcurren plácidas pautadas por la voz lenta de la campana e invadidas por el silencio total, tan blanco como los hábitos de mis compañeras.

Ya me figuraba que en cinco días no es posible componer un perfecto bonsái con la propuesta ignaciana y ofrecerlo en miniatura, pero me está resultando todavía más difícil de lo previsto. Cuando das los ejercicios a otro te esmeras en la explicación, hay dudas y aclaraciones, puedes ayudarle a conectar con lugares y momentos ya saboreados, y vas viendo cómo se va dibujando en la persona un proceso completo que responde a un todo perfectamente ensamblado. Acá hay que apañárselas para que el recorrido de estas jornadas sea coherente y no tenga lagunas, sea provechoso sin mutilaciones, y eso es complejo.

En fin, hacemos lo que podemos. Doy puntos dos veces al día “con breve o sumaria declaración” (Ej 2), o sea cortito y que enseñe (como las minifaldas), y además de mucho espacio, mucho tiempo y mucha tranquilidad, tenemos una hora de adoración diaria y la Eucaristía. Me sale decir “tenemos” porque aunque yo no estoy haciendo ejercicios, de alguna manera sí, estoy compartiendo la materia que me estudio antes de darla, craneando las notas que tomo para que me ayuden en la exposición y regresando a imágenes, elementos y pasajes bíblicos que me transportan a esa experiencia incomparable y crucial que fueron y son para mí los Ejercicios.

Pero donde realmente Dios “se me comunica abrazándome en su amor y alabanza” (Cfr. Ej 15) es en las entrevistas personales. Ahí las monjitas, sin saberlo, me dan ejercicios a mí, me enseñan que lo esencial no es el método,  sino que es “la realidad de vida en el ejercitante lo que determinará el uso del método. En esta capacidad de maravillarse ante las obras de Dios hará sus propios ejercicios el que los da. Su campo de contemplación es la historia misma que va sucediendo y que le comunica el que se ejercita”. Son palabras de Ignacio Iglesias, maestro de maestros, y ¡qué verdaderas!

En Kanatari ocurren muchas cosas asombrosas: el agua de la ducha está templada, hay galletas de chocolate para merendar y es el único lugar del mundo donde el interruptor de la luz de la habitación está… por fuera; en la noche se sueltan los perros bravos, de modo que o te espabilas y apagas o duermes con el foco prendido. Pero no es problema, porque se descansa a pierna suelta; y justo acá aprendí la palabra “shameco” (ver 10 de febrero de 2017).

Curiosamente uno se envuelve también en la atmósfera de calma y sosiego, y en los ratos que me deja esta chamba aprovecho para revisar mi proyecto personal, leo artículos y documentos que tenía pendientes y preparo otros retiros que me han pedido. Porque hay dos cosas que me gustan tanto como dar ejercicios: salir a las comunidades y crear ejercicios nuevos, inventarlos a partir del molde original ignaciano adaptándolos a quienes los van a vivir. Es algo inagotable, un manantial perenne y nuevo; Ignacio Iglesias dice que es “un “más” siempre pronto, que te llevará a dar Ejercicios cada vez, como si fuera la primera”. Por cierto, Kanatari significa “amanecer”.

Pensándolo bien, salir a las comunidades me gusta más 😉.

domingo, 28 de julio de 2019

YO ESTABA EN CADA UNA DE TUS CÉLULAS


Nunca había percibido el peligro acecharte tan de cerca.
Jamás había temido por tu vida.
Tú, la persona más mía sobre la faz de la tierra,
a quien pertenezco de la forma más íntima,
eterna
y total.

No sabía de qué modo mirar al cielo,
sobrecogido por la impotencia y abrumado por la lejanía.
Para templar esa angustia, alguien me dijo:
“Únete a ella, dale fuerza, está en cada una de tus células”.

Supe que era así.
Yo estoy siempre en cada una de tus células,
desde que me llevabas en tu vientre
y a través de todos los momentos y las edades de mi vida.
Prefería que, sea lo que fuere, me pasara a mí y no a ti,
aunque seguro que me reprenderías,
y esa sonrisa apenas apuntada ahuyentaba algo mi miedo.

Más tarde, convivir con tu debilidad…
Sentirte necesitada de mí,
de mi mera compañía y del poder sanador del amor en silencio.
Contemplar tus heridas,
poder tocarlas y limpiarlas como María las de Jesús…

Servir por amor no es una carga o una molestia;
es un privilegio.
Si nos lo impiden, algo se marchita en nuestra entraña.
Cuidarte precisamente a ti
es vivificante,
una categoría singular del gozo,
una suave exaltación.

Porque mientras tú vivas,
yo respiraré.
Contemplaremos juntos la inmensidad del Mar,
que en este día te ofrece
un tiempo nuevo,
una esperanza que se alza
con olor a sal y a promesa.

domingo, 21 de julio de 2019

"UN BAÑO EN 30 AÑOS Y 30 BAÑOS EN UN AÑO"



Fue el año pasado, justo cuando estábamos camino de Puerto Maldonado para el encuentro con el Papa. Gabriel Cruz me pasó unos whatsapps desde España preguntándome si tal vez tendría algún proyecto social para presentar en una convocatoria recién abierta. Precisamente la semana anterior, durante la visita a Buen Jardín, nos habían manifestado su necesidad imperiosa de ayuda para construir baños para la comunidad. Así que lo tuve clarísimo desde el primer momento.

Ya conté en otra entrada (ver 16 de febrero pasadoel por qué allí sufren particularmente a causa de esta carencia. De modo que rapidito les avisé, vinieron a Islandia y conversamos, prepararon un memorial firmado por los pobladores, pedimos un presupuesto inicial a un albañil para hacernos una idea de la cantidad, redacté, en Misión América de Madrid (¡gracias, Fernando!) armaron el proyecto adaptándolo a las bases del ayuntamiento en cuestión… y en una semana día y noche dejamos todo listo.

Luego la solicitud la denegaron por dos veces, pero entonces, durante las últimas vacaciones (ver 19 de octubre de 2018), surgió la posibilidad de que Mensajeros de la Paz financiase los sanitarios. El padre Ángel, con gran generosidad y pocas preguntas, concedió el apoyo. Ya había que esperar a que pasase la creciente del Amazonas para la construcción, así que primero la comunidad, en varias reuniones, decidió cómo iban a ser los baños (en vez de barracones de tres o cuatro, prefirieron un baño para cada casa); en enero hicimos el trato con el albañil, firmado por las autoridades de Buen Jardín y por él; en mayo se compraron los materiales en Iquitos, se enviaron por lancha y la Municipalidad los llevó a la comunidad; y entre el 4 de junio y el 10 de julio se realizó el trabajo.

La obra llevaba pocos días cuando pasamos por allí (ver 4 de julio pasado). Los vecinos estaban en la tarea de cavar los dos huecos necesarios para cada taza, que va colocada sobre una plataforma sostenida por una columna de dos metros y medio de altura para evitar la inundación anual. Me impresionó ver hasta a los niños colaborando. De hecho todo el mundo parecía muy ilusionado, como cumpliendo un sueño que no es más que una necesidad humana básica: disponer de un lugar adecuado donde desechar las deposiciones evitando enfermedades y preservando el pudor. Algo tan elemental para mí (que tengo baño en mi cuarto desde que era niño) es un auténtico lujo para esta gente.



Mis compañeras fueron a recibir la obra y a cosechar los correspondientes agradecimientos el otro día; enseguida me enviaron fotos y muchos abrazos de todos. Yo no pude estar y casi lo prefiero. Recuerdo que en la capacitación sobre el uso y limpieza de los baños, en la iglesia evangélica que nos prestan para las reuniones, el pastor dijo unas palabras como estas: “llevamos viviendo acá treinta años apenas con un baño en la escuela y gracias a este hombre en menos de un año vamos a tener treinta baños”. Bueno… no es exactamente así. Por supuesto que me siento muy satisfecho, hemos hecho una cosa muy buena, pero no la “he conseguido yo”, es un logro en colaboración desinteresada de un grupo de personas en el que yo tuve mi papel. Un rol bonito, como de nexo o puente, pero uno más.

Y sobre todo porque ellos se lo han currado. Han estado unidos, han discutido, han ido y venido, han llegado a acuerdos, se han movido, han pedido, han insistido… ¡Ole ahí! Así es como estos pueblos tan pobres van progresando en algo. Nosotros solamente les hemos puesto en contacto con quienes estaban en disposición de devolverles lo que en justicia desde siempre se les debía; ellos mismos han sabido solventar este derecho fundamental: manejar su 💩 de manera digna y saludable.


Encofrado


Fosa séptica







En algunas casas hay que caminar por una madera hasta llegar al wc

Así queda, y este hasta con el piso de mayólica
¡Gracias Mensajeros de la Paz! ¡Gracias padre Ángel! 

martes, 16 de julio de 2019

EL CARDENAL MÜLLER LADRA, LUEGO EL SÍNODO AMAZÓNICO CABALGA


Hace algunos días, el cardenal Gerhard Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, en una entrevista a la revista italiana La Nuova Bussola Quotidiana calificó el documento de trabajo del Sínodo para la Amazonía como “una herejía” que “viene de una visión ideológica que no tiene nada que ver con el catolicismo”. Si alguien no se lo cree, puede mirar la reseña aquí o aquípor ejemplo.

Lo digo porque yo lo tuve que leer dos veces para encajar una torpeza de tal calibre. A quien ha sido uno de los máximos dirigentes de la Iglesia en materia de ortodoxia se le ha de pedir al menos prudencia y honestidad intelectual. ¿Cómo es posible que el cardenal, que no es precisamente famoso por su conocimiento de la Amazonía, se atreva a airear una opinión tan desafortunada? Tal vez no ha leído con detenimiento el instrumentum laboris, y entonces agradecerá algunas precisiones.

En primer lugar conviene recordar que los responsables de este documento oficial no son cuatro amigos, sino el Consejo Presinodal, asesorado por expertos y compuesto fundamentalmente por obispos. El cardenal Claudio Hummes, el cardenal Peter Turckson, monseñor Roque Paloschi o monseñor Divasón no parecen demasiado sospechosos de herejía, y el cardenal Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, menos. Supongo que a "ellos" aludirá el cardenal Müller cuando dice que “el hereje conoce la doctrina católica y la contradice, pero aquí hay una gran confusión en la que el centro de todo no es Jesucristo sino ellos mismos, sus ideas humanas para salvar al mundo”.

Según el señor cardenal, “Debemos rechazar absolutamente expresiones como ´conversión ecológica´”, ya que “solo hay conversión al Señor, y como consecuencia también está el bien de la naturaleza”. El problema es que la noción de “conversión ecológica” es uno de los argumentos centrales de Laudato Si (cfr. LS 216-221); que es una encíclica, es decir, un documento del Magisterio ordinario de la Iglesia que los sacerdotes (y obispos) hemos prometido conocer, seguir y obedecer. Por otra parte, puedo recomendar, por ejemplo, el artículo de Emilio Chuvieco Salinero en la revista La Albolafia: “La conversión ecológica en `Laudato Si` y en la tradición cristiana”, que muestra con claridad que la conversión ecológica no se la ha sacado el Papa Francisco de la manga, sino que está muy arraigada en la historia de la espiritualidad (ver aquí). Yo tendría más cuidado en rechazarla “absolutamente”, no sea que me tilden de hereje.

Pero pasemos al documento. Por ejemplo: “127. La Iglesia se ha de encarnar en las culturas amazónicas que poseen un alto sentido de comunidad, igualdad y de solidaridad por lo que no se acepta el clericalismo en sus diversas formas de manifestarse. Los pueblos originarios poseen una rica tradición de organización social donde la autoridad es rotativa y con un profundo sentido de servicio. Desde esta experiencia de organización sería oportuno reconsiderar la idea de que el ejercicio de la jurisdicción (potestad de gobierno) ha de estar vinculado en todos los ámbitos (sacramental, judicial, administrativo) y de manera permanente al sacramento del orden”. ¿Se referirá a esto? Si es por lo del clericalismo, es una de las críticas recurrentes del Papa; si es por lo de la potestad de gobierno y el sacramento del orden, no se aprecian ataques frontales contra el núcleo de la fe, más bien hay la intención de abrir una reflexión con connotaciones sociológicas en línea de inculturación.

O quizás sea esto: “126.c) Las comunidades tienen dificultad para celebrar frecuentemente la Eucaristía por la falta de sacerdotes. “La Iglesia vive de la Eucaristía” y la Eucaristía edifica la Iglesia. Por ello se pide que, en vez de dejar a las comunidades sin Eucaristía, se cambien los criterios para seleccionar y preparar los ministros autorizados para celebrarla”. Claro que también: “129.2. Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana”. Incluso en ese mismo número 129, en el punto 3 se pide “Identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer, tomando en cuenta el papel central que hoy desempeñan en la Iglesia amazónica”.

Me figuro que por ahí irán las supuestas “herejías”. Me extraña y me entristece viniendo de alguien que ciertamente en su día acreditó inteligencia y capacidad; y al mismo tiempo me hace sonreír porque se trata de un miembro destacado de la oposición interna al Papa, que cada vez es menos disimulada. Dijo también que “el Sínodo de la Amazonia es un pretexto para cambiar la Iglesia, y el hecho de que se haga en Roma quiere enfatizar el comienzo de una nueva Iglesia”. Además de recomendarle leer el instrumentum laboris con buenos ojos, me atrevería a recordarle al cardenal Müller que efectivamente la Iglesia es semper reformanda, siempre está necesitada de cambios y reformas, y en todo momento ha de estar buscando nuevos caminos. No hacen falta pretextos ni hay que tener miedo a eso.

Escribo esto como un humilde misionero que suda sentado bajo una palmera de wasaí, en el corazón de la selva peruana. Desde acá se ven las cosas muy distintas, señor cardenal. Tenemos puestas muchas esperanzas en este Sínodo, porque palpamos a diario que la Iglesia necesita evolucionar para ser más amazónica e indígena, como pidió el Papa en Puerto Maldonado. Por favor, procure no olvidar que gran parte de lo cristalizado en el instrumentum laboris procede de las aportaciones que hemos hecho desde abajo, con la gente de a pie de estas tierras. Le aconsejo con cariño que sea delicado y no lo desprecie tan alegremente; respételo, estúdielo y dialóguelo cuando llegue el momento, pero con discreción y altura evangélica de miras. Sus ladridos intempestivos e innecesarios, que pretenden ensuciar, por el contrario hacen pensar que el Sínodo va en buena dirección. Pero no necesitamos carnaza periodística, sino debates eclesiológicos abiertos y valientes, y gente fiel a la Iglesia que quiera sumar. Incluido usted.

El instrumentum laboris del Sínodo de la Amazonía se puede encontrar en http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/documentos/instrumentum-laboris-del-sinodo-para-la-amazonia.html 

miércoles, 10 de julio de 2019

CEFAC


En el encuentro vicarial de formación de animadores pasé en un año de estar mudo para escuchar, aprender y absorber como una esponja, a asumir el rol de coordinador general. En el Vicariato somos tan pocos misioneros que esto es así. Y de hecho en 2018 pagué la novatada y ocurrió algún que otro desastre organizativo, pero salió razonablemente bien. Esta vez, con fecha nueva a finales de junio, ya venía yo más armado y previsor.


Todo resultó genial gracias a un equipo excelente de compañer@s misioner@s que se lo han currado con los temas y talleres, el acompañamiento de los grupos, la organización de la comida y la economía, el cuidado de la liturgia, la secretaría, los cantos y dinámicas… ¡todo! Además del equipo de Indiana, que cargó con todito lo referente a logística, ambientación, limpieza y preparación de la casa para acoger a más de 80 personas. Con ellos resulta sencillo sacar adelante el evento.

La relación sencilla y cercana con los animadores hacen que el CEFAC sea una experiencia linda. Los pequeños detalles, las bromas, las chapas y las anécdotas graciosas le dan un tono distendido y permiten afrontar a veces jornadas casi enteras de trabajo. Es un gusto formar parte de esta familia, donde ya soy conocido, y tener tanta confianza como para a veces enfadarme y luego pedir disculpas. Como veo que me es difícil concentrar estos días en palabras, elegiré algunas imágenes:

El núcleo del encuentro son los contenidos, que intentamos abordar sin "dar charlas", con metodologías activas y participativas. Este año hemos trabajado la interculturalidad, la iglesia sinodal y laical, los derechos humanos y los tiempos litúrgicos.

Las reuniones de grupo, los papelotes, los "dramas", las canciones... son los medios dinámicos para ir comprendiendo y aprendiendo juntos.

Este año queríamos darle calidad e identidad amazónica a las celebraciones y oraciones, y disfrutamos de significativos gestos, símbolos y decoración en línea con el proceso de ir siendo una iglesia cada vez más indígena.


Siempre hay un cronista, el p. Francisco Miranda de Santa Clotilde, que va dibujando en papelotes los sucesos chistosos, las bromas y los chascarrillos del encuentro. José Paredes, de Yanashi, se equivocó leyendo el lema del Vicariato, la carcajada fue general y el pitorreo se trasladó a la entrada de la maloka, como vemos.
A mí me retrata completamente pelacho siempre diciendo algo. Esta vez, cuando algún misionero chivaba alguna respuesta a un grupo, yo decía: "¡trampa!". Ya esa tontería se viralizó y a cada rato la gente estaba: "¡trampa!". En la Eucaristía final lo repetí en la homilía y el personal se escachurraba de risa.


Todos los años hay un día de retiro, para profundizar el tema de la vocación del animador. Mientras llegaban Manolo y Miguel Ángel, los encargados, yo ayudé al grupo a ponerse en sintonía y entrar en el silencio. El retiro acabó a las 2 de la tarde, hora en que empezaba el partido Perú-Uruguay, que vimos todos.


Los animadores, responsables de sus comunidades, son la clave de nuestra iglesia en formación, apenas naciente. A ellos hay que consagrar entusiasmo, proyectos, plata, ideas... y mucho cariño.

Este año cayó el 28 de junio, día del animador, dentro del encuentro. En la celebración, uno de ellos agradeció al p. Yvan porque "siempre ha estado con nosotros". Ojalá dentro de muchos años puedan decir lo mismo de mí. Nada me haría sentir más orgulloso.

jueves, 4 de julio de 2019

VOLANDO POR ENTRE LA SELVA


En la quebrada Callarú el agua es tan oscura y tan quieta que se comporta como un perfecto espejo natural. Al mirar al frente sentado en el bote tienes la sensación de estar volando, navegando por el aire en mitad de la selva porque los árboles se reflejan en la superficie del río, duplicándose como si estuviéramos dentro de un gigantesco caleidoscopio. Es un espectáculo.

Este reciente recorrido, breve pero completo, ha estado sembrado de sonrisas de niños, planes cambiados, conversaciones y presencia, quizá lo más valioso pero aparentemente “inútil”; un llegar, estar y compartir gratuito, que siempre me deja el regusto de ser insuficiente. Ponerse en camino cuesta y cansa, pero a la hora de despedirnos me hubiera encantado quedarme más tiempo…

En Buen Jardín están liados con la construcción de los baños que Mensajeros de la Paz les ha financiado, de modo que pateamos el pueblo entero mirando todos los huecos para las plataformas y las fosas sépticas que la gente está cavando como aportación de la comunidad. Hay hasta niños ayudando, metidos en el agujero y cubiertos con un plástico para que el sol no les sancoche. Por la noche nos prestan la iglesia evangélica (¡!) y tenemos una capacitación sobre el correcto uso, cuidado y mantenimiento de los baños, su limpieza, etc. Ya contaré la historia completa cuando se terminen.

Planeamos entre los shungos de wasaí y avanzamos hasta Erené. Nada más llegar nos enteramos de que la señora María ha fallecido repentinamente de un derrame cerebral. La llevaron a Tabatinga pero ya no se pudo hacer nada por ella. María y su esposo Nicolás, que ya tienen hijos mayores viviendo lejos, adoptaron a Milagros, una bebita que les dieron recién nacida porque nació malita y su mamá era una chivola que ni podía ni quería quedarse con ella. Milagros tendrá ahora 7 u 8 años, y secuelas de sufrimiento fetal que le duran toda la vida: no habla, se mueve con dificultad y hace poco aprendió a caminar. Una historia bien triste.

En Erené no hemos logrado todavía casi nada, y de hecho este probablemente será el último intento. Pero, para nuestra sorpresa, acude un buen número de personas al encuentro en el colegio. Lo que se ventila es la posibilidad de que la comunidad solicite un botiquín, de modo que, como en otros lugares, explicamos en qué consiste, cómo se debe manejar, etc. Cae una bruta lluvia durante la reunión, de modo que hay que regresar a la casa donde dormimos a pata cala, con los pies en el barro. Merece la pena mancharse un poco si es para que la gente viva mejor.

La siguiente etapa de la caleidoscópica travesía es la ribera del Amazonas, Puerto Alegría. Lo que estaba inundado el Jueves Santo ahora es una amplia y linda playa. Mientras me baño dando unas brazadas llega un bote y con él el jaleo: traen unos bakús, tremendos pescados de alrededor de 15 kilos. Se venden al toque por 15 reales, y nos los ponen para almorzar. ¡Rico! Luego aparecen más de 50 niños: los del grupo de primera comunión serios, con sus libros y cuadernos, tienen una sesión con su catequista Yanina y la hermana Ivanês; los otros, más jaraneros, colorean, cantan y aprenden el padrenuestro con la hermana Dorinha. Y al final, chupetes para todos. Y para mí también, eh.

El motor de luz concede la posibilidad de hacer cosas por la noche y retrasar la hora de dormir. Un joven lee, otro niño estudia, y algunos conversamos tranquilos. Me preguntan por España y les cuento que no es el paraíso, la plata no brota de los árboles y la vida es dura también. “¿Tú ves por allí a Messi?”. Me hace risa cuando la gasolina se gasta y me meto en mi carpa. Y todavía me río más al acordarme de que, en la tarde, una niña chica que caminaba cogida de mi mano, me dijo: “César, te estabas peyendo”. Jeje. Natural como la vida misma.

jueves, 27 de junio de 2019

ME TOCA COCINAR


Cuando llegué a Islandia hace algo más de dos años, mis compañeras, que me ganaban por un par de meses, me preguntaron si yo quería entrar en el turno de cocina. Les dije que “sí, pero entonces se tienen ustedes que comer lo que yo prepare sin reclamar”. Y así, por necesidad, fue como empezó mi aprendizaje amazónico de cocinillas novato pero voluntarioso.

No es que estuviera en blanco, porque diez años viviendo solo en los pueblos te espabilan, pero mi mamá siempre me congelaba muchas delicias de las suyas: paella de garbanzos, caldo, canelones, judías con chorizo, etc. ; de manera que entre esas ayudas y los días que almorzaba con mis compañeros, me las apañaba la mar de bien. Puede decirse que superaba las primeras pantallas o el nivel principiante: pasar carne o lomos de salmón, huevos fritos, garbanzos guisados, tortilla, verduras rehogadas, lentejas y demás cosas rápidas y simples.

Pero esta vez se trataba de armar la comida para seis personas: harina de otro costal. Desde el principio me di cuenta que ellas sacaban siempre cuatro platos: ensalada, arroz, frejol (como buenas brasileras) y una carne o pescado. De modo que me armé de valor y me puse a ello. La tarea comienza poniendo el desayuno: ir a buscar pan, hacer el café, sancochar maduros, cortar papaya. Recién terminamos de desayunar y la emprendo con el almuerzo: me paso la mañana entera en la cocina. Esta gente se burla un poco de lo lento que soy pero es lo que hay.

Primero hay que salir a comprar los ingredientes necesarios: verduras, pollo, carne de res o pescado si se encuentra. Me coloco el delantal (que también soy el único que lo usa) y al lío. Mi Tita me pasa recetas por whatsapp, y yo voy trabajando y de vez en cuando le pregunto dudas, que ella me resuelve. “¿El sofrito tiene que estar muy rendido o poco?”; “¿cuánto vino blanco le echo a la carne antes de cocerla?”, etc. Menos mal que está ella, pero a veces la señal se vuelve chueca y hay que sobrevivir como se pueda guiándose por la propia intuición.

Es la primera vez que siento la responsabilidad de alimentar con calidad a una familia entera… no puedes hacer cualquier cosa para salir del paso (mami, ahora te comprendo, ¡que estrés!). De modo que, entre la inexperiencia, los experimentos y mi lentitud, muchos días la cocina es una carrera contra el reloj, como en Masterchef. Y un agobio cuando unos frejoles no se cuecen, algo se quema, el pescado no sabe a nada por más sal que le pones o estos filetes siguen durillos tras varias vueltas por la olla a presión… y solo queda una hora para mediodía.

Yo cocino más platillos españoles y menos arroz (con el que tengo mis desencuentros), así que observo si mis compañeras arrugan la nariz y también aprecio la cantidad de alabanzas (por supuesto jamás dirán que no les gusta) para saber si algo ha triunfado o bien es mejor darle unas vacaciones, como a mi corbata amarilla con dibujos de rinocerontes. Tenemos paladares diferentes, pero procuro arreglar cosas que les sepan ricas. Los mayores éxitos: tortilla de papas, ternera estofada con yuca, pollo al limón, carne con tomate y pescado al horno. En cambio el salmorejo mejor lo dejamos para otro año.

Debo decir que me encanta hacer de chef, sobre todo cuando tengo tiempo. Supongo que viene un poco de mi carrera (química), en la que te tiras días y semanas en el laboratorio mezclando, calentando, adicionando, colando y pesando. Cocinar es una experiencia muy bonita, que me iguala con tantas personas normales y me hace sentirme tan satisfecho como cuando me sale una bonita homilía o una reunión con los jóvenes resulta redonda. Todavía no me he atrevido con la huangana, el majás, la carachupa, el sajino o el pirarucú, pero que tiemblen los de las estrellas Michelín.


viernes, 21 de junio de 2019

NARCO-BAUTIZO


Después de año y medio de preparación y varias visitas, tocaba Bautismo en la zona roja. Y tenía que ser sí o sí en estas fechas de mediados de junio, porque dentro de un par de semanas -como mucho- el nivel del río bajará tanto que ya no se podrá entrar en esas quebradas situadas a un par de horas de la boca del Yavarí. De modo que programamos un sábado ida y vuelta el mismo día, cosa rara por estos pagos.

Se puede hacer en Mendoza con el carro o la moto, pero acá solo es posible si viene a recogernos un fórmula 1 del río, una chalupa de aluminio de 10 metros con un motor de 150 CV, ¡wow! Como una bala surcamos hasta adentrarnos en ese laberinto de aguas negras, escondite habitual de los cocaleros (ver "Zona roja" - 25 de enero de 2019) hasta la comunidad de San Mateo. El que nos llevó en su Ferrari era “el padrino” de uno de los bautizandos, y lo pongo entre comillas porque su pinta era como la de esos matones de las pelis mafiosas de Marlon Brando pero en versión selvática.

Como era previsible, nada más llegar nos invitaron a gaseosa a pesar de que eran apenas las 9:30 de la mañana. La escuelita del pueblo estaba limpia y ordenada, y solo hubo que alistar los aperos propios de la ceremonia: bandeja con agua, toalla, óleos. Los invitados fueron acudiendo, aparecieron un par de trajes de mini-novia, marinero y princesita, a juego con la decoración a base de globos de colores y banderines de feria. Y claro, la guitarra, porque a esta peña lo que más le gusta del mundo es cantar. De modo que me tocó de nuevo hacer de hombre-orquesta.

Durante el momento de la foto de familia me sentí como en una de esas fiestas de don Corleone, aunque esta vez no se veían cacerolas cociendo pasta básica ni armas. ¿Qué le puedes decir a esta gente, toditos involucrados en el raspado de coca y algunos seguro que en el tráfico? Pues… que se tomen el Bautismo en serio, que sean honestos y se porten bien con los demás, etc. No se puede estar constantemente condenando a campesinos que ven en ese negocio una solución fácil para sus economías precarias.

A todos nos invitaron a arroz con gallina, que estaba buenazo y que disfrutamos bajo una lluvia torrencial. Y con gaseosa, claro. Un poco más tarde jugaba el Perú, así que nos quedamos a verlo. Uno de los papás se acercó a mí a preguntarme: “Padre, ¿podemos tomar una cervecita?”. “Claro” – le dije, “yo también voy a tomar”. Si hubiera dicho que no, estoy seguro de que no habría asomado ni una botella; es curioso el respeto –lindando con el candor- del personal.

Se pueden figurar el cuadro: todos los del bautizo siguiendo el partido por la tele, animando y riendo, y las chelas circulando. Digno de un día de picnic en una hacienda colombiana de la serie de Pablo Escobar: los jefes, los amigos, las mujeres y los niños de todos, los guardaespaldas… jaja. Hasta los abuelos: el patriarca, que es la única persona de la cuenca del Yavarí que se confiesa, y la “Morena” que estaba cocinando y ni siquiera asistió a la misa.

Cuando llegó la hora, y aunque el chofer creo que estaba un poco pasado de rosca (menos mal que por el río no hay Guardia Civil), emprendimos el regreso. Otro chubasco nos persiguió y tuvimos que detenernos en un recreo que hay por el camino, un albergue turístico muy lindo donde la dueña, la señora María Elena, nos invitó a un rico café brasilero. Ella también había sido madrina en la mañana. Al ratito, casi al caer de la tarde, estábamos de nuevo en Islandia sanos y salvos. Una jornada sencilla pero plena.

sábado, 15 de junio de 2019

YANASHI


Allí no se llega por casualidad, porque no está en el Amazonas grande: hay que entrar a una quebrada una hora río arriba desde Pebas y, después de un rato de navegación, aparece este centro poblado, sede de uno de los puestos de misión de nuestro Vicariato. Era la primera vez que iba, y también para apoyar el encuentro local de animadores de comunidades.

Sobre la fachada de la iglesia, un rótulo: “50 años compartiendo el Evangelio. 1964-2014”. Es pues una presencia con solera y trayectoria, fundada en la primera época de los misioneros canadienses, las ursulinas y los franciscanos. Como además no se ven demasiadas sectas ni hay israelitas por allí, podría decirse que es lo más parecido a una pequeña “cristiandad amazónica”: la Iglesia católica tiene una posición de predominio en la población y su entorno.

Se intuye al conocer el colegio de las religiosas, imponente y prestigioso, bien implementado y con alumnos de todo el distrito. Cuando paseo por aulas y patios, varias personas me preguntan si “vienes a reemplazar al padre Rafa, ¿verdad?” (Rafa fue trasladado en febrero). Allí mismo y por la calle, caminando por la vereda, los vecinos me saludan y me llaman “padre” con naturalidad y costumbre, nada que ver con Islandia, donde el sacerdote es una cusiosidad o una anomalía que la gente no descrifra.

La inundación en Yanashi es anual y dura dos o tres meses, todas las casas tienen su marca del nivel que este año alcanzó el agua y durante el tiempo de crecida hay que desplazarse por el pueblo en canoa. La iglesia se halaga (como se ve en la foto) y también la plaza de armas, la larga calle junto a la quebrada y muchos edificios. Las actividades pastorales deben retrasar su inicio hasta finales de mayo. Pero todos dicen que ya están acostumbrados (qué remedio).

El encuentro de animadores tuvo representación de unas 30 comunidades, aproximadamente la mitad de las que pertenecen a esta parroquia. Los había veteranos, como en San Pablo, pero también participaron ocho o nueve jóvenes de Huanta, un grupo muy majo, se están preparando para ser catequistas. Una esperanza en esta época de bajada de la animación de las pequeñas comunidades por falta de reemplazo de los responsables clásicos, la crisis de la Iglesia en su versión selvática.

Apenas estuve en Yanashi dos días y medio, pero en ese poco tiempo llegaron a “casa del padre” varias personas. Algunos con problemas económicos; otros a pedir consejo ante una situación difícil; el alcalde a llevarme para bendecir una obra que iban a inaugurar (me tuve que cambiar de ropa e irme al toque, ya estaba la gente esperando…); y también hubo quien sencillamente quería conversar. Hay acá muy buenos laicos, gente de gran calidad humana y formación, acostumbrados a la responsabilidad, con recorrido, curtidos en mil batallas… Emérita, José, Juan Pablo, Mauro, Tania, Jarve… han visto pasar a muchos misioneros y ellos quedan, fieles e incombustibles.

El domingo me encontré con la iglesia, grandaza, casi llena. Reflexionamos y celebramos el mandamiento principal, había guitarra y bombo, animador y lectores, pero la colecta apenas alcanzó los 20 soles, una miseria. Al final de la misa les dije unas palabras; primero que estoy seguro de que Monseñor Javier les enviará otro presbítero en cuanto tenga oportunidad (aplausos); y segundo que, ya que se da la circunstancia de que no hay más misioneros extranjeros en Yanashi (las ursulinas actuales son todas peruanas, dispuestas, activas, serviciales y un encanto), es urgente ponerse las pilas y concienciarse de que la parroquia hay que mantenerla entre todos. Antes los padres tenían plata y ellos se encargaban de los gastos, además de darle a la gente; ahora es otro momento y se necesita que todos colaboremos, es nuestra iglesia y nuestra pastoral (aquí no hubo tantos aplausos).

La verdad, me encantó Yanashi, le veo bonitas posibilidades. Si alguna vez me toca, iré con mucho gusto. De todo el Vicariato ya solo me queda un puesto de misión por conocer: Soplín Vargas, en el Putumayo. Y pienso ir más pronto que tarde.

domingo, 9 de junio de 2019

MOCOS EN LA QUEBRADA


Hacía tiempo que no me ponía malito en pleno recorrido, desde la época del resbalón en la montaña de Mendoza, creo recordar. Ha habido algún episodio suelto de dolor de cabeza o algo de fiebre pasajera, pero nada que me impidiera misionear con normalidad. Hasta la otra semana en el país de los Ticuna: vaya gripa inoportuna y pestosa.

Acá se llama indistintamente “gripe” o “gripa” a los catarros fuertes de nariz, infecciones de garganta o de las vías respiratorias. Todo empezó con dolor al tragar; “ya me he enfriado en el bote que me ha traído de Yanashi” – pensé sin darle más importancia. Pero al despertar en Yahuma primera zona me dolía mi cuerpito, de modo que empecé con los paracetamoles que siempre llevo conmigo. Sin mucho resultado.

La segunda noche transcurrió entre estornudos y mocos. La tercera ya no dormí nada, sin poder respirar. Pasé los días en Barranco y en San Francisco con el cuerpo destemplado, variando de ardiente a frío, sudando a mares y gastando rollos enteros de papel sonándome la nariz. Por las tardes, cuando el sol golpeaba sin piedad, era como si me atropellase “La Gran Loretana”: no tenía fuerzas ni para moverme. Qué feo.

Solo quería meterme en la cama. Pero no había cama, ni ningún sitio para descansar. Uno de los días armé mi carpa a las 11 de la mañana y me tumbé ya en el colchón. Sin ganas de comer, nomás que me dejasen ahí quieto. El calorón húmedo de la selva cuando estás febril todavía te aplasta más. No hay posta, el médico más cercano está a 7 horas, no está mamá para que me prepare leche con miel y limón; no hay leche, ni miel, ni limón. Ay. Ajó mi niño, ajó.

Jejeje. En días de esos, meto la cabeza dentro del casco, como los motelos*, no digo ni mu y que me dejen tranquilo. Menos mal que mis compañeras ya me conocen, y Emilia no se asusta incluso cuando ni galletas y capuchino quiero comer,  síntoma verdaderamente grave. Aun así te las apañas y sobrevives. A base de tomar bastante agua y agotar las reservas de ibuprofenos itinerantes. Y hay que estar en las reuniones con la gente, celebrar la misa cuando toca, dar una charla… Porque son dos o -como mucho- tres visitas al año a cada comunidad: ¿cómo no vas a aprovechar ya que estás ahí? La final de la champions sales a jugar cojo si es preciso.


En fin. Que se pasa regular na más. Pero calamidades aparte, resultó una visita muy interesante. En todos los lugares hubo buena participación de niños y mayores. La profe de Yahuma I iba traduciendo con mucha eficacia mientras pasaban las diapositivas del tema “Los derechos colectivos de los indígenas”. En Yahuma II los niños que se preparan a la primera comunión se ven muy interesados y atentos; en la próxima visita ya van a recibir la Eucaristía junto con los adultos que lo deseen. Y un poco más abajo, en San Francisco de Yahuma, hubo que dar varias vueltas para lograr conectar el motor de luz, colocar un foco (bueno, dos, porque el primero explotó) y finalmente cambiar el grupo por otro porque no lograba sostener la potencia del proyector.

El encuentro demoró en comenzar, las bocas se abrían, los niños se tumbaban de sueño en el piso. Al despedirnos, me preguntaba: “¿se habrán enterado de algo?”. No lo sabemos. “¿Servirá de algo esta paliza?”. La aceptamos como parte de la misión, está en el contrato: “Trabajos y agotamiento, con noches sin dormir, con hambre y sed, con muchos días sin comer, con frío y sin abrigo” (2 Cor 11, 27). Y hay que creer que tiene sentido y dará fruto, aunque lo vean otros dentro de 20 años.

A la mañana siguiente llovía a cántaros y quedaban un par de lugares más por los que dar una pasadita, pero yo les dije a mis compañeras: “Si ustedes quieren ir, adelante. Pero a mí me dejan primero en los rápidos de Tabatinga, que yo me voy pa casa”.

* Gran tortuga terrestre amazónica de patas amarillas

martes, 4 de junio de 2019

ECOS


Hoy toca una publi. Mi compañera de la Escuela de Ejercicios de Salamanca Rosa Ruiz y la también claretiana Consuelo Ferrus (a quien conocí en Zafra), me ficharon hace algún tiempo para colaborar en la página “Acompasando”, que gestionan ellas junto con un grupo de laicos claretianos. La recomiendo: https://www.acompasando.org/.

La web, que es muy completa y de gran calidad, tiene una sección llamada “Eco diario de la Palabra”, que presenta las lecturas de cada día junto con un breve comentario (“Queremos transmitir vida acompasada con el Evangelio siempre desde y para la práctica”, me escribieron) que enviamos por semanas un grupo de personas, y entre ellos yo, bloguero aficionado y pichiruchi.

Acá va un eco de esta semana. Todavía estoy esperando que Rosa me regale un icono de la Santísima Trinidad de los que ella pinta. Con razón la apodamos “el enemigo de natura humana”.
Espero que os guste.


REELECCIÓN

Viernes 7 junio 2019  
Juan 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

Es por la mañana a orillas del lago. Los pescadores están cansados, pues después de una noche de brega no han cogido nada. El vacío de Pedro es interior, su decepción y el sabor amargo del fracaso: ha traicionado a Jesús, ha dicho que no le conocía. Por miedo: “No tengo nada que ver con ese hombre”. Ha fallado en la misión de ser la referencia de sus hermanos, el vínculo de unión.

Miro mis fracasos, mi esterilidad, mis pasos errados

Jesús solo le pregunta a Pedro si lo ama. Donde tres veces dijo “no”, ahora dice “sí”.

Tú me conoces mejor que yo; sabes de mis caídas, de mi debilidad y la pequeñez de mi corazón. Ya has comprobado lo incapaz y cobarde que puedo llegar a ser. Pero también sabes que te quiero tanto como mi corazón puede amar.

“¿Me amas?... Sígueme”. Jesús encarga a Pedro la misma misión donde ya fracasó: “Apacienta mis ovejas”. Le renueva su confianza.

A pesar de que he demostrado tantas veces “que no valgo”, tú me vuelves a elegir de nuevo, crees en mis posibilidades, para ti soy precios@ y lo seré siempre.


César L. Caro
kpayo.blogspot.com

jueves, 30 de mayo de 2019

49ER


Me apetece escribir apenas unas horas después de haber sufrido en la oscuridad de la noche un seísmo de magnitud 8. Agradezco y valoro aún más las felicitaciones y saludos que recibiré por mi cumpleaños después de un minuto y medio aterrador… Casi da vértigo pensar la cantidad de personas que se sienten, de una u otra forma, parte de mi vida. Que, como toda vida, es frágil, precaria y provisional.

Es cierto que 49 años no es poco. Cada vez que regreso de un recorrido por el río veo menos pelos en mi cabeza y más canas en mi barba, como en un misterioso proceso combinado de transmigración y blanqueo. El tiempo que llevo conmigo mismo me sirve de disco duro de conocimiento personal y biblioteca de experiencias; ni siquiera era el primer terremoto, ya pasé por eso (ver "Qué noche la de aquel día" – 14 de septiembre de 2016) y con ese recuerdo me balanceaba junto con la casa y el puente, en una extraña mezcla de certeza y miedo.

Ya sabemos, más o menos, de qué va esto de vivir. Soy más consciente pero no estoy cansado. Vamos por la mitad y reconocemos las señales, pero eso no liquida la sorpresa. Las cosas que deseaba, tamizadas por la raíz cuadrada del realismo, creo que me las han regalado y/o las he logrado, y al mismo tiempo me doy cuenta de que a esta edad transitamos por un pico de capacidades, rendimiento y posibilidades de mejora y progresión. Como una embarcación a vela clase 49er.

“Diseñado en 1995, el 49er es un skiff de alto rendimiento y doble trapecio que fue introducido en los Juegos de Sydney 2000. De 4,99 metros de eslora y 125 kg. Tiene una vela mayor, un foque y un spinnaker asimétrico. Los dos tripulantes gobiernan y estabilizan la nave desde los trapecios y ambos controlan las velas. El barco tiene además alas y botalón retráctiles. La alta velocidad le da espectacularidad a las competiciones dónde no es raro verlo volcar cuando sube el viento”.

Los de 1970 somos todavía ligeros y veloces (los hay que corren hasta medias maratones), sabemos cuándo sacar el spinnaker y cómo enfrentar el oleaje contrario. Combinamos agilidad y entereza, y ya nos hemos volcado tantas veces por los fuertes vientos que hemos convertido la necesidad de levantarnos en un arte más que en una virtud. No necesitamos ganar la medalla de oro porque nos estimula la aventura de competir, que es siempre una oportunidad efímera y gloriosa en sí misma.

A esta altura de los cuarentaytantos, confiamos en nuestras posibilidades y tenemos nuestro público. Hemos aceptado las carreras perdidas y nos hemos reconciliado con nuestras cicatrices. Somos espectaculares. Con cantidad que aportar y más que aprender. Así amanezco hoy: contento en mi velero y con todas las ilusiones desplegadas. Como alguien me escribió: “el epicentro de tu corazón sigue vivo”.

Gracias por haber compartido algún trecho del camino o de la navegación. Porque siempre hay dos tripulantes en esta singladura: tú y yo. Esta chalupa olímpica no la puede manejar uno solito, todo se tambalea pavorosamente, cada diez minutos la tierra se hunde y las seguridades amenazan con derrumbarse. Hace falta tu mano para estabilizar. Gracias.

A ver qué pasa hoy. ¿Habrá torta? Espero que sea de chocolate. Y regalos. Mejor que bailar, porque, como les dije el domingo a los de la misa, yo solamente bailo casi cuando hay temblor.