jueves, 19 de enero de 2017

IMPACTOS DE UN ADIÓS


En una parroquia con 100 pueblos las despedidas pueden durar un poco. La primera fue el 17 de diciembre, hace un mes, a los agentes de pastoral en el cursillo de final de año. Luego, en las eucaristías de Navidad, allá por donde he ido, fue inevitable decir adiós. Y esta semana estoy afrontando las celebraciones oficiales, que he logrado dejar reducidas a 8...

Continúan sorprendiéndome muchas cosas, y supongo que así será hasta el día en que me muera o me marche del Perú. La mayor de todas es la expresividad de la gente, cómo se echan a llorar al toque en cuanto empiezas a decir algo: hombres hechos y derechos, viejitas, mujeres adultas, niños... Son desbordados por la pura emoción, no pueden dominarse, es increíble. La cara de Nely en esta foto lo dice todo, lao.

Adly, que tiene doce años, me hizo esta pregunta con los ojos también hinchados a causa de las lágrimas: "¿Por qué todo es pasajero?". Le doy vueltas a eso estos días; son muchos traslados, siempre con las maletas a cuestas, desconociendo raíces, comenzando de cero a cada trecho del camino. ¿Alguna vez encontraré donde enterrar la quishibra (pestaña), donde establecer mis huesos y quedarme?

Doña Anita preparando cuy el día de los agentes de pastoral
A pesar de que he estado poco tiempo acá, ha llegado "el día de los elogios", que es tan aterrador como estimulante si no dejas que se te suban los humos (ya hablamos de ello en "Ponderación del elogio", 11 de mayo de 2014). Me han impresionado especialmente algunos piropos: "Dios está en ti"; "Eres un gran hombre"; y sobre todo, "Gracias por tus enseñanzas". Varias personas me ha pedido una copia de la homilía de despedida, que pondré acá en las próximas entradas. Los de Santa Rosa dicen que la van a escribir en la pared de la iglesia... Por supuesto que todo está desorbitado por el cariño y por la tensión del momento, y hay que hacerle la raíz cuadrada, pero no deja de ser lindo.

El reconocimiento tiene sus rituales y su gramática. Siempre hay programa, es decir, una veladita con bailes, vestimentas, música y chistes. En él se entrega un regalo; hasta ahora una alforja huachacha con "JEC Rodríguez de Mendoza" bordado, una bandolera, un polo, unos shorts... Durante el brindis (con vino dulce o cóctel) se suceden los inevitables discursos, en ocasiones un tanto abrumadores por exagerados y repetitivos. Y si hay plato de comida, debe de ser, por descontado, cuy.

He de contar también que, en estos momentos finales, aflora ese rescoldo de racismo que anida en lo más profundo: los españoles y los peruanos. "Ya se van los españoles", "Los españoles siempre han hecho lo que han querido", etc. Está ahí, hay que aceptarlo y cargar con ello. Pero no puede competir con la cola que se forma al final de la Eucaristía para que toditas las personas vengan a abrazarte, desearte buen viaje y siempre siempre darte las gracias. Es un momento primoroso.

De izquierda a derecha: Nicol, la gelatina y Adly
Sí que le contesté a Adly. Lo que me salió fue: "No todo es pasajero. El amor es definitivo cuando es verdadero. Porque el amor es Dios". Está visto que ese es el único territorio donde invertir mi corazón y sepultar mis pestañas. O sumergirlas en las aguas del Amazonas a partir de febrero. Pero antes, mis palabras de partida.

Mis gatos Fastidia (atrás) y Pixi

sábado, 14 de enero de 2017

APRENDIENDO A COMER PIPAS


Una bolsa de frutos secos españoles apareció en medio de las gaseosas. A esas alturas de día, después de la visita al museo de Leymebamba, partido, almuerzo, siesta, voley, baño, cena y misa estábamos todos bastante reventaos, niños y mayores. Pero había kikos, cacahuetes y pipas (o sea maíz, maní y chiclayos), y claro, cómo los íbamos a dejar ahí, con lo completa que había sido la segunda jornada de paseo-excursión con la patrulla de la Aldea Infantil de Mendoza.

¡Y qué paseo madre! A todos los que habéis colaborado, los niños os lo agradecen de todo corazón. Y yo especialmente a Mamen, Inma y Lorena que lo han hecho posible, porque ha merecido la pena. Hace un momento he estado en la Aldea, el personal en pijama ya a punto de irse a la cama, y toditos siguen emocionados, lo han pasado de rechupete, han disfrutado como nunca. ¡Gracias!

No todos los días se visita la impresionante fortaleza de Kuelap, aunque caiga una lluvia helada a 3000 metros de altura. Teníais que ver las caras que ponían cuando les explicaba el batán de los chachapoyas, las cuyeras, el templo... ¡y los muertos enterrados en el muro! Jaja, qué bárbaro. Y qué viaje en bus, que curvas, qué abismos y qué carcajadas. Junto con un montón de guarradas que hemos comido a todas horas: gelatina, galletas, tortas, caramelos, maní confitado...

En el Hogar "Santa Ana" de Leymebamba hemos pasado las dos noches, muchos en colchones en el piso, gozando de lo divertido que es dormir fuera de casa, envueltos en risas, con colas en los baños y juerga por todas partes. ¿Y la comida? ¡En el restaurante que está en la casa del catequista! Nos han tratado de maravilla, a pesar de que invadíamos los lugares por donde íbamos: la pampa de Dos de Mayo, la plaza, el coliseo deportivo... y el museo. Se quedaron pasmados viendo a las momias, y yo guardaré como un tesoro esas expresiones de asombro... Sí, ¡ha merecido la pena!

Se trataba de eso: de que los niños de la Aldea sean niños, hagan las cosas que hacen los niños y puedan hacer un viaje en vacaciones, como tantos chicos de su edad. Que no estén encerrados todo el día y todos los días, sino que se lo pasen pipa haciendo turismo, visitando lugares bonitos y conociendo las pequeñas maravillas de nuestra región. Muchos comentaban: "Podré contar que estuve en Leymebamba, en Kuelap, en Tingo, en Chachapoyas".

Convivir todo el día con los niños es una experiencia única. Hay momentos en que te agotan, sobre todo si se te van pegando uno tras otro estrujándote, sobándote hasta que se forma una pelota de gente que no te deja ni respirar; y al mismo tiempo descubres lo bien educados que están, cómo los más mayores cuidan de los pequeños, lo disciplinados que son para comer (no hay una queja, no queda nada en los platos), cómo obedecen... y cómo agradecen. Eso es maravilloso. Les dedicas una sonrisa, una caricia o un abrazo y te recompensan con una oleada de cariño que te hace flotar. Por lo menos a mí.

Claribel con sus catorce años te expresa sus trumas, Evelin te cuenta de sus enamorados, Jesús habla de fútbol, Sherlyta se te sube a las rodillas, Ángel te llama papi y que lo marques, Joquín te pega la paliza, Yesely frunce el ceño, Adly te machaca a preguntas sobre la Cristina, Nicolás que juegues con el globo, Loli, Rosely, Diana, Albeiro, Nicol, Jordan... A cada cual llamo por su nombre, con cada uno tengo ya una relación personal, con sus códigos, sus costumbres y sus bromas. Y por allí Esperanza, tragando chupetes y golosinas, colgada de la tía Aidelí y regalándome de vez en cuando una de esas sonrisas que te hacen amar la vida a pesar de los pesares.


Seguro que Toni, la mamá de Ana Belén, nos ha visto desde el cielo y le ha encantado. Ella quiso compartir un poquito con esta peculiar familia: "Para los niños", le dijo a Mamen con un hilo de voz. Tal vez fue lo último que hizo, pero sin duda de lo mejor y más bello de su vida.

Esa noche era la primera vez que veían las pipas. Alguno se las comió con todo y cáscara, pero en general la patrulla lo pasó pipa entre bailes, dinámicas y premios. Como en toda la excursión. Gracias amigos de España por hacer algo sencillo pero muy hermoso: ayudar a estos niños a ser un poco más felices. Ellos sienten que os importan, aunque no os conozcan. Os aseguro que no olvidarán jamás estos días, ni yo tampoco.

lunes, 9 de enero de 2017

EL BAUTIZO DE MI HIJA


"El día domingo 8 voy a bautizar a mi hija, te invito". Así decía yo a los amigos que quería que participasen en la fiesta, y nadie se extrañó. Acá a los ahijados se les dice "hijo" con toda propiedad; incluso a todo aquel familiar más pequeño que tú (sobrinos, primos... incluso vecinos) se les llama "hijo", y es algo muy bonito. Porque rima una carga de familiaridad, un soplo de respeto, briznas de responsabilidad y una urdimbre de cariño. Me encanta.

Y además "yo" voy a bautizar a Esperanza, como dicen en Santa Ana; no sus padres (que en este caso no hay...), sino yo, Mamen Torralba y yo, es decir, sus padrinos. Tras un montón de bautizos a los que me han convidado, de pronto me vi al otro lado, era yo el que tenía que armar la celebración, podía invitar a quien quisiera... ¡qué bueno! Y desde luego lo he disfrutado a full.

Son las diez de la noche y no deseo que este día termine, ha sido hermoso, especial como ningún otro en mi vida, redondo, inolvidable. Esperanza estaba para comérsela, preciosa con su vestido, su diadema, sus zapatos, su polo, sus sandalias; vestida de fiesta con el cariño de tanta gente en España y acá, un amor que ya ha heredado de mí, porque sé que quienes a mí me quieren también la aman a ella desde que la vieron en esta pantalla hace año y medio. Gracias.

Todos los niños de la aldea son mis hijos, incluso tengo otro ahijado, Jordan (los Reyes le han traído una camiseta del Atleti...). A todos los quiero desde que los conocí, y me sale natural ir a verlos, hacerles sentir que me importan... pero solo ella me eligió a mí, desde el primer instante me prefirió para que la cargue, para que la abrace, para que la proteja. Para que la bautice y... ¿qué más nos deparará la vida, hija?

Terminando la homilía la marqué y le pregunté: "¿Quién soy yo?". Y esa vocecita, a través del micro, inundó la iglesia: "Papá". Y desbordó mi corazón. Ya no me salieron más palabras; quería darle el don de Dios, hacer algo bueno por ella, pero Esperanza me ofreció el regalo más lindo: pronunció mi nombre y mi vida despegó. "Checha".

Luego vinieron el almuerzo, la fiesta, los payasos, las chuches. Por una vez me sentido genial en el papel de anfitrión, disfruté sirviendo los platos de arroz con pollo y ensalada, conocí el orgullo de tener conmigo a quienes más quiero acá en Perú, y eché de menos a mi madre y a otras personas que en la distancia seguro habrán notado una sacudida de felicidad por la conexión tan primorosa que nos une.

Gracias hija por cada sonrisa y cada beso. Aunque me vaya lejos no pienso dejarte, porque tú me haces ser mejor. Cuando este año pase las vacaciones con mis sobrinos seré feliz llamándolos hijos y pensaré en ti. Te querré mientras me quede vida, esté donde esté y pase lo que pase.

jueves, 5 de enero de 2017

ESTOY A OTRO NIVEL



Cuando vi bailar al cholo Simeone al ritmo de esta canción el día que el Atleti ganó la Liga 2014, inmediatamente me gustó (cómo no...). Luego la fui poniendo durante muchos días, por la mañana, mientras hacía la cama o lavaba los cacharros. Más tarde me fijé en la letra, y desde entonces todavía sonrío más. Porque expresa un aprendizaje vital de los últimos años, una convicción alcanzada por más de dos cuarentones, con quienes la he comentado más de una vez.

Pharrell dice que "nada puede hundirle", porque "su nivel es demasiado alto". Jajaja, ¡eso! Y es cierto. En la mitad de la vida, y después de tantas cosas, de caer y resucitar, de aguantar y volar; después de sentir varias veces que la vida se ha terminado y comprobar poco más tarde que no es así, que la vida se reinventa y continúa; después de aprender que uno ni es tan santo ni tan torpe como sospechaba; y sobre todo, después de sorprenderme de que haya personas en el mundo que me encuentran y me quieren... nada puede hundirme.

Eso es lo que hay. Podré sufrir, voy a sufrir incluso mucho, pero no voy hundirme. Porque ya sé suficiente como para no permitirlo, porque atesoro seguridades y amor donde plantar mi corazón. Y no siento que aspire a nada más que a lo que ya he logrado. ¿Hundirme? Estoy a otro nivel. Así comienza 2017, y después de todas las cosas que he vivido, que nos quiten lo bailao*.


Puede parecer una locura lo que estoy a punto de decir.
 Luz del sol: ella está aquí, puedes tomar un descanso.
 Soy un globo aerostático que podría ir al espacio,
 con el aire, como si no me importara cariño, por cierto,

porque soy feliz.
 Da palmas si te sientes como una habitación sin tejado.
 Porque soy feliz.
 Da palmas si sientes que la felicidad es la verdad.
 Porque soy feliz.
 Da palmas si sabes lo que es la felicidad para ti.
 Porque soy feliz.
 Da palmas si sientes que eso es lo que quieres hacer.

Aquí vienen las malas noticias, hablando de esto y aquello.
 Bien, dame todo lo que tengas y no te contengas.
 Bien, probablemente debería avisarte
 de que simplemente, estaré bien.
 No te ofendas, no pierdas el tiempo,
 aquí está el por qué:

porque soy feliz.
 Da palmas si te sientes como una habitación sin tejado...

-Feliz- hundirme, nada puede hacerlo (bring down)
-feliz- hundirme.
 Mi nivel es demasiado alto -feliz- para hundirme.
 He dicho que nada -feliz- puede hundirme.
-Feliz- hundirme, nada puede hacerlo,
-feliz- hundirme.
 Mi nivel es demasiado alto -feliz- para hundirme.
 He dicho que nada -feliz- puede hundirme.

Porque soy feliz.
 Da palmas si te sientes como una habitación sin tejado...
...
Porque soy feliz.
¡Vamos!

* Esta entrada lleva escrita ¡dos años!, desde finales de 2014. Se ha hecho verdad pero hasta hoy no me he atrevido a ponerla.

sábado, 31 de diciembre de 2016

LA FUERZA DE LA TERNURA


Querido Antonio: llevas poco menos de dos semanas en España, nuestra tierra, adonde has regresado para quedarte, después de 16 años en el Perú, 13 de ellos en Celendín... ¿cómo estás? Sabes, en medio del ajetreo de la Navidad y del fin del año, que tú conoces bien, estos días he pensado mucho en ti. ¿Qué estarás haciendo? ¿Cómo pasarás la Nochebuena? ¿Qué tal gestionará tu corazón la catarata de sentimientos de este momento: abrazos y lágrimas de despedida, abrazos y risas de reencuentros?

Es curioso: a pesar de que Mendoza y Celendín están a una considerable distancia, siento el vacío que has dejado. Has sido tan importante para mí en estos dos años, que a cada paso se me presenta tu ausencia en los cerros, en las quebradas, en la belleza y la dureza de esta tierra nuestra que será tuya por siempre. Porque amas este país, estas gentes, y el Perú te ama a tí y ya te extraña.

Tú ya eras un referente en mi vida antes de conocerte, cuando Joaquín Obando me hablaba de ti, de tu misión en la diócesis de Cajamarca (le gustaba remarcar eso). Siempre has pertenecido al grupo de mis misioneros míticos, con Nemesio, con Serafín, con Josely, con Antonio León... Y cuando pudimos compartir vida acá en Perú, permíteme que te diga (ahora que no nos oye nadie) que superaste todas mis expectativas. Eres un modelo de persona, de cura y de misionero, cuánto le agradezco a Diosito que te haya puesto en mi camino.

En primer lugar por cómo me trataste desde el comienzo. Me invitaste a pasar en Celendín aquella primera Navidad lejos de casa, ¿te acuerdas? Me lo hiciste más llevadero con tu delicadeza y tus detalles de hermano. Y además resististe mis preguntas de novato colmado de la ilusión de los primeros pasos, me aconsejaste, me mostraste trozos de tu experiencia, compartiste intuiciones. Fueron unos días preciosos que nunca olvidaré.

Me impresionaban tu determinación, tu claridad, tu intención de estar incondicionalmente al lado de los más pobres, defendiendo causas justas, arriesgando, hasta esquivando los balazos si hacía falta. Pero al mismo tiempo manejas una humildad muy de andar por casa, que te permite caminar al paso de cualquier persona por pequeña que sea. Recuerdo cómo tu ministerio quedó iluminado por el Papa Francisco: nadie como tú ha trabajado, profundizado y asimilado sus escritos y su estilo, qué bárbaro. Eres un hombre espiritual en el más original sentido de la palabra, es decir, un hombre práctico, pastoralmente resolutivo y con la capacidad de distinguir a Diosito allá por donde va, y conectar con Él en los rostros de los más necesitados.

Por eso, aunque valiente y decidido, eres tierno, custodio de lágrimas que te desbordan apenas tu corazón vibra, se apasiona, se emociona. Eres la encarnación viviente de Evangelii Gaudium 270, uno de mis párrafos favoritos: "A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura".

Y cuando llegó el momento más difícil, ahí estuviste para escucharme, para comprenderme sin juzgarme, para poner una mano en mi hombro y darme una palabra que me orientase. Con exquisita finura, con suavidad, con eficacia, como eres tú. Los dos lo sabemos. Gracias, Antonio Sáenz. Te deseo felicidad en esta nueva etapa, tienes mucho por vivir, muchísimo que dar. Yo te necesitaré por ese Amazonas que me espera, y sé que estarás ahí, con la sabiduría de tu sonrisa y tu ternura fuerte.