domingo, 15 de julio de 2018

APRENDIENDO A SER MINORÍA


Nací en un país nacional-católico, con una religión oficial del Estado. El año que hice la primera comunión, la constitución declaró que España es aconfesional. Pero cuarenta años después, y contrariamente a lo que decía Alfonso Guerra, España sigue siendo católica, porque el proceso de sana secularización es tan lento como profundo fue el arraigo de la Iglesia en la entraña de la cultura española. Desde ahí trato de comprender y situarme en una situación completamente contraria, como el negativo de una foto.

Porque acá, en esta zona de la Amazonía peruana, la Iglesia Católica está en clara minoría. Queda un resto del nacional-catolicismo heredado de la época del virreinato: me llaman para bautizar ceremonias públicas (el día de Fiestas Patrias, el aniversario del distrito, etc.) con la misa Te Deum (nadie sabe qué significa eso, ni yo mismo), o celebrar una paraliturgia en el colegio, cosas de esas que permanecen indelebles en los archivos word de las programaciones año tras año y se repiten “porque siempre se ha hecho así”. Y esto en la ciudad, el distrito. Como si todos los peruanos fuesen católicos, como antaño.

Pero la realidad es bien distinta: una amalgama de religiones, sectas, denominaciones, iglesias de todo pelaje, evangélicos de varias marcas, adventistas, bautistas, Movimiento Misionero Mundial, los israelitas, los crucistas… Y entre todos, nosotros como una propuesta más, expuesta como todos a la indiferencia globalizada y gozando de una posición de “privilegio” meramente puntual y postiza. Presidir la ceremonia de izamiento del pabellón nacional me hace sentirme a menudo como una pieza de museo que sacaran a pasear los domingos.

Confieso que me cuesta. Fui formado para el trabajo pastoral, entre bautizados por tradición; no para desarrollar tareas de primera evangelización ni para convivir con tantísimos grupos del gremio. Es más, hay situaciones donde una secta se impone por mayoritaria o histórica, pueblos en los que existe una “religión oficial” con pretensiones de totalidad y de identificación absoluta con los valores de esa cultura o población, como el catolicismo castizo español. Ahí el asunto se vuelve aún más arduo, y el ánimo pasa de la perplejidad a la torpeza, y de la ignorancia a la incomodidad.

Aquel día llegamos a Erené temprano porque queríamos ver el partido Perú-Francia, que era a las 10. Habíamos coordinado con las autoridades por teléfono, pero no obstante fuimos a buscar y hallamos a todos: el apu, el agente y teniente confirmaron la reunión a las 4 de la tarde, todo en orden. Cuando iba la contienda 0-0 vimos llegar un tremendo yate con 9 gringos, ellos y ellas, norteamericanos, blancos y angloparlantes, jóvenes misioneros que venían a apoyar a la iglesia principal del pueblo. Pertrechados con cocina, enorme nevera, megafonía… y su pastor. A pesar de que avisaron por el parlante, nadie acudió a la convocatoria de los católicos, porque acto seguido se llamó a todos los creyentes de su iglesia a un servicio religioso a las 7 de la noche para recibir a los hermanos visitantes.

Muchas comunidades ticunas del Bajo Amazonas fueron catequizadas desde los años 50 por los evangélicos estadounidenses del Instituto Lingüístico de Verano y otros grupos y sectas afines. Hicieron un buen trabajo: tradujeron la Biblia a las lenguas nativas, enseñaron a niños y mayores, y sobre todo formaron pastores autóctonos que dejaron al cargo de las comunidades para que no dependieran de los extranjeros (justo lo que nosotros intentamos hacer ahora). El resultado es que encontramos pueblos inexpugnables a la penetración de otras propuestas, en los que la “religión oficial” actúa como un rodillo que presiona y uniformiza. No hay quien compita contra eso.

En el Yavarí fueron los crucistas y los israelitas los que entraron en las inmensidades donde nuestra Iglesia estuvo ausente. Los católicos que había o que llegaron tuvieron que adaptarse como pudieron. En Santa Teresa I Zona, don Juan se las apañaba en su casa con el libro de cánticos y oraciones de los Ataucusis, mientras que don Fidel Pezo, maestro católico viejo de Iquitos, se pasó a la Asamblea de Dios; dice que así al menos una vez por semana escucha la Palabra y reza, y eso es mejor que nada. Diferentes maneras de ser minoría; yo busco la mía en estos lugares donde los de la competencia nos llevan sesenta años de ventaja. Aunque a veces se te caen todas las estrategias, como pasó en Yahuma Callarú, pero eso lo cuento dentro de dos entradas.


lunes, 9 de julio de 2018

LO MÁXIMO


Llegó el primer partido del Mundial, Perú contra Dinamarca. Se vio la enorme bandera bicolor, salieron los jugadores al campo y cuando empezó a sonar en el estadio el himno nacional, en el muelle acá al lado empezaron a tirar cohetes. No había empezado el encuentro, pero el resultado y el destino final de Perú en el campeonato poco importaban. Estaban allí. Tu país en la Copa del Mundo, tus colores, tu escudo… Eso es lo máximo.

Ya habíamos celebrado a full la clasificación después de 36 años, ganándole en la repesca (acá es repechaje) a Nueva Zelanda en un juego que vimos en una comunidad perdida en el Amazonas. La emoción era tremenda porque la última vez que Perú estuvo en un Mundial fue en España 82 con Naranjito. Yo tenía 12 años y lo veía a la hora de la siesta con mi abuelo, y me gustaba esa franja roja que se parece al Rayo Vallecano. Mi abuela me traía un bocadillo de nocilla y el Perú empataba contra Camerún y contra Italia y quedaba eliminado al perder contra Polonia por 5-1. Es que ahí jugaban Lato y Boniek nada menos.

Los partidos de la selección nacional han paralizado el país. Había tele en la municipalidad, en el centro de salud y hasta en el colegio. A pesar de perder ante Dinamarca y Francia, la opinión pública elogió el juego del equipo, con tiros al palo y penaltis fallados, todo el mundo apoyando. En el último partido, cuando estaban ya eliminados, ganaron a Australia 2-0. Esos dos goles los repiten constantemente desde entonces, porque fueron los primeros tras 36 años y la primera victoria en una Copa desde el 1-0 contra Irán en Argentina 78, 40 años. De hecho, los jugadores fueron recibidos a su regreso en el aeropuerto como héroes.

Ya poder disputar la Copa es un éxito, porque Perú había dejado de ser un país mundialista. Me impresiona el poder del fútbol para unir a la gente, para superar ese complejo de derrotados que arrastran los propios peruanos, y sobre todo la devoción sin fisuras de todita la sociedad por la selección. Ni siquiera la eliminación concitó críticas destructivas, sino que están ya apuntando a próximas citas, el país entero entusiasmado (como en España…). Preocupados solamente porque todo el mundo quiere que renueven el contrato al entrenador, que supera el 90% de aprobación popular, el porcentaje más alto en cualquier personaje público en la historia de la República.

Y es que el seleccionador, el argentino Ricardo Gareca, merece mención aparte. En una entrevista reciente contaba que durante el mundial le propusieron la continuidad, pero él le dijo al presidente de la federación que ni por un segundo podía pararse a pensar en algo que no fuera la competición en marcha, que ya se vería más tarde. Porque, según él, “entrenar a una selección nacional implica más responsabilidad que un club, porque tienes a todo un país detrás”. Como Argentina ha cascao el poleo, le preguntaron por la posibilidad de entrenar a la albiceleste: “por supuesto que sería lindo, entrenar a tu país y jugar un mundial es lo máximo para cualquier técnico”.

Para cualquier técnico normal en un país normal, claro. Porque Lopetegui tal vez pensó que podía manejar temas como el traspaso de CR7 –nimiedades- al mismo tiempo que conducía a España hacia su segunda estrella, o sea, decir misa y repicar. O quizás fue más listo y sabía que Rubiales lo iba a despedir al toque. O bien intuía la debacle que se avecinaba y huyó como los roedores escapan antes del naufragio; sabía que si la Roja cascaba, jamás cazaría un contrato como el que le estaban ofreciendo. En cualquier caso perdió la oportunidad de dirigir a la selección de su país en un Mundial. Ya no pudo cantar lalalala ante la rojoygualda. Prefirió el dinero y el prestigio del Real Madrid, pero perdió lo máximo.

Al Madrid le importó poco desconcertar y desestabilizar al equipo, hundir el ánimo de toda España y convertirnos en el hazmerreír del planeta futbolero. Podía haber respetado y buscar pesca en otras aguas, pero antepuso sus intereses a todo, pasando por encima de la campana gorda. No me imagino al Alianza de Lima, el Liverpool o la Juventus saboteando con tal precisión a los seleccionados de sus países. El tiempo enseñará que con esta historia todas las partes han salido perdiendo: Lopetegui, la Roja, la hinchada y el Madrid. Mientras que Gareca y el fútbol peruano, que también han fracasado deportivamente, están en la cima. Es una cuestión de prioridades y valores, de tener claro qué es lo máximo y actuar en consecuencia. Cada uno vive en su propio asteroide, y a mí en esto hoy por hoy me gusta más el de la franja rojita, qué quieren que les diga.

miércoles, 4 de julio de 2018

VOLVIMOS A DONDE “NO QUEREMOS QUE VUELVAN”


Pues claro. Y no solo no ocurrió nada, sino que fue una visita muy positiva, que nos permitió aprender, servir e incluso sentirnos útiles. Casi como si estuviésemos en las catacumbas, en la Polonia de Jaruzelsky o en la película “El Silencio”… bueno, guardando las distancias, ¿eh? Que los ticunas de Bellavista tampoco es que sean como aquellos japoneses bárbaros y fanáticos.

Recordemos que en la anterior (y primera) visita a este centro poblado ticuna, tras el intento de reunión con los católicos un señor vino a decirnos que nos marchásemos. De regreso en Islandia, y cuando fui a contarles el episodio a las distintas autoridades, me di cuenta de que el subprefecto, el juez de paz y el alcalde ya habían oído algo. Todos se llevaron las manos a la cabeza y prometieron tratar el tema con los de Bellavista; de hecho, sé que armaron una reunión donde les dieron duro: a nadie se puede botar de un centro poblado, y menos a una autoridad distrital como es, nos guste más o nos guste menos, el párroco de la Iglesia Católica.

De modo que esta vez queríamos ir de frente a ver al apu, que por cierto es nuevo, ya no es aquel que solo dijo “Pucha”. Queríamos conversar bonito, limar asperezas y aclarar la situación, pero no tuvimos suerte porque tanto el apu como el teniente gobernador se habían ido a Caballococha. Ya pues. Será la próxima vuelta. Nos acomodamos en la casa trasera de la tienda de Bitel, en plena plaza, donde la señora Dorca nos ofreció hospedaje con WC, ducha y hasta ¡una cama! Hotel de de cinco estrellas.

Genaro, que es animador viejo formado por los canadienses en los tiempos gloriosos del Vicariato, había invitado a los católicos a las 7 de la noche. Llegaron unos 15 participantes; un par de ellos estaban de paseo, son de Orellana en el Napo, pero el número superaba los 3 de la primera ocasión. Primero hicimos una pequeña celebración de la Palabra, y varias personas  compartieron lo que el Evangelio les sugería: “Cuando des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, par que tu limosna quede en secreto (…) Cuando ores, vete a tu habitación, cierra la puerta y ora tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6, 3-4a. 6).

La conversación posterior fue muy esclarecedora, nos contaron cómo los ticunas los excluyen y desprecian por ser mestizos. Son tolerados porque necesitan sus tienditas, pero las reuniones del colegio son todas en ticuna, en las asambleas comunales no les dejan voz ni voto… Dorca dice que su vecino, cuando se emborracha, va a la puerta de su casa a insultarla, “fuera los mestizos, ustedes no son de acá, lárguense”. Es curioso: los ticunas, que en Islandia son mentados como ignorantes (“No seas bruto, pareces ticuna” es una lindeza habitual que se escucha por la calle) y cruelmente marginados, se comportan de la misma manera con los mestizos cuando están en su terreno.

Hilvanando con la Palabra, hablamos de la necesidad de ser discretos, es decir, no alardear de ser católicos para ahorrar conflictos; pero al mismo tiempo no renunciar a nuestros derechos de profesar nuestra fe y expresarla libremente. Les animamos a no tener miedo, a organizarse con prudencia pero con determinación. “Seguramente ya todos comentan que estamos acá la religiosa y el sacerdote católico; algunas personas incluso me han saludado por la calle. Es normal, y está bien que lo sepan. Les aconsejo llevarlo con naturalidad, invitar a sus amigos a la celebración del domingo, que es la clave para que vivan su fe. Sin hacer revuelo, pero sin echarse atrás” – fue más o menos lo que se me ocurrió decirles.

En estas actitudes de repliegue sobre sí mismos con salpullidos de racismo, su “religión oficial” es un instrumento muy eficaz de presión y uniformidad, que pretende, como siempre en la historia, hacer pasar a todo el mundo por la ley del embudo: “en este pueblo somos todos ticunas y todos evangélicos”. Es una iglesia ticuna, en lengua ticuna al cien por cien, exclusiva y excluyente, donde lo extranjero es mal visto y rechazado. Esto, para acabar de desmontar mitos y lugares comunes sobre la “bondad natural” de los indígenas, si es que quedaba alguno.

Genaro quedó comprometido a convocar a la celebración los domingos a las 8 de la mañana en una de las casas de ellos, y a ir preparando para el Bautismo. Y nosotros prometimos regresar, y lo haremos con el orgullo de apoyar lo más posible a estos católicos mestizos que cada día las pasan canutas por el hecho de serlo. No creo que nos ocurra lo que a los jesuitas Rodrigues y Garupe, pero ¿quién dijo miedo?

viernes, 29 de junio de 2018

FRIAJE


Me despierto de madrugada, veo que son las 2 y noto que ¡tengo frío! ¿Estaré enfermo? Miro el termómetro y no me puedo creer lo que veo: ¡21 grados! Agarro una manta, una toalla gordita, me arrebujo en mi cama y, recordando los inviernos de mis Valles, duermo rico, mmmmmh.

Pero, ¿estamos en la selva o qué? Sí, lo que ocurre es un episodio meteorológico llamado friaje. Por la mañana se me ponen los vellos de punta a la hora de la ducha con agua de lluvia helada, así que decido buscar qué es lo que pasa. Y veo en Wiki que estamos en medio de “un fenómeno climático caracterizado por la caída repentina y brusca de la temperatura, acompañada de fuertes vientos. Puede ocurrir más de una vez en la Amazonía occidental, entre mayo y agosto. El fenómeno es una consecuencia de la penetración de masas de aire polar desde el Atlántico, a través de la cuenca del Plata, cuando recibe el aire frío desde las regiones templadas de América del Sur”. Madreeee.

Un café calentito a media tarde (que nunca tomo para no sudar más de la cuenta). Una chompita que me compré el año pasado en Decathlon y que ya iba a criar telarañas en el armario, pantalones largos y calcetines en los pies con chanclas, y sigo leyendo. “La duración mínima del friaje es de tres días. Las principales consecuencias en la Amazonía son humanas, por ejemplo problemas de salud por las bajas temperaturas fuera de estación, heladas agronómicas, nieve y granizo que daña los cultivos y pastos en las zonas alto andinas”. Diosito. Tres días de repentino frío antártico, y yo con mis pellizas en España y en Lima.

En realidad, la sensación de frío es más por la humedad (que siempre ronda el 90%) que por las temperaturas, que apenas descienden hasta los 15º en el sur de la Amazonía peruana y hasta los 20º por esta zona nororiental. Pero la gente, que no está acostumbrada, se pasa el día castañeando los dientes y con los brazos cruzados. De pronto medio Islandia tiene gripa y los de la posta agotan las existencias de paracetamol y naproxeno.

Para los nacidos en el hemisferio norte, es una deliciosa tregua en un clima habitualmente asfixiante. En lugar de estar todo el día transpirando, hay que abrigarse, cocinar garbanzos y hasta apetece una sopita hirviente para cenar. Mi gata está todito el día tirándoseme encima buscando el calor corporal, no hace falta usar abanico ni siquiera durante la misa, y casi prefiero que salga el sol el rato del izamiento del pabellón nacional, que normalmente cada domingo soportamos sancochados.

Me transporta a las candelas de la nochebuena en Valencia, al braserito, las sábanas gordas, el forro polar y el edredón nórdico; la confortable calefacción de mi casa de Mérida, los pies sobre la madera amable del parquet, el alivio que encuentra uno al cobijarse, lo relajante de un baño caliente (asu, ya se me va a olvidar esa sensación). Siempre he preferido el calor al frío, pero este oasis fresquito en medio de la calorina selvática tropical me viene al pelo.

domingo, 24 de junio de 2018

CONGRESO INDÍGENA


Una tarde llegaron a la casa Juan Carlos, apu de Santa Teresa II Zona, y un periodista del diario La Región, de Iquitos, para invitarnos, armados con documento (en nuestro Perú todo lo serio se hace con oficio) al I Congreso Intercultural de Fortalecimiento Organizativo de las Comunidades Nativas de la Cuenca del Yavarí. Toma ya. Con semejante título, como para rechazar la convocatoria.

Ya sabía que Juan Carlos lleva un tiempito tratando de armar una federación de comunidades indígenas (la FECONCYA), aunque siempre criticado por personalismo y poca claridad en las cuentas; lo del periodista me cuadraba menos, así que consulté a los colegas Miguel y Manolo, párrocos de Punchana en Iquitos y curtidos durante años en mil aventuras con los kokama del Marañón: “Es bueno que vayas y veas” – me dijeron. De modo que, novato obediente, proa hacia el evento.

Sobre las 7 de la mañana había ya en Santa Teresa II un grupo de personas, no muy numeroso pero representativo (6 de las 7 comunidades afiliadas a la federación y una no afiliada) y pintoresco por los trajes típicos que se veían. A voz en cuello, por la falta de megafonía, cantamos el himno nacional y aplaudimos la presentación de bailes típicos por parte de grupos de niños de dos caseríos. En cuanto los organizadores me echaron el ojo, me embrocaron una credencial como “Delegado fraterno invitado” y me subieron a la mesa de honor, que era un pupitre de la escuela nomás.


Estaban los miembros de la junta directiva, los delegados de las comunidades y los asesores llegados desde Iquitos, que eran en realidad quienes manejaban la cosa: el periodista-conductor, el presidente de ORICA (la organización regional a la que está afiliada la FECONCYA) y un abogado con bastantes horas de vuelo en temas indígenas. Y todo pagado por uno de los candidatos a alcalde distrital, que fue muy nombrado, aplaudido y, por supuesto, también invitado a subir a donde las autoridades. Puesto que nadie da duros a cuatro pesetas, supongo que todos estaban allí porque algún provecho personal sacarían

Como a todos, me brindaron la palabra y hablé unos minutos. Pero me interesaba más escuchar. Estaban los apus y las gentes de Japón (Yaguas), Unión Familiar (Kokamas), Santa Rita (Yaguas), San Mateo (Ticunas), Santa Teresa II (Yaguas) y Constantino Pinto (Kokama-kokamilla). Faltaron los yaguas de Limonero, que creo que están muy desorganizados; pero acudieron de Pobre Alegre, y así descubrí asombrado que en su mayoría son de las etnias Shipibo y Asháninka, emigrados de Ucayali. Me encantó que quedara claro que la Iglesia está al lado de los indígenas, identificada con sus luchas y dispuesta a apoyar lo máximo posible, y así lo hice notar en mi intervención.

A medida que transcurría la mañana iban saliendo los problemas de los pueblos de nuestro río: a la comunidad de Japón hay una asociación de Caballococha que le van quitando territorio por su fondo. Son en realidad traficantes que coimean a Agricultura y titulan las tierras para luego venderlas; ya han perdido la mitad, según el presidente Regner. En Unión Familiar, personas particulares inscribieron partes de su territorio en la época de Fujimori y ahora pretenden presionar a la comunidad exigiendo precios altísimos. Con todos pude conversar en los descansos, planteando preguntas y dudas, y concertando próximas visitas adonde todavía no hemos llegado; incluso los israelitas presentes me dijeron que seremos bienvenidos. Ese fue mi beneficio, jeje.

Se aprobó por votación el plan de trabajo de la FECONCYA, que consiste en tres puntos:
1 - Avanzar en el proceso de titulación de los territorios comunales
2 - Lograr la educación bilingüe para rescatar y preservar las lenguas originarias
3 - Buscar proyectos agrícolas productivos

Muy interesantes. La jornada concluyó a mediodía, porque los iquiteños estaban apurados por marcharse. A pesar de que ellos hablaron mucho más que los representantes de las comunidades, y que faltó gente, creo que el encuentro resultó positivo como un primer paso de los indígenas del Yavarí para organizarse y reivindicar con más fuerza sus derechos. Un congreso modesto pero lleno de potencial, como la semilla de Mc 4, 26-34. Para mí, una oportunidad de oro para conocer y ser conocido, para ir comprendiendo algo más y empezar a atar cabos en este pedazo de Perú grande en extensión pero con una población pequeña y familiar. Se quedó en volver a convocar un taller u otra reunión dentro de un año, y allí estaremos, orgullosos de ser presencia de Iglesia en los nudos donde se ventila el destino de los más excluidos.