lunes, 18 de marzo de 2013

GRACIAS A MIS COMPAÑEROS

Sigo en estado de shock por la incardinación y por la elección del Papa. Solo me apetece dar las gracias. Hoy a mis compañeros, los curas diocesanos, por haberme acogido, aceptado y valorado a pesar de caer como un "meteorito" en medio de sus vidas.

Pieza clave en el primer contacto con la diócesis fue José Antonio Salguero, que entonces era el vicario de Mérida. Fue él quien hizo de mediador entre la Congregación y D. Antonio Montero. Gracias a él pude vivir la experiencia peculiar de varios meses en Calamonte, sustituyendo a D. Osvaldo, que murió en una operación complicada. El obispo fue a celebrar el entierro y me dijo algo así como: "muchacho, apáñatelas hasta final de curso". ¡Gracias, José Antonio!

En el arciprestazgo de Zafra me encontré con Joaquín Obando, del que ya he hablado aquí; debe de estar disfrutando desde el cielo con este momento tan esperado. Él era el arcipreste, pero todos me recibieron muy bien y se esforzaron para que me sintiera a gusto desde el primer momento. Don Ángel Vinagre me ayudó mucho, porque no tenía ni idea de nada. Le debo una comida que él pagará...

Guadi, Miguel Ángel García Encinas, me fue a ver a Valencia en bici, y me decía: "¡sal de aquí, que te va a llegar la boina hasta los tobillos!". Él y Lolo Matos me invitaron a unirme al grupo de estudio del Evangelio, que ha sido para mí fundamental: Juanma Medina, Pepe Moreno Losada, José Mari Barrantes, Manolo Ruiz... y luego Jose Rubio, Mario Corrales, Leonardo Terrazas, Eugenio Campanario, Javi el papa... me siguen acompañando y ayudando más de lo que piensan.

El traslado a Zafra me costó trabajo. Pero recuerdo una conversación con mi compañero en La Candelaria Manolo Cobo que me hizo encender una luz: "este es el hoy de Dios, olvida lo que queda atrás". La compañía y la tarea compartida con José Ángel Losada, Pedro García y Joaquín Macarro fueron estupendas. Mis vicarios de zona Santi Ruiz y Manolo Alegre me han echado cables importantes.

A la vuelta de Níger, en el momento más difícil, Antonio Becerra me supo escuchar y aconsejar muy bien: "ve directamente al obispo y aguanta el chaparrón". Paco Sayago me contrató para estar en su parroquia mientras viajaba a Venezuela, y fue una estancia breve pero balsámica. Desde entonces, su amistad y su sabiduría han sido fundamentales para mí.

En el arciprestazgo de Fuente de Cantos conocí a Antonio Acedo, a Jesús Chacón y a Apolo, que también resultaron decisivos en un momento especialmente delicado, y ellos saben por qué: ¡gracias! Juan Román creyó en mí cuando no había demasiados motivos, y me propuso unirme al equipo de la Delegación de PJ. Allí he tenido la suerte de aprender y de reír con Nacho Pérez García y Juanfran González Vizuete.

Y de mis vecinos de ahora, ¿qué puedo decir? Pues que me encuentro como en casa desde que llegué. Miguel Ángel González Vizuete, Pedro Alberto Delgado, Manolo Cintas, Paco Gallego, José Juan López y, por supuesto, Manolo Calvino me han tratado como a un hermano.

No me puedo olvidar de Nemesio Frías y Serafín Suárez; ni de Jose Mari Campanón, Antonio Cerro, Paco Maya, Vicente Martín, Casimiro Muñoz y todos los que hoy tengo la suerte de llamar compañeros. Lo siento, colegas, pero esto ya no tiene vuelta atrás; han efectuado la opción de compra y mi cláusula de rescisión es de 500 millones...

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