lunes, 13 de junio de 2011

HASTA PRONTO, AMPARICO


Mis tías Amparo (izquierda) y Carmen
Amparico,

ha llegado el momento de despedirnos y decirnos “hasta luego”. Yo sabía que estabas cansada, me lo has dicho muchas veces, que la vida se te estaba haciendo larga. Desde que despedimos a Tía Carmen, hace dos años y medio en una helada mañana de enero, te ha costado mucho caminar… ¡cuánto supuso para ti dejar tu Zaragoza, tu Pilarica, tu casa…! Con tu edad debió ser agotador.

No eres una persona acostumbrada a los cambios… pero tampoco se puede decir que la vida haya sido fácil para ti. Más que la vida, “las vidas”, porque tus 95 años han dado para mucho. Difícil fue salir adelante en aquella España en guerra: la pérdida de tu hermano, tanto dolor y escasez… Me lo contabas muy lúcidamente, tus primeros pasos como modista y peluquera, tus pretendientes, las bodas de tus hermanas, me hablabas de tu padre, de tu madre, mientras ibas cosiendo, arreglando unos pantalones que yo te había llevado, levantando el dedo con el dedal puesto.

¿Te acuerdas de aquellos viajes que hacíais en tren para venir a Mérida? Nosotros os esperábamos en la estación, os veíamos saludar por la ventanilla a Tía Carmen, a Tío Ángel y a ti, y siempre era una fiesta. Al principio por los regalos que nos traíais, y más tarde, cuando fuimos mayores, por cómo nos mirabais y lo orgullosos que estabais de vuestros sobrinos. Recuerdo que fumabas tabaco liado, eras una mujer peculiar, pequeña pero vivaracha, con un carácter fuerte y a veces difícil, testaruda como buena mañica.

Ha sido una vida muy larga, tía. Has vivido a tu manera dentro de las circunstancias que te han tocado. Siempre has tenido una habilidad especial para tratar a las personas, una simpatía magnética que atraía a tus vecinos, a tus conocidos de Zaragoza, a quien entrara en contacto contigo; una capacidad para meterte a la gente en el bolsillo que nos ha dejado pasmados en el caso de la residencia en la que has pasado estos dos últimos años.

Ellas, “las chicas” de Rosalba, te han cuidado muy bien; tus sobrinas, tus sobrinos y tus sobrinos-nietos (corriendo y llamándote por el pasillo) hemos hecho lo posible para acompañarte. Damos gracias al buen Dios por todo: por tanta vida, tantas alegrías y penas, tanto trabajo y amor; agradecemos a Dios haberte tenido, lo que nos has dado y la felicidad que has disfrutado. Ahora estás ya con abuela y abuelo, con Tía Carmen y Tío Ángel, con tu madre y tu hermano.

Falta un último viaje. A tu Zaragoza, a reposar en el escenario de tu vida, la calle Alfonso, la basílica, tu parroquia de los Redentoristas… Con la Pilarica, con tu amor, que nunca te ha soltado la mano, y que nosotros llevamos en el corazón, como a ti.

Descansa en paz, tía Amparo.

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