Eso fue lo que dijo el cardenal Pedro Barreto
al comienzo de la II Asamblea Eclesial de la Amazonía peruana, que se celebró
el pasado fin de semana en Lima. Ya conté acá hace un año cómo la
tradicional reunión de misioneros, organizada por el CAAAP, ha elegido
transfigurarse en auténtica asamblea, con la inspiración de CEAMA. ¿Cómo
está resultando esta evolución?
Sentimos que, en general, satisfactoria,
estimulante y prometedora. Ya es un éxito lograr encontrarnos de manera
continuada varios años consecutivos, reconocernos como compañeros de viaje
en la búsqueda del rostro amazónico de la Iglesia, poder escucharnos, compartir
avatares, proyectos, decepciones, ensayos, avances, tropiezos, esfuerzos,
expectativas. Muchos ya somos caseritos, nos conocemos, nos apreciamos y
nos alegramos de vernos y estar juntos.
En esto de la Asamblea Eclesial, primero ha
sido la vida, la práctica, y después va llegando la formulación, la
estructuración. “Lo que hago es lo que me enseña lo que estoy buscando”, como
cita Rosa Montero. El encuentro es la plasmación de la sinodalidad, la manera
horizontal de ser iglesia en la que cabemos todos, todos, todos, los
primeros los pueblos indígenas. Es un espacio para discernir y converger, evaluar
y proyectar, acoger todas las voces, diseñar rutas, consolidar opciones.
Y así hemos hecho. En varios momentos hemos
recogido pareceres acerca de qué debería ser prioritario para el conjunto de los
vicariatos en estos momentos, contemplando las circunstancias en que
vivimos y retomando los cuatros sueños de Querida Amazonía. El último día
quedaron planteadas muchas cuestiones de diferentes calibres, todas
interesantes, pero que ahora hay que procesar para enfocar las más urgentes o
inmediatas. Vamos definiendo y sistematizando.
Para mí destacaron la necesidad de aunar voces
y estrategias para enfrentar las economías criminales (salió mucho la
minería como la nueva plaga tóxica que nos invade; de hecho, un informe
reciente publicado por La República revela que las dragas para extraer oro
ilegal en la Amazonía peruana aumentaron exponencialmente de 140 en 2021 a 1.613
en 2025) y a la vez proteger la vida de los defensores ambientales. Por otra
parte, se evidenció el deseo de potenciar el acompañamiento de las mujeres
en sus luchas, implementar más decididamente las alianzas y senderos comunes
con los pueblos originarios y emprender una reflexión seria acerca de la
transmisión de la fe en nuestros contextos.
Antes, durante el año 2025, han trabajado las
comisiones intervicariales, que ya dije que son como los remos que impulsan
toda esta tarea, y que en la Asamblea presentan sus progresos y sus
deficiencias, sus frutos y sus atascos. Vemos que cuesta horrores que se
reúnan con regularidad, porque todo es virtual y sometido a las vicisitudes de
la selva, pero es un milagro que existan y funcionen a su manera.
Necesitamos que quienes las integran vengan a la Asamblea, para evitar la
impresión de estar empezando de cero cada vez, o de que la misión se nos
escurra entre los dedos como el agua del caño. Vamos organizando.
Aun con todo, el regusto que nos hemos llevado
ha sido como el de la taperiba: un poco ácido, de aroma fuerte, pero dulce y
refrescante. Y si la aderezas con la sal de las risas, la confianza, las bromas
y algún bailecito ingenioso, el diálogo franco y abierto cobra profundidades
que forjan iglesia genuina: comprometida, escuchante, femenina y laical. Es
un auténtico privilegio formar parte de ella.
En todo este proceso, los obispos de la
Amazonía peruana son piezas clave, catalizadores y facilitadores. Se mezclan
con todos sin distancia, exhibiendo sencillez, en polo y sandalias,
desprovistos de solemnidad y aparato, atentos para escuchar y aportando con
discreción. Este tipo de pastores son los que necesitamos, y este caminar de la
Iglesia en la selva peruana es también reflejo de su talante.
En fin… No sabemos con precisión el rumbo
exacto, pero mientras navegamos intuimos que vamos bien, que es por acá, que
hay que persistir, continuar hacia aguas más profundas, hacia el shungo
(corazón, centro) de la sinodalidad y de la misión. Nos lo dicen las sonrisas,
los abrazos y la esperanza.
1 comentario:
Muchas felicidades y bendiciones en lo que te propongas eres un ejemplo a seguir 👍🫶
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