sábado, 16 de mayo de 2026

ATAÚD Y LLANTO CHIQUITOS


Cuando en el hospital de Santa Clotilde, en el río Napo, en medio de la selva, hay una emergencia o un caso que allá no pueden tratar por no contar con los medios, piden “una referencia” al hospital regional de Iquitos; es decir, solicitan permiso para trasladar al enfermo en ambulancia por el río, o de frente que acuda urgentemente la hidroavioneta a buscarlo. Y así ocurrió en esta historia.

Muchas veces a una de las misioneras camilas le toca marchar acompañando al paciente, teniendo que dejar de improviso lo que traiga entre manos. La hna. Lisbeth me avisó de que estaba volando a Iquitos con un bebé de seis meses que habían llevado al hospital desde una comunidad en el río Tambor, zona netamente kichwa a más o menos a un día de navegación en peque desde Santa Clotilde.

Recibieron al pacientito y enseguida se pusieron con él, pero llegó muy grave y al día siguiente murió. El doctor dijo que habían hecho todo lo humanamente posible, pero tenía una sepsis extendida por todo su pequeño organismo. ¿Cómo es posible que se llegara a ese extremo? La criatura estaba sin vacunas, su mamá menor de edad incapaz de cuidar bien a su hijo, sus abuelos maternos alcoholizados, todo ello sumado a la distancia… A veces la vulnerabilidad y la miseria son estremecedoras.

“Por fortuna llegó una tía a la que casi obligué a venir, porque si no iba a estar esa mamá sola”, me cuenta Lisbeth. Y yo añado: la mamá es realmente una huambra que a duras penas entiende y logra expresarse en español, víctima de uno de los muchísimos embarazos adolescentes que se dan en la región. Era la primera vez que esa chica y su tía ponían un pie en la ciudad; podemos imaginar el asombro y el desconcierto cuando aterrizaron, vieron esa mole de cemento, olieron aire contaminado y se aturdieron con el ruido de los motocarros.

El cadáver lo guardaron en la morgue del hospital esa noche, y a tía y sobrina las alojamos en la casa de salud del Vicariato, donde tuvieron cena y no sé si lograron descansar con tales disgusto y ajetreo. A la mañana siguiente, la hermana me pidió que la acompañara a embarcarlas junto con el cuerpo del bebé, para que pudieran regresaran a su casa y enterrarlo. Les compró su desayuno y nos fuimos los cuatro al puerto.

Sin bajar todavía al río, esperamos a la camioneta de la funeraria que traía el féretro. Los chaucheros se ofrecían a cargarlo, pero yo les decía que era nomás un llullito. Se retrasaba, aunque si afloró algún nervio poco se notó, porque la mamá adolescente se veía como bloqueada, seria e impasible, sin pronunciar palabra. Se puede apreciar en la foto, que recoge el momento en que finalmente llegó: la muchacha sosteniendo la cajita, su tía de negro, y la religiosa a su costado.

Caminábamos por la pasarela y bajábamos las gradas, la tía portando con aplomo en brazos el pequeño ataúd (que el Vicariato costeó) envuelto en plástico azul, la mamá tras ella, y yo detrás; y ahí, en ese breve recorrido, envuelto en un momentáneo silencio mínimamente hendido por los rumores del puerto, escuché unas lágrimas apenas esbozadas.

Era la joven. La cabeza baja y un llanto menudo, tímido, discreto, pero que me llegó adentro y me emocionó. ¿Sería la dimensión del sollozo proporcional al tamaño del difunto? Más bien lo percibí como la señal de una tristeza prístina, la desolación por una vida truncada sin casi comenzar, el dolor por la desgracia, la confusión por los estragos de la injusticia.

Subieron la caja chiquita al portamaletas; nos despedimos sin saber qué decirnos y ellas montaron en el bote. La pobreza es la muerte prematura, la cruel cancelación del futuro. En ella nace la inmensa mayoría de nuestro pueblo; este niño había nacido en la comunidad Santa Elena y se llamaba Jhekson Sebastián. Aunque nunca vi su rostro, hasta ahora siento por él pesar e impotencia.

1 comentario:

Martina dijo...

Que triste te quedas después de leer todo esto , como es posible que un mundo tan rico haya tanta pobreza y nos crucemos de brazos ante tanta injusticia , pobre mamá que tendrá edad para ir a la escuela convertida en madre que pierde a su hijo.
Necesitas mucha fuerza para acompañar a estas personas 🫂