sábado, 4 de julio de 2026

EL MINISTERIO CONFIADO A UNA FAMILIA

 
Fue un momento muy emocionante, un día para recordar siempre, un fogonazo de sinodalidad y evangelio, una ocasión feliz, un cariño divino; uno de esos escenarios en los que captas que todo está bien, que así es como deben ser las cosas, que el tiempo coloca a cada uno en su lugar y que Dios tiene un preciso y precioso estilo para escribir las historias personales y familiares.

Se trataba de la ordenación del primer diácono permanente de la archidiócesis de Mérida-Badajoz. Un acontecimiento histórico e inédito, sí. Pero era también la culminación de una vocación de servicio a los más pobres y a la Iglesia vivida durante muchos años por parte de un hombre entregado, comunicativo, paciente y fiel como Morke. La presencia de muchos sacerdotes confirmaba el reconocimiento de su trayectoria y el respaldo a este nuevo tramo del camino.

Cuando a Juan Antonio Morquecho, nuestro Morke, le propusieron el diaconado permanente, lo acogió como una llamada de la Iglesia. Sonrió y a la vez tembló, y se dispuso al discernimiento. Iba consultando con Diosito y a la par con su esposa Lucía y su hijo Juan, ¿o quizá Dios les hablaba a través de lo que iban dialogando, compartiendo, orando y descubriendo en familia? No hay duda de que sí.

Porque para que Morke recibiera el orden, no es que su cónyuge tenía que “consentir” o “estar de acuerdo”, sino que Diosito deseaba confiar el ministerio a esta familia entera. Es cierto que quien subiría al altar sería el esposo y padre, pero la misión debía ser asumida por los tres, Luci y Juan como facilitadores, acompañantes y soportes.

Por eso, el gesto más luminoso y emotivo de la celebración fue la imposición de los ornamentos diaconales. Lucía y Juan subieron al altar y revistieron a Morke con delicadeza y unción. Ahí, tras la imposición de las manos y la oración, quedó consumada la consagración de esta familia como servidora, y de este papá y marido como diácono de la Iglesia.

A esas alturas ya había yo llorado un par de veces -además lo veía todo en primera fila porque me pusieron como uno de los dos concelebrantes principales-, pero ahí me desbordé. Sentí una dulce combinación de orgullo, agradecimiento, regocijo y serenidad. Porque este único, inédito, pionero, etc. … es mi amigo.

Viajé con la memoria 21 años atrás, cuando en mi primer pueblo, Valencia del Ventoso, solicitamos el apoyo del equipo de animación comunitaria de Cáritas Diocesana para orientar el trabajo de un grupo de cáritas parroquial que llevaba tiempo inactivo. Y así, una tarde de octubre, apareció Morke en mi vida. Él con 34 años, juventud y ya algo de experiencia en el mundo de la caridad organizada; yo con 35, juventud y totalmente novato en lo que significaba ser párroco.

Fueron meses de reuniones mensuales, que continuaron después en los años de los Valles. Nos hicimos amigos. El asesoramiento de Morke fue excelente; todos, presbítero y laicos, aprendíamos cómo impulsar la solidaridad y atender a los más vulnerables. Él maneja una pedagogía que llega, y una dedicación que convence. A veces le tocaba regresar a casa a las 10 de la noche en invierno. Luci lleva años haciéndose experta en sostener, alentar y aconsejar; ella, con su generosidad activa, hizo posible aquella donación y ahora abre este nuevo horizonte.

“Morke va a ser capaz de comprender muchos problemas de las familias mejor que los curas”, me dijo alguien muy sensato y con recorrido parroquial. Y, sí. Esta imagen está cargada de ternura y de profecía. Sé que rompe algunas cabezas clericalistas recalcitrantes, que hasta pretenden enmendarle la plana al Espíritu Santo y a la Iglesia haciendo campaña contra el diaconado de hombres casados, como si supusiera un desmedro para el presbiterado. Pero es en vano: la acción de Dios es pacíficamente imparable.

Felicitación a Mérida-Badajoz, mi querida diócesis madre. Enhorabuena Morke, Luci y Juan. Van a ser una espléndida familia diaconal. Gracias por su testimonio limpio, sencillo y dichoso. Fue un privilegio compartir con ustedes su día, y tan de cerca. Los quiero mucho. Cuenten con mi amistad y mi oración.

sábado, 27 de junio de 2026

EL PASEO MAÑANERO EN LA CIUDAD

 
Despierto temprano, todavía oscuro, y me lleva unos segundos darme cuenta de dónde estoy. Es algo habitual que la IA llama “desorientación del viajero” o "amnesia de despertar transitoria”. Me ayuda mirar mis viejos libros, una foto con mis abuelos y la imagen del Cristo de Javier en la cabecera de la cama. Me calzo las zapatillas y a caminar.

Hace un tremendo calor nada más salir a la calle, y eso que son poco más de las 6:30. Los primeros quince minutos son una bajada hasta la orilla del río. Casi no me cruzo con nadies; suele haber una cuadrilla de operarios de una empresa de limpieza preparándose para comenzar la jornada. Ríen, llevan escobones, van vestidos color malva y fuman, así que tomo aire y doy un rodeo.

El entorno fluvial está acondicionado como una zona recreativa, y normalmente hay gente haciendo deporte, pero a estas horas tan tempranas solo están los muy cafeteros. Al tercer o cuarto día ya nos reconocemos y hasta puede haber un movimiento de cabeza a modo de saludo: un treintañero que saca a pasear a sus dos perros, una señora muy tatuada, unos jubilados con gorra, un grupo de corredores ellos y ellas, todos estilizados y con polos de medias maratones (21K)…

No es como el paseo mañanero en los Valles, que describí hace casi 14 años, pero hay también silencio en medio del rumor urbano. Avanzo en la dirección del sol, que está apenas apuntando, de modo que los contornos de la vida se van definiendo perezosamente, como si al mundo le costase espabilar más que a mí. El alborear va peinando y arrancando claridades de la superficie del agua tensa del río, ocupada groseramente por el gramalote.

¿Será una garza esa ave que levanta el vuelo? Con ese pelaje negro rodeando sus ojos parece llevar un antifaz. El viejo puente, que asiste mudo al apagado de las farolas, guarda en su vientre un inquilino con carpa, frazadas y silla de ruedas; pobreza contumaz. Más abajo, ya en la ribera, se aprecian enhiestas las verdes varas del cañaveral, decoradas apenas con unas pocas flores blancas.

Los colores son grises, pardos y serenos en este trozo de naturaleza incrustado en la ciudad; únicamente los rayos solares, que se intuyen bajo el horizonte, aportan un suave sabor de conmoción a cámara lenta. Los trinos de los pájaros se combinan con el leve sonido de la radio, que me suele acompañar y arrancar algunas sonrisas mientras marcho.

Como siempre, durante el paseo mi cabeza cavila; me vienen planes para el Vicariato; maquino que "hoy tengo que hacer tal cosa, ver a tal persona"; pienso, considero, comprendo, mis mapas cognitivos se activan. Amo aun a distancia. Y regreso al presente, al peso decisivo de cada paso, al tacto rugoso de la tierra seca, acá y ahora.

Y a pesar de que mi ciudad es Mérida y la selva mi lugar, estoy en Badajoz por unos días, y todo concuerda.

sábado, 20 de junio de 2026

ESTALLIDO SOCIAL EN YANASHI

 
Sí, efectivamente, donde el derrame de petróleo. La serie de terror continúa con nuevos episodios de sufrimiento extremo de los pobres, incumplimiento de compromisos por parte de los responsables, abandono del Estado, humillación, desamparo, agotamiento y explosión de impotencia, rabia e indignación. No podía ser de otra manera.

La entidad dueña de las chatas accidentadas, y por tanto causante del vertido y obligada por ley a las medidas remediadoras inmediatas y posteriores, no se está comportando ni siquiera dignamente. Empeñaron su palabra y firmaron la entrega a la población de unas cantidades de agua potable y alimentos que, aunque estaban muy por debajo de los estándares señalados por la OMS, eran algo; pues dos meses después la gente ha recibido en total una triste canasta de víveres y una garrafa de treinta litros de agua.

Por otra parte, está la empresa contratada por la anterior para limpiar los escenarios del desastre. Aunque la norma da tres meses de plazo mínimo, ya están pensando en finalizar la faena y retirarse. Pero los vecinos siguen encontrando petróleo en las orillas, porque desde que ocurrió el incidente el río ha crecido, y temen que cuando merme reaparezca el crudo. El comité de autoridades local protestó a la OEFA, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental en Lima, nada menos. Y eso originó una reunión.

Se presentaron en Yanashi un ingeniero de OEFA Loreto, el jefe de la compañía de limpieza y un representante legal de la empresa responsable del siniestro. Yo llegué de Iquitos unos 45 minutos después, y me fui de frente al encuentro que mantenían con las autoridades. Un considerable gentío se iba congregando en la orilla del río y frente al salón parroquial, donde tenía lugar la reunión. El ambiente era tenso dentro y fuera.

El diálogo fue medio intrincado, hubo preguntas, aclaraciones en general poco convincentes, y la sensación de que a este pueblo lo están peloteando en un laberinto de informaciones y justificaciones. Las leyes, los organismos, los debidos procesos y las oficinas de la ciudad están a una distancia sideral del padecimiento concreto y palpable de las personas de acá, con nombre y apellidos. Tal vez necesitaban los ingenieros y el doctor un golpe de realidad, y lo tuvieron que aguantar.

De hecho, cuando salieron del salón, los esperaba una muchedumbre. En medio del creciente griterío, las autoridades nos dirigimos con los visitantes hacia el puerto, rodeados por los pobladores manifestando su irritación. Cuando la gente vio que se disponían a subir a los botes para zarpar, la irá subió de intensidad. Los vecinos les increparon fuerte, conminándoles a que dieran explicaciones y soluciones.

Por un momento temí que se iba a desencadenar la violencia. Vi miedo en los ojos de los forasteros. Había manos que jalaban de los cabos para que las embarcaciones no pudieran soltarse. Alguno logró subir, pero le hablé para que regresara a tierra, porque sentí que debían ellos escuchar directamente a la población enardecida y ofrecer aclaraciones. Propusimos ir al local comunal, bien cerquita, pero no, se dijo con cólera que allí mismo en la vereda había que conversar.

Y varias personas narraron sus historias. Una señora se mojó enterita por la olada en su canoa, y el agua del río “le quemaba”; un papá bañó a su hijita en la quebrada porque se les terminó el agua de lluvia y la tuvo que llevar a la posta con ronchas en la piel; trastornos gástricos, vómitos y diarreas por comer pescado; la angustia de tener que tomar agua del río, sabiendo que es venenosa, porque no hay otra…

Lindos, los rostros soleados con rasgos indígenas, las manos nudosas hechas al remo, ese español bola-bola, pero con la cruda sinceridad de quien le han arrebatado de un día para otro su fuente de vida, sustento y bienestar. Me daba gusto cómo se expresaban, su desgarro, el tono de la desesperación de quien ya no tiene nada que perder. Y me sentí orgulloso del pueblo menudo, y de poder estar allí con ellos respaldando, poniendo calma y ayudando alguito.

El pobre asesor legal dijo con su acento limeño que “no tenía poder para prometer nada”, se mereció una catarata de abucheos, gritos, insultos y se libró de algún guantazo. No es culpa suya: sus jefes lo mandaron a los pies de los caballos, mientras ellos bien comidos, bañaditos y tranquilitos. Porque ¿a quién le importan estas comunidades, cuatro gatos perdidos en medio de la selva?

Eso es lo más dramático. La Amazonía solo interesa como negocio, y sus habitantes son más bien un fastidio ligeramente engorroso para el gran capital. Pero para la Iglesia son los preferidos, los más vulnerables; le importan al Vicariato, me importan a mí. Y no les abandonaremos.

sábado, 13 de junio de 2026

QUE LOS DEL DOMUND LE DEN UN PREMIO AL QUESO "LA PINTA"


¡¿Pero cómo es posible que no le hayan dado todavía el óscar al Pájaro Loco?! – se indigna Mafalda, en una de sus famosas tiras. Pues eso mismo digo yo: ¿Cómo es posible que los del DOMUND no le hayan dado todavía un premio a la fábrica de La Pinta? Porque este queso está unido a muchas aventuras misioneras como parte esencial.

Fundamental para la supervivencia, quiero decir, ya que a bastantes misioneros los ha salvado en esos momentos de hambre pura y dura que se suelen suscitar en los recorridos. Con frecuencia las esperas son largas, se echa encima el día y la gente no tiene casi nada que ofrecer de comer; o bien hay poco tiempo entre una actividad y otra, o hay que zarpar de pronto a otro lugar… Y ahí La Pinta entra en escena.

Porque este queso importado de Holanda, fundido y un puntito fuerte, es un campeón en conservación: abres la lata, le buscas una tapa de plástico que le cuadre y resiste días y días sin necesidad de refrigeración. Que por otra parte sería imposible en estos ríos nuestros donde la electricidad es un lujo asiático, y peor en tiempos de subidón del precio del combustible por cierre del estrecho de Ormuz.

La primera vez que lo vi, lo sacaba el p. Jaime Lalonde (el único cura que celebra misa con gorro en la selva) de su congelador, que solo funcionaba cuatro horas en la noche, cuando la luz en San Pablo era así, y lo ponía para desayunar. Ahí lo conocí. Se comía un pedacito siempre después de su sopa con arroz blanco, hombre de costumbres inmutables.

En mi anterior viaje por las comunidades kichwa del alto Napo, La Pinta nos sacó de más de un apuro. Ante perspectivas de cenas inexistentes, o para matar el gusanillo durante la travesía, plas, echábamos mano de la lata cuchillo en ristre. Pero sobre todo en una jornada de bautismo masivo, creo recordar que en Rumi Tumi. Eso sí que fue heavy.

Eran veinte o treinta bautizos, es decir, todita la comunidad implicada. Eso significa baldes y baldes de masato, e invitaciones por todos los flancos. Domi me dijo: “Pucha, nos ha convidado medio pueblo, a ver cómo hacemos para cumplir con todos, hay que ir”. “Sí”, le dije, “pero antes hay que comer algo, si no nos vamos a emborrachar, y qué feo se vería”.

Riéndonos nos fuimos un momento al bote a ver qué había, y por el camino íbamos prometiendo a unos y a otros que sí, que vamos a ir a tu casa al ratito a celebrar. Eran cerca de las tres de la tarde, la gazuza y el sol apretaban después de más de dos horas de liturgia. Encontramos un par de pescados ahumados, algún huevo sancochado y… ¡nuestro querido queso La Pinta!

Al toque improvisamos un almuerzo que nos dejó medio armados, es decir en capacidad de no caernos redondos a la tercera ronda de masato (lo conté acá). Además, en varias casas había también chuchurrín, es decir aguardiente puro y duro ya para dar la puntilla al más valiente. Pues resistimos bastante bien (Domi, ¡qué tía!) oyes. Y ya en la noche alguien vendía carne de sajino, compramos y esa cena sí que nos supo deliciosa y reconstituyente de los estragos del alcohol.

Todo, con ayuda del queso La Pinta. Cuyo nombre no alude a la segunda carabela de Colón, sino a una vaca que según la IA es de la raza Holstein o Frisona, originaria de los Países Bajos y Alemania, y mundialmente famosa por su distintivo pelaje manchado de blanco y negro y su alta producción de leche. Por si hay algún anticolonialista por ahí, calma y tranquilidad.

Puedes encontrar La Pinta en muchas bodegas de Iquitos (publi), a la gente le gusta especialmente con madurito, según veo en redes. ¡Gran servicio el de nuestro queso misionero preferido! Ojalá ya estén considerando galardonarlo por su inestimable apoyo a la evangelización.

En fin, que hoy no tenía ganas de escribir nada serio. Y esto es lo que me ha salido.



domingo, 7 de junio de 2026

MI AMOR-PERSONA


Había leído años atrás el Nican Mopohua, el documento más antiguo que relata (de hecho el título significa "Aquí se narra" en náhuatl) las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el cerro del Tepeyac en 1531. Lo volví a leer después de viajar a México hace año y medio. En Navidad lo releí y encontré esta expresión en el número 28. Desde entonces la tengo atesorada con dulzura en el corazón.

Mi Amor-Persona. Escrito así, con mayúsculas, en la edición de Eduardo Chávez (México, 2021), que brinda la traducción paralela en náhuatl, español e inglés. Es la primera aparición de la Morenita al joven: primero lo llama, se le muestra, y a partir del nº 23 le habla, se presenta como “la perfecta siempre Virgen Santa María”, y enseguida le expresa su deseo de que se construya “una casita sagrada en donde lo mostraré a Él” (nº 27). Está claro que se refiere a Jesús.

Acá llegamos al nº 28. “Lo ofreceré a Él a las gentes”, y a continuación la palabra notetlazotlaliz. Y en este punto encuentro una discrepancia en las traducciones:

- En varios lugares de internet veo: “Lo ofreceré a Él a las gentes en todo mi amor personal, mi mirada compasiva, mi auxilio, mi salvación”. La IA traduce notetlazotlaliz como “mi amor a las personas” o “mi amor por los demás”. Es decir, María manifestará a su Hijo a través de su amor de ella, su misericordia, su auxilio y su salvación de ella a las gentes (I will give Him to the people in all my personal love, in my compassionate gaze, in my help, in my salvation). Pero ¿acaso no salva Jesús y nadie más que Él?

- En cambio Eduardo Chávez, en el librito que yo tengo, traduce: “Lo ofreceré a Él a las gentes; a Él que es mi Amor-Persona; a Él, que es mi mirada misericordiosa; a Él, que es mi auxilio; a Él, que es mi salvación”. Algo muy diferente: María hará conocer al Señor, y solo Él es misericordia, auxilio y, por supuesto, únicamente Él es salvación (I will offer Him to the people, He who is my Love-person, He who is my merciful gaze, he who is my help, he who is my salvation). Esta es, para mí, la versión correcta sin duda.

La Virgen llama a Jesús su Amor-Persona, y esa delicadeza sugiere intimidad, ternura, comprensión, sosiego, esperanza… Me detuve y muchas veces, y hoy de nuevo, saboreo… Mi Amor-Persona.

        Tú eres mi Amor-Persona.

        En ti y desde ti
        todos los otros amores quedan
                incluidos,
                relativizados,
                explicados.

        Mi Amor-Persona…

        Tú eres la persona clave de mi vida,
                por quien hago locuras,
                por quien me adentro en lo incierto,
                a quien únicamente entrego
                        mi corazón.
    
        Solo mi Amor-Persona me conoce
                en lo profundo,
                        me mueve,
                        me cambia,
                        me resucita.

        Mi Amor-Persona… ¡Qué belleza!