sábado, 20 de junio de 2026

ESTALLIDO SOCIAL EN YANASHI

 
Sí, efectivamente, donde el derrame de petróleo. La serie de terror continúa con nuevos episodios de sufrimiento extremo de los pobres, incumplimiento de compromisos por parte de los responsables, abandono del Estado, humillación, desamparo, agotamiento y explosión de impotencia, rabia e indignación. No podía ser de otra manera.

La entidad dueña de las chatas accidentadas, y por tanto causante del vertido y obligada por ley a las medidas remediadoras inmediatas y posteriores, no se está comportando ni siquiera dignamente. Empeñaron su palabra y firmaron la entrega a la población de unas cantidades de agua potable y alimentos que, aunque estaban muy por debajo de los estándares señalados por la OMS, eran algo; pues dos meses después la gente ha recibido en total una triste canasta de víveres y una garrafa de treinta litros de agua.

Por otra parte, está la empresa contratada por la anterior para limpiar los escenarios del desastre. Aunque la norma da tres meses de plazo mínimo, ya están pensando en finalizar la faena y retirarse. Pero los vecinos siguen encontrando petróleo en las orillas, porque desde que ocurrió el incidente el río ha crecido, y temen que cuando merme reaparezca el crudo. El comité de autoridades local protestó a la OEFA, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental en Lima, nada menos. Y eso originó una reunión.

Se presentaron en Yanashi un ingeniero de OEFA Loreto, el jefe de la compañía de limpieza y un representante legal de la empresa responsable del siniestro. Yo llegué de Iquitos unos 45 minutos después, y me fui de frente al encuentro que mantenían con las autoridades. Un considerable gentío se iba congregando en la orilla del río y frente al salón parroquial, donde tenía lugar la reunión. El ambiente era tenso dentro y fuera.

El diálogo fue medio intrincado, hubo preguntas, aclaraciones en general poco convincentes, y la sensación de que a este pueblo lo están peloteando en un laberinto de informaciones y justificaciones. Las leyes, los organismos, los debidos procesos y las oficinas de la ciudad están a una distancia sideral del padecimiento concreto y palpable de las personas de acá, con nombre y apellidos. Tal vez necesitaban los ingenieros y el doctor un golpe de realidad, y lo tuvieron que aguantar.

De hecho, cuando salieron del salón, los esperaba una muchedumbre. En medio del creciente griterío, las autoridades nos dirigimos con los visitantes hacia el puerto, rodeados por los pobladores manifestando su irritación. Cuando la gente vio que se disponían a subir a los botes para zarpar, la irá subió de intensidad. Los vecinos les increparon fuerte, conminándoles a que dieran explicaciones y soluciones.

Por un momento temí que se iba a desencadenar la violencia. Vi miedo en los ojos de los forasteros. Había manos que jalaban de los cabos para que las embarcaciones no pudieran soltarse. Alguno logró subir, pero le hablé para que regresara a tierra, porque sentí que debían ellos escuchar directamente a la población enardecida y ofrecer aclaraciones. Propusimos ir al local comunal, bien cerquita, pero no, se dijo con cólera que allí mismo en la vereda había que conversar.

Y varias personas narraron sus historias. Una señora se mojó enterita por la olada en su canoa, y el agua del río “le quemaba”; un papá bañó a su hijita en la quebrada porque se les terminó el agua de lluvia y la tuvo que llevar a la posta con ronchas en la piel; trastornos gástricos, vómitos y diarreas por comer pescado; la angustia de tener que tomar agua del río, sabiendo que es venenosa, porque no hay otra…

Lindos, los rostros soleados con rasgos indígenas, las manos nudosas hechas al remo, ese español bola-bola, pero con la cruda sinceridad de quien le han arrebatado de un día para otro su fuente de vida, sustento y bienestar. Me daba gusto cómo se expresaban, su desgarro, el tono de la desesperación de quien ya no tiene nada que perder. Y me sentí orgulloso del pueblo menudo, y de poder estar allí con ellos respaldando, poniendo calma y ayudando alguito.

El pobre asesor legal dijo con su acento limeño que “no tenía poder para prometer nada”, se mereció una catarata de abucheos, gritos, insultos y se libró de algún guantazo. No es culpa suya: sus jefes lo mandaron a los pies de los caballos, mientras ellos bien comidos, bañaditos y tranquilitos. Porque ¿a quién le importan estas comunidades, cuatro gatos perdidos en medio de la selva?

Eso es lo más dramático. La Amazonía solo interesa como negocio, y sus habitantes son más bien un fastidio ligeramente engorroso para el gran capital. Pero para la Iglesia son los preferidos, los más vulnerables; le importan al Vicariato, me importan a mí. Y no les abandonaremos.

sábado, 13 de junio de 2026

QUE LOS DEL DOMUND LE DEN UN PREMIO AL QUESO "LA PINTA"


¡¿Pero cómo es posible que no le hayan dado todavía el óscar al Pájaro Loco?! – se indigna Mafalda, en una de sus famosas tiras. Pues eso mismo digo yo: ¿Cómo es posible que los del DOMUND no le hayan dado todavía un premio a la fábrica de La Pinta? Porque este queso está unido a muchas aventuras misioneras como parte esencial.

Fundamental para la supervivencia, quiero decir, ya que a bastantes misioneros los ha salvado en esos momentos de hambre pura y dura que se suelen suscitar en los recorridos. Con frecuencia las esperas son largas, se echa encima el día y la gente no tiene casi nada que ofrecer de comer; o bien hay poco tiempo entre una actividad y otra, o hay que zarpar de pronto a otro lugar… Y ahí La Pinta entra en escena.

Porque este queso importado de Holanda, fundido y un puntito fuerte, es un campeón en conservación: abres la lata, le buscas una tapa de plástico que le cuadre y resiste días y días sin necesidad de refrigeración. Que por otra parte sería imposible en estos ríos nuestros donde la electricidad es un lujo asiático, y peor en tiempos de subidón del precio del combustible por cierre del estrecho de Ormuz.

La primera vez que lo vi, lo sacaba el p. Jaime Lalonde (el único cura que celebra misa con gorro en la selva) de su congelador, que solo funcionaba cuatro horas en la noche, cuando la luz en San Pablo era así, y lo ponía para desayunar. Ahí lo conocí. Se comía un pedacito siempre después de su sopa con arroz blanco, hombre de costumbres inmutables.

En mi anterior viaje por las comunidades kichwa del alto Napo, La Pinta nos sacó de más de un apuro. Ante perspectivas de cenas inexistentes, o para matar el gusanillo durante la travesía, plas, echábamos mano de la lata cuchillo en ristre. Pero sobre todo en una jornada de bautismo masivo, creo recordar que en Rumi Tumi. Eso sí que fue heavy.

Eran veinte o treinta bautizos, es decir, todita la comunidad implicada. Eso significa baldes y baldes de masato, e invitaciones por todos los flancos. Domi me dijo: “Pucha, nos ha convidado medio pueblo, a ver cómo hacemos para cumplir con todos, hay que ir”. “Sí”, le dije, “pero antes hay que comer algo, si no nos vamos a emborrachar, y qué feo se vería”.

Riéndonos nos fuimos un momento al bote a ver qué había, y por el camino íbamos prometiendo a unos y a otros que sí, que vamos a ir a tu casa al ratito a celebrar. Eran cerca de las tres de la tarde, la gazuza y el sol apretaban después de más de dos horas de liturgia. Encontramos un par de pescados ahumados, algún huevo sancochado y… ¡nuestro querido queso La Pinta!

Al toque improvisamos un almuerzo que nos dejó medio armados, es decir en capacidad de no caernos redondos a la tercera ronda de masato (lo conté acá). Además, en varias casas había también chuchurrín, es decir aguardiente puro y duro ya para dar la puntilla al más valiente. Pues resistimos bastante bien (Domi, ¡qué tía!) oyes. Y ya en la noche alguien vendía carne de sajino, compramos y esa cena sí que nos supo deliciosa y reconstituyente de los estragos del alcohol.

Todo, con ayuda del queso La Pinta. Cuyo nombre no alude a la segunda carabela de Colón, sino a una vaca que según la IA es de la raza Holstein o Frisona, originaria de los Países Bajos y Alemania, y mundialmente famosa por su distintivo pelaje manchado de blanco y negro y su alta producción de leche. Por si hay algún anticolonialista por ahí, calma y tranquilidad.

Puedes encontrar La Pinta en muchas bodegas de Iquitos (publi), a la gente le gusta especialmente con madurito, según veo en redes. ¡Gran servicio el de nuestro queso misionero preferido! Ojalá ya estén considerando galardonarlo por su inestimable apoyo a la evangelización.

En fin, que hoy no tenía ganas de escribir nada serio. Y esto es lo que me ha salido.



domingo, 7 de junio de 2026

MI AMOR-PERSONA


Había leído años atrás el Nican Mopohua, el documento más antiguo que relata (de hecho el título significa "Aquí se narra" en náhuatl) las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el cerro del Tepeyac en 1531. Lo volví a leer después de viajar a México hace año y medio. En Navidad lo releí y encontré esta expresión en el número 28. Desde entonces la tengo atesorada con dulzura en el corazón.

Mi Amor-Persona. Escrito así, con mayúsculas, en la edición de Eduardo Chávez (México, 2021), que brinda la traducción paralela en náhuatl, español e inglés. Es la primera aparición de la Morenita al joven: primero lo llama, se le muestra, y a partir del nº 23 le habla, se presenta como “la perfecta siempre Virgen Santa María”, y enseguida le expresa su deseo de que se construya “una casita sagrada en donde lo mostraré a Él” (nº 27). Está claro que se refiere a Jesús.

Acá llegamos al nº 28. “Lo ofreceré a Él a las gentes”, y a continuación la palabra notetlazotlaliz. Y en este punto encuentro una discrepancia en las traducciones:

- En varios lugares de internet veo: “Lo ofreceré a Él a las gentes en todo mi amor personal, mi mirada compasiva, mi auxilio, mi salvación”. La IA traduce notetlazotlaliz como “mi amor a las personas” o “mi amor por los demás”. Es decir, María manifestará a su Hijo a través de su amor de ella, su misericordia, su auxilio y su salvación de ella a las gentes (I will give Him to the people in all my personal love, in my compassionate gaze, in my help, in my salvation). Pero ¿acaso no salva Jesús y nadie más que Él?

- En cambio Eduardo Chávez, en el librito que yo tengo, traduce: “Lo ofreceré a Él a las gentes; a Él que es mi Amor-Persona; a Él, que es mi mirada misericordiosa; a Él, que es mi auxilio; a Él, que es mi salvación”. Algo muy diferente: María hará conocer al Señor, y solo Él es misericordia, auxilio y, por supuesto, únicamente Él es salvación (I will offer Him to the people, He who is my Love-person, He who is my merciful gaze, he who is my help, he who is my salvation). Esta es, para mí, la versión correcta sin duda.

La Virgen llama a Jesús su Amor-Persona, y esa delicadeza sugiere intimidad, ternura, comprensión, sosiego, esperanza… Me detuve y muchas veces, y hoy de nuevo, saboreo… Mi Amor-Persona.

        Tú eres mi Amor-Persona.

        En ti y desde ti
        todos los otros amores quedan
                incluidos,
                relativizados,
                explicados.

        Mi Amor-Persona…

        Tú eres la persona clave de mi vida,
                por quien hago locuras,
                por quien me adentro en lo incierto,
                a quien únicamente entrego
                        mi corazón.
    
        Solo mi Amor-Persona me conoce
                en lo profundo,
                        me mueve,
                        me cambia,
                        me resucita.

        Mi Amor-Persona… ¡Qué belleza!

lunes, 1 de junio de 2026

EL PETRÓLEO VERTIDO CORROE AL SER HUMANO

 
Esa es la peor secuela de un derrame como el que estamos sufriendo en Yanashi. El crudo desparramado aterradoramente por la selva recrudece el lado tenebroso de las personas, envenena el clima comunitario, entorpece el fluir sereno de la vida. Porque no es más que el residuo visible de la codicia.

Ya desde las primeras reuniones, en medio de aquel desconcierto, nos enteramos de que iba a ser indispensable realizar una valorización económica del daño causado. El IDL nos pasó una publicación donde se explica el método y el resultado de la tasación llevada a cabo en el caso de Cuninico años atrás. Estableciendo unos criterios, se estiman las cantidades que los pobladores deberían percibir del operador como compensación por los perjuicios padecidos: peces que ya no se pescarán, cosechas que no se obtendrán, gastos por cuidados médicos… Un estudio laborioso y complejo que llevará su tiempo.

Pocos días después de mi visita, el comité de representantes de la población vino a Iquitos y los recibimos en el Vicariato. Cansados, impresionados, desolados. Llamamos a Defensoría del Pueblo, vinieron a asesorar con generosidad y competencia (¡gracias, dr. Abel Chiroque!). Había un denso programa de reuniones en diferentes organismos públicos; Bea y la doctora Jaqueline, de nuestra Oficina de Defensa de la Vida y de la Cultura, acompañaron al grupo. Fueron jornadas de trabajo arduo pero efectivo.

Poco después, por fin, apareció la empresa responsable, queriendo conversar. Se planteó inmediatamente la cuestión de las futuras indemnizaciones, y ahí parece que la unidad de la comisión delegada empezó a resquebrajarse. Según me contaron, de repente se presentaron personas queriendo formar parte del equipo; resurgieron viejas rencillas por motivos políticos; hubo cruce de agresiones verbales en las redes sociales, grabaciones secretas, clima social crispado.

El olor del dinero es el mismo que el del petróleo siniestrado, y provoca que a algunos les aparezca el signo del dólar ($) en las pupilas, como al tío Gilito, y salga lo peor del ser humano. Ya no importa la ofensa a la naturaleza o el dolor común, solo cuánta plata se puede ganar con el incidente. Normalmente los portavoces tenían que pagar sus pasajes, estadías y diligencias de su propio bolsillo (uno de ellos lo expresó al borde de las lágrimas), pero ahora alguien veía más bien oportunidad de negocio.

Incluso algún candidato también se metió, ofreciendo donaciones de agua y alimentos, adalid de la justicia y salvador de la situación, por supuesto a cambio de votos. Haciendo campaña y buscando ventajas a costa de la desgracia ajena. El bien común queda mancillado y tapado por una catarata de crudo sin control. El veneno negro marchita la bondad, corrompe la gratuidad y emborrona la decencia.

Felizmente, tras feroces discusiones, en Yanashi lograron definir los componentes de la delegación; regresaron a Iquitos y, con la mediación de Defensoría y del Vicariato, decidieron quién gestionaría la parte legal y alcanzaron algunos acuerdos con la empresa. Que tienen buena pinta, pero que habrá que hacer cumplir a cabalidad. Se prevé un proceso largo.

A esas alturas, ya se habían visto los primeros peces muertos, se habían registrado muchas reacciones y el Vicariato había emitido su pronunciamiento, que se puede leer acá. Pocas fechas después se reportaron casos severos de posible intoxicación: trastornos gástricos, problemas en la piel, pacientes con mareos… Es tarde para el agua, los animales, las plantas, la gente. Pasarán décadas hasta que se supere el trauma, si es que alguna vez se logra que esos lugares retornen a como eran antes.

El petróleo infligido contamina el ambiente natural y humano, porque corroe las relaciones. La avaricia desenfoca los intereses, ensucia las intenciones y, finalmente, socava la humanidad. Me parece la consecuencia más repugnante de este suceso aciago. Pero quiero fijarme en cómo también aflora lo mejor de muchas personas, que están dispuestas a sacrificarse por la salud y el bienestar de todos. Deseo mirar y reconocer para sentir esperanza.

sábado, 30 de mayo de 2026

LÍNEA 56


Este bus es de Buenos Aires, y será una de los miles de líneas 56 que seguro que hay por el planeta; pero solo esta sale cuando googleo. Somos únicos, y a la vez como todo el mundo. Así me siento yo en este día en que llego a 56 castañas. Un ser humano irrepetible, pero común y corriente. Gracias por las felicitaciones y buenos deseos.

El año pasado me fue bien con la numerología. Extrañamente, el 55 me inspiraba transformación, creatividad, retos, novedad y futuro. Y desde luego que en este tiempo he vivido circunstancias complejas y he aceptado una responsabilidad amplia y delicada que está suponiendo un cambio sensible para mí.

¿Qué sugiere el 56? Es muy parecido: simboliza la unión de la energía del cambio (5) con la necesidad de armonía y equilibrio (6), a menudo probando la estabilidad en situaciones de transición. Se asocia con el compromiso comunitario, la adaptabilidad y la superación personal.

Ha habido un cambio y va a venir otro cambio, porque este servicio que me han pedido es totalmente provisional. Siento este período como una travesía de aprendizaje y síntesis entre desafíos y cuidado, renovación y consistencia; se trata de aprovechar la coyuntura para reinventarme siendo más yo mismo.

Porque no todo tiene que ver con la magnitud o el carácter de esta tarea. La línea 56 viaja al centro de mí, recorre este proceso de crecimiento personal con sus baches, vías cortadas, tramos de poca visibilidad, obras, avenidas amplias, pistas por laderas de cerros junto a abismos, lluvia, semáforos, bajadas, paso por el taller, repostaje y estacionamiento. Es el conocimiento, profundización, acrisolado y bruñido de mi identidad, más allá de encargos transitorios.

La circulación de este colectivo no para, y como su nombre indica lleva en él a muchas personas, todo@s aquell@s para quienes significo algo en su vida. A ustedes les llevo conmigo siempre, me aportan mucho porque me siento muy querido y valorado, haga lo que haga. Gracias de corazón.

Esta mañana fui al banco y el vigilante de la puerta me dijo: “los adultos mayores a partir de 60 años, por la ventanilla preferencial de la izquierda”. “No todavía, gracias” – contesté con una sonrisa. Faltan muchos capítulos de esta aventura. Hay que prepararse para los próximos movimientos de la boa del Amazonas, siempre sorprendente.

Aunque ya con esto, sin duda ha merecido la pena, la evolución continúa.