sábado, 30 de marzo de 2024

MISAS CRISMALES


Este año se me ha dado participar en dos misas crismales, las de mis dos iglesias: en la que vivo y trabajo, o sea, mi Vicariato amazónico de San José; y la que me envía, es decir mi diócesis extremeña de Mérida-Badajoz. Por ese orden. He renovado dos veces las promesas sacerdotales (no vaya a ser que me olvide, ¿eh?). Y he podido apreciar las diferencias y similitudes…

La rúbrica sitúa la misa crismal el Jueves Santo, pero sería materialmente imposible que los curas nos fuéramos de las parroquias ese día, con la cantidad de cosas que hay que hacer; por eso en la catedral de Badajoz es el martes santo. Y en la de Indiana siempre celebramos la misa crismal durante la Asamblea Vicarial, aprovechando que estamos ahí la mayoría de los presbíteros; este año fue el jueves 29 de febrero, en plena Cuaresma... Ambas misas fuera de fecha.

Diría que acá había más de 100 sacerdotes, todos vestidos igual; en Indiana aquel día, 12 o 13 (somos creo que en total 14 y faltaba alguno) y cada cual con su estola a su estilo. En los dos casos la melodía de entrada fue “Pueblo de reyes”, pero en la sede vicarial no se escuchó el latín, mientras que en la catedral metropolitana la mitad de los cantos se entonaron en ese idioma, primorosamente acompañados por el coro y el órgano; allá guitarra, pandereta, quena y percusión.

Los compromisos del día de la ordenación fueron actualizados de manera compartida y semejante. Resulta peculiar sentirse parte de dos presbiterios al mismo tiempo, una gran suerte que vivo con agradecimiento pues conecta con la médula de lo que supone para mí ser misionero. Recibí muchos abrazos de condolencia, y algunos me confortaron de verdad.

En la bendición de los óleos y consagración del crisma advertí algunas divergencias: los momentos en que se realizaron, el tipo de recipientes… En mi selva se mezcla allí in situ el bálsamo perfumado con el aceite, acá estaba ya todo listo. Por supuesto los textos eran los mismos, pero en Badajoz los que traían y llevaban las ánforas plateadas eran siempre sacerdotes, mientras que en Indiana lo hicieron fundamentalmente laicos.

Y no es un detalle menor: la misa crismal del Vicariato, en el contexto de la Asamblea, donde nos reunimos todos los misioneros (que son mujeres en un 65% y laicos en un 25%), los delegados de los puestos de misión y otros agentes de pastoral, refleja el carácter no clerical, desde siempre, de nuestra iglesia misionera: los participantes presbíteros no llegábamos al 15% del total, mientras que en Badajoz probablemente era al revés.


Es siempre una misa en la que el pueblo lindo festeja a sus padrecitos. Sonaba solamente el tambor y don Oscar (en la foto) o la señora Janet portaban danzando los tarros de cristal con los óleos santos para que fueran bendecidos. El equipo de Caballo Cocha, encargado de preparar la celebración, colocó un par de elementos así, puramente autóctonos, que remarcaron el protagonismo de nuestra gente.

Y el mejor fue el gesto de la señal de la cruz, que un niño, un joven y un adulto nos marcaron a los curas sobre la frente; recordándonos así que somos consagrados como servidores del pueblo, del que formamos parte por el Bautismo, y en el que no somos más que nadie.

A mí me tocó Mayra, la hija de Mariana, que tiene 11 años, y con su media sonrisa se acercó para profundizar de ternura el distintivo invisible de mi vida, elegida por Diosito para alimentar a los más pequeños y vulnerables. Tal vez su dedo chiquito pueda despertar cada día en mí el deseo de estar a la altura del don que he recibido, así oré en silencio.

Aparecieron todavía símbolos varios, el pango y el masato camparon por las estrofas del canto de comunión, pero yo ya seguí bajo el encanto de aquel instante tan especial. En Badajoz hubo un aperitivo (Payva, lomo, jamón…) después de la misa; en Indiana, reunión de coordinación con gaseosa y galletas. Cada cual su singularidad; y yo de la selva.

sábado, 23 de marzo de 2024

NUESTRA MADRE HA SIDO MAESTRA


Gracias por la cercanía y las muestras de cariño para con nuestra familia en estos días tan difíciles de la enfermedad y el fallecimiento de mi mamá. Estas fueron las palabras que sus hijos preparamos para el final de su Eucaristía de despedida. Ya está en el abrazo eterno de Dios Madre.

Nuestra madre ha sido maestra. Nos ha enseñado a leer y a escribir a nosotros y a muchos niños y niñas de Mérida; pero más allá de eso, ha sido maestra de vida: nos ha transmitido en el día a día valores hermosos y claves para ser felices, como ella lo ha sido. La honestidad, el trabajo hecho con pasión y dedicación, el cuidado del más débil (recordemos su labor con los niños con síndrome de Down), la tenacidad, la humildad, la ternura.

Mamá nos ha enseñado a vivir. Y tal vez nos ha dado su mejor lección en la experiencia de la enfermedad y la muerte. Se enfrentó al mal "con todo el espíritu, vitalidad y ganas que le ponía a todo", en palabras de su médico, el doctor Jacobo Gómez Ulla. Nuestra familia le agradece a él su excelente labor, su cercanía y su delicadeza con ella.

Los últimos días han sido difíciles y a la vez muy reveladores del carácter de Mamá, del tesoro que llevaba dentro. No tenemos palabras para agradecer a Miguel Ángel y Montaña y el equipo de cuidados paliativos de Badajoz cómo nos han acompañado, a ella y a nosotros, el cariño con el que la han cuidado. Nunca lo olvidaremos.

Gracias a sus compañeras y compañeros y amigos del colegio Trajano, a sus alumnos y a todas las personas que han estado a nuestro lado en este proceso, también desde Perú. Gracias a mis compañeros sacerdotes, al provincial de los salesianos y nuestros obispos don Celso y don José, que está con nosotros hoy.

Como buena aragonesa, siempre tuvo muy presente a su Virgen del Pilar. Quedará en nuestro corazón su último viaje a Zaragoza con toda su familia hace un año.

Sus últimas palabras fueron: "Tened cuidado de Papá". Y así lo vamos a hacer, y es un privilegio porque mi padre es el que hace que todo sea fácil, durante toda la vida.

Mamá era una persona que lo llenaba todo y que dejará huella, fuerte y valiente hasta el final. Nosotros nos quedamos con lo mejor de ella, ella vive en nosotros, y ese legado es el que transmitiremos a nuestros hijos, sus nietos.

Gracias, Mamá.

Gracias Señor por ella.

sábado, 16 de marzo de 2024

UN REMANSO DE ALEGRÍA EN EL CORAZÓN DE LIMA

 
¿Quiénes son estas chicas jóvenes, con ese hábito tan original, que cantan increíblemente y que sonríen mientras cantan? – me pregunté al llegar a los ejercicios de la CONFER, de nuevo en Villa Marista. Porque enseguida me llamaron la atención, algo me transmitieron con su mera presencia, en la densidad del silencio.

Ellas viven en el silencio porque son monjas contemplativas, pero es una serenidad habitada, que desprende destellos humildes y limpios del Dios cuyos pies caminan por el barro de nuestra humanidad. Algo intuí allí al pie del cerro, y pude apreciarlo más de cerca cuando fui a visitarlas algunos días después.

Y es que quedaron palabras por decir. Cuando en la última Eucaristía del retiro la hermana Bego hizo una petición en voz alta, detecté al toque el acento y al final del almuerzo, antes de irnos todos, le pregunté: “¿de qué provincia del sur de España eres?”“De Granada, pero mis padres son de un pueblo de Badajoz que se llama Zahínos, ¿lo conoces?”. Clarooooooooo… He trabajado cerquita, en mis Valles lindos.

Cada charla del p. Simón Pedro comenzaba con un canto meditativo, melodías suaves que nos hacían respirar el perfume del Espíritu; así que ya había escuchado la excepcional voz de Bego antes. Me había cruzado con las hermanas Gabi, Patricia y Rocío, que es limeña. Y me había hecho gracia ver correr en las mañanas a la hermana Diana, vestida con un buzo del mismo color que su hábito, un polo blanco y una toca igualita que la de diario, pero más cortita: propiamente una monjita haciendo footing.

“Somos agustinas y estamos en la avenida Brasil”, y casi no hubo tiempo para más datos. De regreso a Lima, una somera indagación (https://www.facebook.com/monasteriodelaencarnacionagustinas.lima) me fue ilustrando. Ellas proceden de España, de un grupo dentro de su orden que decidió vivir su carisma con unos rasgos peculiares y ha fundado algunas comunidades. Recibieron a varias peruanas y, después de unos años, atendieron el pedido del Monasterio de la Encarnación, donde las religiosas eran muy pocas y mayores; y las peruanas regresaron a su país.


Escribo en su Messenger preguntando si puedo ir a visitar a Bego y me contestan enviándome un número de whatsapp de la portería; tecleo ahí y ella misma me responde, y quedamos para el día siguiente. Cuando voy a llamar me abre Diana, y comienza una tarde de encuentro y conversación. Muy acogedoras, me muestran el monasterio, su capilla, el claustro abierto al público, la huerta (es ahí donde corren, jeje), la iglesia; y me invitan a un refresco.

Tienen dos tortugas, pero las hermanas son resueltas, despiertas, abiertas. Dedican mucho tiempo diario a la oración, cuidan con esmero la liturgia, trabajan la fraternidad… pero descubro que también aman al Señor en la gente concreta, dan catequesis, reciben jóvenes, organizan jornadas y convivencias, aceptan peticiones de colegios y parroquias para compartir experiencias de espiritualidad… Algunas de ellas recién llegan de la Semana de la Catequesis de la Conferencia Episcopal, y a la vez un grupo de otras religiosas se prepara a un retiro que la madre Carmen les va a dar. De hecho, en su hospedería cualquier persona puede pasar unos días de recogimiento, con invitación a compartir la liturgia de las horas con la comunidad.

Me admiró especialmente su labor social. Les llegan alimentos a punto de caducar de supermercados cercanos y, con ayuda de amigos, los entregan diariamente a los necesitados. “Muchas personas tocan esa puerta cada día” – me dicen, y ellas responden con solidaridad y ternura. Se les nota sensibles a la situación del país, en sintonía con los más pobres… No podía ser de otra manera: profundas horas expuestas al Pan bendito, mucha intimidad con el Amor, las lleva a conectar con los vulnerables donde Él espera. La misión es esencialmente contemplativa, y ellas la viven.

Debería contar muchas cosas más: que hacen hermosos iconos y otros objetos artesanos, que se llevan rebién con los vecinos, que todas estudian Teología u otras carreras, que a veces no hay recreo porque deben preparar los víveres, que acompañan el canto de los salmos con cítara (primera vez en mi vida que rezo literalmente como David)… pero el más bello impacto que recibí fue su alegría. “Elige ser feliz” se lee en un edificio contiguo, y siento que estas mujeres los son. Lo percibo en sus rostros, en sus gestos, en sus miradas, en el carácter de su plegaria. Su casa es un remanso de alegría en este mundo convulso y violento. Gracias hermanas agustinas por existir y por ser como son. Recuerden que están invitadas al Vicariato, que acá necesitamos misioneras auténticas.

sábado, 9 de marzo de 2024

PARA VENIR A LO QUE NO ERES (Entrada número 1000)


“Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.”
(San Juan de la Cruz)
 
Para venir a lo que no sabes
No sabía que venía a la selva; salí de mi tierra con un plan,
pero llegué a lo que ni imaginaba.
Mi brújula se encantó,
              esta luz,
              la música de estas risas,
              la sencillez descalza 
atrajeron de forma dulce e irrevocable las fibras de mi vocación.
 
has de ir por donde no sabes
           El camino fueron las vueltas del río,
           la sorpresa ante la inmensidad y la belleza sin rebozo,
                        comprender que no comprendo
                        refundar mi mente,
                        deponer en un costado mi equipaje,
                        tunear mi ingenio
                        en lo posible…
Y aun así adentrarme.
 
Para venir a lo que no gustas
Me disgusta ser tan distinto de la gente.
Aborrezco el tacto erizado del mal,
que no puedes esquivar
Los estragos de la corrupción y el abuso,
            la atroz impunidad,
 el pueblo menudo siempre padeciendo.
 
has de ir por donde no gustas
por el claroscuro,
el peritaje en paciencia,
“noches sin dormir y días sin comer” (2 Cor 6, 5).
Por el desfiladero de la disminución
a la vez abrumado por las responsabilidades 
y el trabajo desbordante.
 
Para venir a lo que no posees
Esta claridad en la sonrisa.
Esta aceptación del vaivén de la vida, a veces cruel.
Esta alegre provisionalidad.
Esta pequeñez imbatible.
Esta ausencia de solemnidad. 
No poseo, pero deseo.
 
has de ir por donde no posees
Ensayar, tantear, experimentar, probar.
Sin seguridad,
sin mapas certeros
ni programas,
sólo fluir. Salir.
Porque todo se transforma.
 
Para venir a lo que no eres
Ser otro.
¿Se puede cambiar?
            No hay alternativa, eso es ser misionero.
            Esa locura, ese atrevimiento,
            esa deliciosa contradicción: evolucionar para ser auténticamente yo mismo
                            acá.
 
has de ir por donde no eres
Deslizarme por la aureola del deseo,
respirar los sueños amazónicos.
No hay garantías,
únicamente devoción, intuición, pasión.
Marcho por el amor y sus razones,
ligero y feliz. 


Esta entrada hace la número 1000 de mi blog Kpayo. Empezó el 10 de septiembre de 2008 con un texto muy breve titulado "Encrucijada", escrito en un momento personal de gran incertidumbre y zozobra. Casi 16 años después, jamás podría haber ni imaginado todo lo que pasaría, las experiencias que viviría, los lugares donde llegaría, las personas lindas que conocería... Gracias Diosito por tantísimo; y gracias a los amigos que siguen leyendo estos retazos de vida a lo largo del tiempo. Lo he querido celebrar con esta especie de paráfrasis de un poema de san Juan de la Cruz.

sábado, 2 de marzo de 2024

LLUVIA


Esta última semana llueve todos los días, vivimos dentro un clima mojado, con cielos apaciblemente grises y temperaturas benévolas. En la selva la vida se transforma cuando la lluvia se establece, y es algo delicioso y tristemente cada vez más esporádico, porque el colapso climático al que nos precipitamos se asoma en forma de sequías cada vez más mortíferas.

En la madrugada, un golpe de viento fresco me despierta, e inmediatamente el rumor, primero susurro y después repiqueteo sin ambages. Noto cómo las pequeñas gotas atraviesan la ventana con su malla, y planean sobre mi cuerpo; no habrá cosquillas más suaves. Nomás me volteo… qué rico se duerme cuando llueve.

La borrasca interrumpe muchas cosas, pero sin traumas ni malos humores. Se llega tarde al trabajo, no se puede seguir en la chacra, imposible acudir a la reunión… porque llueve. Está en el ADN de la gente que hay que parar o ralentizarse, y más de uno directamente se irá a su hamaca a dormir sin complejos. Quizás la lluvia sea percibida desde tiempos remotos como un momentáneo oasis primaveral en medio del tremendo calor que se soporta siempre.

Es algo cotidiano que el higrómetro cante el 70% o más de humedad a pesar de que el sol esté machacando sin clemencia; son los famosos ríos aéreos amazónicos, tan invisibles como reales. Entonces en este tiempo de rotundos chubascos, toda esa agua que hay siempre en el aire se materializa y cae dando vida, limpiando y realmente alegrando.

Me gusta creer que miles de litros cúbicos se precipitan sobre el Amazonas y alivian toda esa porquería que baja hasta el mar: residuos de metales pesados (mercurio, cadmio…) por la extracción de oro en las dragas, petróleo, plásticos. Ojalá una catarata de agua cristalina pudiera arrasar la contaminación y restablecer la selva a su pureza original… Soñar es gratis.

Increíblemente Iquitos no está preparada para aguaceros copiosos y sostenidos. Te vas al centro y encuentras tremendos lagos que anegan calles y veredas, el sistema de alcantarillado no tiene capacidad para asumir todo ese caudal y tus piececitos se mojan sin remedio. Algo parecido ocurre con muchos edificios, por ejemplo, colegios que son construidos con diseños y estándares de la costa y no resisten estas violentas tempestades; prontito se manchan de humedad y se malogran. Dinerales botados al agua, nunca mejor dicho.

Pero la gente linda, ellos tranquilos. Los niños empapándose jugando al fútbol bajo el chaparrón, sus risotadas abriéndose paso entre el fragor de la lluvia en los árboles. Unas mujeres en la orilla siguen lavando como si tal cosa, más rápido se va a enjuagar la ropa. Pies calatos embarrados, saltos sobre charcos, canalones transformados en duchas, resbalones en la madera… El agua aumenta la diversión y es siempre agradecida por los pobres.

No se puede salir, ni siquiera lograré ir de mi cuarto a la oficina sin quedar aguachinado; ah ya, entonces voy a agarrar una novela, voy a ponerme ¡calcetines! y miraré la lluvia en las pausas de la lectura. Recordando cuando era niño y tardes así se colmaban de sosiego y hogar. Felizmente todavía quedan.