viernes, 30 de abril de 2021

DE PRONTO, UN MENSAJE


El miércoles santo en la tarde me entra un whatsapp de un número desconocido:

Buenas noches Padre César.
Se extrañará de recibir este mensaje.
Desde que usted se fue a Perú le seguimos en la revista Iglesia en Camino, como en esta comunidad somos cinco peruanas, todo su trabajo ponemos en nuestras oraciones.
Cuando venga por España no se olvide de pasarse por aquí.
Y cuente con nuestra oraciones y sacrificios, sabemos lo mucho que trabaja en esa tierra.
Somos las Carmelitas Descalzas de Fuente de Cantos (Badajoz), sus paisanas.

😲. Así me quedé: a cuadros.

Les contesté rápidamente, ellas estaban en su recreo, que comienza a las 10 de la noche. La comunidad está formada por ocho religiosas, tres españolas y el resto peruanas, que son las más jóvenes y las que manejan la magia de internet:

Nosotras somos de Apurímac al sur del Perú.

Me dicen que han conseguido mi número a través de su párroco Apolo (¡gracias, Juan!), y que siguen mi blog. Proponen llamarnos por teléfono el día de Pascua, y así quedamos. Ya me ha ocurrido otras veces el descubrir que alguien lee lo que publico, y siempre me sorprende y me produce rubor.

Hoy es domingo de Resurrección y hace un rato que nos hemos visto por primera vez. El tono y el ambiente me recordaron a las clarisas de Zafra y otras monjas de clausura que conozco: esa simpatía, las risas, las miradas diáfanas, la felicidad evidente… Estar con ellas, aunque sea a través de la pantalla, es algo que te renueva, como una bocanada de frescura evangélica o una ración bien despachada de buen humor.

Me relatan que han llegado a la vida contemplativa y a mi país a través del trabajo de sacerdotes españoles que trabajan en su tierra natal, Abancay. Preguntan si conozco a tal o a cual, buscan establecer nexos, siempre con las sonrisas en todo lo alto. Quieren saber cómo fue mi venida al Perú, y a la selva, y les cuento la historia, con naturalidad, como si lleváramos años tratándonos.

¿Necesitan allí tal vez manteles para la iglesia? Claro que sí, contesto. Y por supuesto que corporales y purificadores también, acá está la catedral. La cosa se embala:

- ¿Qué talla tiene usted? Para hacerle un alba.
- ¿O camisas de clergyman?
- Allí no usan, ¿no ves el calor que hace?
- …

Jeje. ¡Qué buen ratito! ¿Se puede ser misionero-a sin salir de un convento en un pequeño pueblo de Extremadura? Se puede. ¿Se puede contemplar el mundo entero y abarcarlo con el corazón de Dios uniéndose a las luchas, sufrimientos y esperanzas de todos? Se puede. ¿Se puede querer algo o a alguien antes de conocerlo? También se puede.

Gracias hermanas Carmelitas por este detalle. Cuando pueda viajar por vacaciones, iré a visitarlas. Sé bien que detrás de los misioneros hay mucha gente, muchas oraciones, mucho apoyo, mucha solidaridad, mucho cariño. Estoy seguro de que, sin eso, no podríamos, yo al menos. Lo sé de sobra, pero viene muy bien sentirlo en tu propia piel de vez en cuando. Lo recibo como una chispa del Resucitado. ¡Feliz Pascua!

sábado, 24 de abril de 2021

HELADO DE PLÁTANO EN TAMSHIYACU


Es un gusto visitar Tamshiyacu, uno de los dos únicos puestos de misión que se encuentran Amazonas arriba desde Iquitos. Tras una leve travesía, se llega temprano a la tierra del humarí, la piña y el cacao, una pequeña y coqueta ciudad de gentes acogedoras y larga historia misionera. Su nombre está compuesto por dos palabras: tamshi = soga y yaku = agua.

La parroquia “Natividad de María” es una de las más extensas del territorio vicarial y comprende más de 80 comunidades, ahí es nada. El nombre propio del inicio de esta misión es el franciscano canadiense Raynaldo Comtois, que llegó en 1947, recién creada la prefectura apostólica; construyó la iglesia, la casa parroquial, y después de 8 años de duro trabajo desapareció en el río en 1955. Sus restos, encontrados cuando descendieron las aguas, fueron identificados gracias a su reloj de pulsera. Desde entonces reposa bajo el piso del templo, y una sencilla inscripción hace de memorial perpetuo.

Los sucesores de aquellos pioneros, el equipo misionero actual, está formado por dos comunidades: las tres religiosas Misioneras Eucarísticas de María Inmaculada (Ana María, Pina y Griselda), mexicanas, y los tres hermanos de la Comunidad del Desierto (Yvan, Gábriel y Alain), canadienses. Sus respectivas casas se encuentran dentro del recinto de la misión, muy cerquita, y la proximidad espacial se traduce en buena onda, relación cordial, cariño y apoyo mutuo.

De hecho, aquí tenemos un auténtico equipo, capaz de enfocar un propósito compartido, coordinarse, comunicarse, trabajar juntos… y festejar. Durante mi estancia dos almuerzos fueron en común, y realmente se esmeraron para ofrecer sus mejores manjares. Especialmente Alain hizo un helado de plátano cuyo recuerdo todavía me hace relamerme. Pero lo más agradable fueron las bromas, el buen humor… se notaba que la cosa fluía.

La imagen corresponde a la reunión que propongo a los misioneros cuando visito los diferentes puestos. Este año trato de que reflexionemos juntos sobre, precisamente, el trabajo en equipo, su necesidad e importancia hoy día, y qué claves pueden ayudarnos a mejorar, porque es algo que no en todos los lugares se logra de manera satisfactoria. Acá desde luego me pareció que están en una excelente dinámica, el diálogo fue constructivo y creo que todos aprendimos, además de reírnos con los vídeos.

Adita
Hubo tiempo también para salir a dar un par de pésames: a don Grimaldo, animador de larga experiencia, por la muerte de su esposa, y a mi prima Adita Caro, gran amiga, laica en primera línea de la parroquia, por el fallecimiento de su papá. Conversamos con Adita en su casa, y la encontré un poco apagada… y a su perra Princesa también. Pina me mostró el centro de fisioterapia, interesante proyecto solidario que ella acompaña desde hace años. Incluso me llevaron a conocer a don Guillermo Feldmuth, antiguo habitante de la calle y ahora terapeuta experto en rehabilitación de habitantes de la calle, educador, trotamundos y célebre narrador radiofónico en Tamshiyacu, un personaje de esos que impactan. Fundador de la ONG “Despertar amazónico” y de la Casa Hogar Bereshit, un centro de formación de líderes de la rehabilitación, que ellos mismos me presentaron y explicaron con todo detalle. Pueden verlo en estos enlaces:

Dos días dieron, pues, para mucho. Concelebrar la Eucaristía con el p. Yvan, anterior vicario general y 35 años en el Vicariato; probar los guisos de Gabriel, consumado chef; descansar en casa de las religiosas y disfrutar de baño propio porque Ana María me cedió el suyo; fastidiar a Gris y hacer planes para Cáritas vicarial… Gracias por la acogida y todas las atenciones. Lo que más me gustó, aparte del sorbete de plátano, fue este cartel:


Aunque faltó la tilde en la e 😉.

domingo, 18 de abril de 2021

MAMÁS ABANDONADAS


Hace algunos días llegaron dos mujeres a la misión para mantener una charla que ya he vivido dos o tres veces más desde que estoy en Indiana. Venían acompañadas por un hombre mayor, familiar de una de ellas, que fue el que abrió la conversación con otro tema. Despachados los prolegómenos, y mirando al piso tras sus mascarillas, me contaron su historia y me mostraron su herida.

Siempre son jóvenes, incluso demasiado. Como acá es habitual que las chivolas se embaracen a partir de los quince o dieciséis años, las mamás botadas pueden tener veinte y muy pocos, y un par de hijos. Como era el caso. El cuento es más o menos el mismo: un día cualquiera, de buenas a primeras, su pareja, el papá de sus hijos, sin decir esta boca es mía, desaparece sin más.

Sin motivo aparente, sin que haya de por medio riñas más graves de lo normal, sin dar síntomas de hastío, sin despedirse… simplemente se van. Y dejan a sus mujeres tiradas de la vida, con críos pequeños que les exigen todo su tiempo, sin oportunidad de trabajar, sin medios y, por supuesto, sin formación, porque apenas terminaron la secundaria, si es que llegaron, abrasadas por las llamas de la pasión.

A medida que narran sus penalidades, van asomando las lágrimas de impotencia, de humillación y de tristeza. El desamparo material es cruel, están obligadas a buscar apoyo en sus familias, a luchar por darles a sus hijos un plato de comida “o comprarles sus sandalias por lo menos”, en sus propias palabras. En una selva tan pobre como la nuestra, y peor con la pandemia que esparce miseria por todas partes, deben de estar pasándolo fatal.

Pero seguramente más doloroso aún es el abandono afectivo, la bofetada del desprecio mudo y sin paliativos por parte de quien te prometió amor… o tal vez no. Quizás una arista de estas situaciones sea justamente el hecho de que no hubo compromiso serio, manifestación pública de un vínculo, establecimiento de obligaciones y derechos mediante una institución como el matrimonio o la mera inscripción en el registro. Ahora todo se ventila diciendo “mi pareja” o “mi conviviente”, y eso puede conllevar provisionalidad, lazos en el fondo precarios, hogar de quita y pon.

- ¿Y dónde están sus… los papás de sus hijos?
- No lo sé. No le puedo ubicar.
- Yo tampoco. Tal vez en Trujillo, pero no tengo su número de celular.

Humo. Se volatilizaron sin dejar rastro. Pies, para que os quiero. ¿No les pesará ni un átomo a esos tipos el drama de unos hijos que van a crecer sin padre? ¿No les dará vergüenza escapar así, con nocturnidad y alevosía, para no tener que pasarles ni un sol? Y probablemente se creerán más machos porque han encontrado otra mujer más joven aún, menos usada, y presumirán de que ahora tienen “dos familias”. Menudos elementos; la hombría es afrontar tus responsabilidades. Ser padre es mucho más que un momento de inspiración en el que hiciste diana; es asumir que tu vida ya no te pertenece, sino que ahora consiste en sacar a tus hijos adelante.

Estas mamás vienen a la parroquia buscando socorro en alguien con autoridad, todavía consideran así a los misioneros en Indiana. Les recomiendo que vayan a la Defensoría Municipal del Niño y del Adolescente, que yo voy a conversar con el encargado para que las atienda bonito y puedan tramitar la denuncia por dejación de pensión alimenticia para sus hijos. Es curioso la cantidad de papás en Perú que reinciden en el incumplimiento de este derecho fundamental de los menores; muchos de ellos eran candidatos en las elecciones del otro día, por cierto.

Este país está repleto de mujeres solas con los hijos a su cargo, desvalidas y burladas. Es un problema de dimensiones gigantescas que de vez en cuando me salpica de indignidad, rabia y pesar. En momentos como este entiendo a las feministas radicales y me dan ganas de recortar virilidades en la misma medida que alargar el presupuesto nacional en educación al 10% del PBI.

domingo, 11 de abril de 2021

ME HAN ADOPTADO COMO MASCOTA


Eso es lo que hay. Oigo un maullido lastimoso y zalamero tras la puerta de mi cuarto en la tarde, ya quiere que le abra para dormir una de sus siestas. La gata entra, se sube a la impresora, se lleva una nalgada y finalmente se acomoda en la otra cama, que lleva tiempo llena de pelos… Se llama Collantes, como el personaje de la película “Campeones”.

Es cierto que cuando nació esta camada, yo quería una gata y la elegí a ella porque me gustó su cola verde pero con la punta blanca, como la panza; de hecho, la bauticé yo. Pero después no hemos tenido mucha relación, porque los chicos hijos de la familia misionera estaban encargados de los dos perros y los cinco gatos de la casa, y Collantes más bien paraba alrededor de ellos.

Curiosamente –los animales son increíbles-, desde que se marchó la familia, y a pesar de que ahora son las hermanas las que cuidan nuestro zoológico, Collantes se viene conmigo, me reclama comida, por momentos me persigue y buena parte del día lo pasa en este final del pasillo (“al fondo hay sitio”) adonde me he mudado. ¿Tal vez recuerda y/o siempre supo que ella es mi gata? Quién sabe, me hace ilusión pensar que sí.

Cuando amanezco y salgo a tomar mi agua con limón, la gata baja de la mesita de la tele, donde ha dormido. Maullido de “buenos días y ponme el desayuno”, seis o siete croquetas a su plato y empieza la jornada. A pesar de que se finge hambrienta y hace yapa cuando llega la hora del almuerzo comunitario, es una cazadora experta y la hemos visto zamparse sus buenas ratas. De hecho, para eso queremos a nuestros gatos, ¿no? Bueno, para eso y para dejarnos domesticar por ellos.

Es una peleona de cuidado (hace honor a su nombre), de vez en cuando llega con arañazos y mordiscos. Las pendencias nocturnas cuando va con sus novios pasan factura. Ya le he puesto a Collantes una ampolla de “suspensión hormonal”, pero comprendo que hay que esterilizarla e intento contratar a las hermanas para que la lleven, porque no quiero volver a pasar por el mismo trauma como con Chacha, que sigue en Islandia más ancha que pancha.

En la noche, cuando me siento un rato, siempre quiere subirse a mi regazo. No me deja cenar tranquilo, es una castaña. Y me hace sudar. Recuerdo que costaba Dios y ayuda que Chacha se subiera, se había vuelto más arisca, pero esta es una coscona de la patada. Acá es un entorno más silvestre, Collantes se mete debajo de la maloka, anda por el pasto, el lomo con suciedad y telarañas, me pone perdido… pero me encanta que se me tire encima.

Le acaricio su pelo suavito y empieza el ronroneo, algo que me fascina y que me gustaría aprender a hacer, tal vez no sea demasiado viejo. Cierra los ojos de puro relax y deleite, y entonces pienso que el amor siempre te da una segunda oportunidad, frase que podría ser el título de una novela de Corín Tellado. Cada mascota que pasa por nuestra vida tiene su personalidad, sorprendentemente los queremos y… todos nos adoptan.

Sobre todo los gatos, que ni siquiera necesitan hacernos creer que dependen de nosotros. Son libres, van y vienen, dan un zarpazo a nuestra afectividad, se aprovechan de las carencias que el celibato ensancha, y nos atrapan. Bueno, a mí al menos Collantes me tiene en el bote. Veremos que dice mi psicóloga cuando lea esto.

martes, 6 de abril de 2021

UNA PETICIÓN DESESPERADA


Me vienen a buscar del centro COVID: hay un paciente grave que requiere de los servicios del sacerdote.
- ¿Don Luis? – le pregunto al enfermero que trae el aviso.
- Así es – contesta.

Lo conozco porque es el enfermo que lleva más tiempo allí, más de mes y medio. Intrigado y algo desentrenado (acá es raro que pidan los óleos, aún más que en España), agarro los oportunos instrumentos y me encamino al colegio de primaria.

Luis tiene ochenta y tantos años, es menudo, muy delgado y de piel oscuramente amazónica. Está echado en una de las literas que la misión prestó al municipio hace meses para los internos del centro de aislamiento. Lo observo mientras dormita, solo el leve murmullo del concentrador apenas interrumpiendo la quietud del mediodía: la suciedad de la colchoneta, el revoltijo de tapers con restos de comida junto a cajas de medicinas, y una frazada mugrienta cubriendo sus pies.

Al principio no me reconoce y me llama “doctor”, a pesar de que ya le he visitado varias veces. Luego, cuando comprende que soy el cura, se incorpora trabajosamente para hablarme. Noto que desea y necesita conversar, seguramente una de las peores secuelas de la COVID es la soledad, el aislamiento social al que somete a los contagiados.

Enarcando su rostro para ensayar una sonrisa, Luis me habla, como tantos ancianos, del pasado. De cuando era niño y conoció a los padres canadienses. A Monseñor Dámaso, a Donato, y más tarde al padre Pierre y a Gastón Harvey. “Buenos hombres, buenos hombres”, repite. “Ellos me hicieron estudiar acá mismo donde estamos, que era la escuela de varones, y cuando acabé me fui a trabajar”. Y relata cómo ha sido su vida, tiene tres hijos, dos viven en Iquitos y uno en Indiana, pero con éste y su familia las relaciones se han torcido, y eso le duele.

“Nos enseñaron a confesarnos” y acto seguido, como para probar que él sabe desde niño, comienza a declarar sus pecados, y es una confesión muy real, muy honesta, que me emociona. Un hombre al borde de la muerte (es el único que ha necesitado balones de oxígeno estas semanas, y en varios momentos parecía que se iba) que se confía a la misericordia divina, y al que sé que Diosito contempla con ternura. Pero en medio de sus pecados, Luis entrevera el auténtico motivo de su llamada.

“Sufro mucho, padrecito. Estoy cansado. No estoy capaz ni de pararme para ir al baño. Mis hijos me cuidan y no pueden dormir. Me asfixio, no trago la comida… Por favor padre, póngame una ampolla para que se termine todo. Así ya no quiero seguir”. Me impacta lo que pretende y le contesto que no puedo hacer eso, que el fin de la vida es algo que está únicamente en manos de Dios. “Ya se lo he pedido al médico, a las enfermeras y a mi hija, pero nadie quiere”. Ella llega al rato y me lo confirma.

Me pregunto hasta dónde puede resistir el sufrimiento un ser humano. Doblegado por la postración y la debilidad extrema, Luis se hunde en el agotamiento, se deja arrastrar hacia la neblina de la muerte, que va invadiendo su ánimo a la espera del golpe definitivo. “Ya estoy regresando a verte” – me despido. Y de hecho, volveré dos o tres veces más, y la expresión de sus ojos me revelará que me reconoce, aunque olvida mi nombre. Voy porque hay un vínculo entre Luis y yo, algo que lo trae a mi presente, tal vez la duda de si podría hacer más por él.

Solo el día de su traslado de urgencia a Iquitos, porque han encontrado una cama para él en el hospital modular, me recibe con “padre César”. Ayudo a subirlo a la silla de ruedas, a llevarlo al puerto con el oxígeno… Y cuando el bote se aleja, le digo adiós y pienso, conmovido, que el mundo es muy injusto; que los pobres tienen que padecer y morir; que intentamos aliviar el dolor y la miseria, pero nos desbordan… Hasta hoy sigo recordando a Luis. Y me quedo en silencio.

jueves, 1 de abril de 2021

MAX MIX DE SEMANA SANTA


Este año el gobierno ha decretado inmovilización total obligatoria del 1 al 4 de abril, los días feriados de Semana Santa. No puede haber actos religiosos a pesar de que la provincia de Maynas ya pasó de riesgo “extremo” a “muy alto”. Pero como Lunes, Martes y Miércoles Santo sí podíamos abrir la iglesia al 20% de aforo, pensé: ¿y si celebramos todo el Triduo Pascual entero, de un golpe, en una sola liturgia el miércoles?
 
La idea no es nueva, ya he perpetrado otras veces popurrís pascuales en andanzas por pueblos lejanos (ver por ejemplo, la entrada del 8 de abril de 2015), de modo que compuse el esquema e incluso lo enviamos a todos los misioneros del Vicariato, por si les servía. Lo llamo “max mix” por aquellos discos con mezclas de canciones discotequeras que pegaban en mi adolescencia*. Por favor, Luis Fernando Álvarez, mi querido profesor de Liturgia, no sigas leyendo.
 
La super-celebración de anoche tuvo tres partes: la Cena del Señor, la Pasión y la Resurrección. Empezaba con un canto, la oración colecta del Viernes Santo y de frente a las dos primeras lecturas del Jueves: el Éxodo (la huida de Egipto) y 1 Cor 11 (la institución de la Eucaristía contada por Pablo). Un comentario y, para concluir la Cena, una presentación del pan y del vino que se colocaron sobre el altar desnudo, y en los que todos ofrecíamos nuestras vidas.

Tras una monición para que el personal no se perdiera demasiado, se leyó de manera dialogada un trozo de la Pasión, concretamente Jn 19, 16b-30. Otras breves palabras del presidente, y a continuación la Oración Universal propia del Viernes. La cruz hizo su entrada entonces desde el fondo de la iglesia, en silencio; una cruz de remocaspi (madera dura) portada por dos personas. De ahí los parroquianos se fueron levantando, sin aglomerarse, para llegar al pie de la cruz y adorarla. Según el protocolo no se podía tocar, pero los gestos fueron bien elocuentes y sentidos. Un par de familias veneraron la cruz todos al unísono, y eso me encantó.


Seguidamente, la Resurrección: con el cirio pascual ya prendido, se bendijo el fuego y, mientras yo iba por el pasillo pasando la luz a la gente, se cantaba el Pregón (Luis, te advertí que no continuaras); al final acabamos cantando todos el aleluya con las llamas alzadas. La foto está un poco movida, pero nadie se meneó de su sitio, igual que en el momento de la renovación del Bautismo, en que hice la aspersión simple. La bendición del agua y la liturgia eucarística discurrieron conforme a las rúbricas. Total: hora y cuarto. Sintético pero eficaz.

Nos quedamos moderadamente satisfechos: “es mejor que nada”. Hubo textos centrales, pero por reducir nos perdimos lecturas preciosas y típicas (el Siervo de Yahvé, la creación…). Logramos hacer algunos ritos únicos propios de estos días, como la adoración de la cruz, que siempre es una experiencia densa; pero en general, por el poco tiempo y la necesidad de condensar, muchos elementos no pudimos armarlos como a mí me gusta: partir y compartir un gran pan ázimo, escenificar el lavatorio de los pies, preparar una hoguera para ir en procesión con las velas encendidas, acercarnos a la pila para brindarnos el signo del Bautismo recíprocamente, por parejas o por grupos…
 

Creo que a los participantes les gustó el combo y les ayudará vivir estos días con más profundidad. Pueden seguir los oficios por facebook, pero ni por asomo eso puede reemplazar al encuentro personal, estar juntos en comunidad, ver, oír, oler, tocar y gustar… Accedemos a la realidad por la sensibilidad, y también así conectamos con Dios, que eligió dejarse encontrar por las mediaciones físicas y no por las pantallas. De hecho se entregó como alimento, nada más concreto y cotidiano.
 
Como posiblemente la Pascua sea lo que más me gusta, este max mix se me hizo muy corto y fugaz, me quedé con ganas de más. Extrañé mucho celebrar con el pueblo el año pasado, por eso anoche agradecí la oportunidad, y no pude evitar pensar sobre la marcha en cómo podríamos organizar esto o aquello en 2022… Deformación profesional y afición.
 
En fin, les deseo unos bonitos días. Felizmente en la resurrección no hay recortes, compendios ni resúmenes, solo plenitud. ¡Feliz Pascua!
 
* Un megamix parte de la idea de un collage musical y sonoro, en el que el productor combina elementos de diferentes canciones para crear un conjunto unitario; se trata de mezclar canciones de una manera estética y original. Así fue elaborado el Max Mix, el primer megamix español publicado en 1985 hasta 2008 y 2010 (ver en Wiki).