sábado, 27 de junio de 2026

EL PASEO MAÑANERO EN LA CIUDAD

 
Despierto temprano, todavía oscuro, y me lleva unos segundos darme cuenta de dónde estoy. Es algo habitual que la IA llama “desorientación del viajero” o "amnesia de despertar transitoria”. Me ayuda mirar mis viejos libros, una foto con mis abuelos y la imagen del Cristo de Javier en la cabecera de la cama. Me calzo las zapatillas y a caminar.

Hace un tremendo calor nada más salir a la calle, y eso que son poco más de las 6:30. Los primeros quince minutos son una bajada hasta la orilla del río. Casi no me cruzo con nadies; suele haber una cuadrilla de operarios de una empresa de limpieza preparándose para comenzar la jornada. Ríen, llevan escobones, van vestidos color malva y fuman, así que tomo aire y doy un rodeo.

El entorno fluvial está acondicionado como una zona recreativa, y normalmente hay gente haciendo deporte, pero a estas horas tan tempranas solo están los muy cafeteros. Al tercer o cuarto día ya nos reconocemos y hasta puede haber un movimiento de cabeza a modo de saludo: un treintañero que saca a pasear a sus dos perros, una señora muy tatuada, unos jubilados con gorra, un grupo de corredores ellos y ellas, todos estilizados y con polos de medias maratones (21K)…

No es como el paseo mañanero en los Valles, que describí hace casi 14 años, pero hay también silencio en medio del rumor urbano. Avanzo en la dirección del sol, que está apenas apuntando, de modo que los contornos de la vida se van definiendo perezosamente, como si al mundo le costase espabilar más que a mí. El alborear va peinando y arrancando claridades de la superficie del agua tensa del río, ocupada groseramente por el gramalote.

¿Será una garza esa ave que levanta el vuelo? Con ese pelaje negro rodeando sus ojos parece llevar un antifaz. El viejo puente, que asiste mudo al apagado de las farolas, guarda en su vientre un inquilino con carpa, frazadas y silla de ruedas; pobreza contumaz. Más abajo, ya en la ribera, se aprecian enhiestas las verdes varas del cañaveral, decoradas apenas con unas pocas flores blancas.

Los colores son grises, pardos y serenos en este trozo de naturaleza incrustado en la ciudad; únicamente los rayos solares, que se intuyen bajo el horizonte, aportan un suave sabor de conmoción a cámara lenta. Los trinos de los pájaros se combinan con el leve sonido de la radio, que me suele acompañar y arrancar algunas sonrisas mientras marcho.

Como siempre, durante el paseo mi cabeza cavila; me vienen planes para el Vicariato; maquino que "hoy tengo que hacer tal cosa, ver a tal persona"; pienso, considero, comprendo, mis mapas cognitivos se activan. Amo aun a distancia. Y regreso al presente, al peso decisivo de cada paso, al tacto rugoso de la tierra seca, acá y ahora.

Y a pesar de que mi ciudad es Mérida y la selva mi lugar, estoy en Badajoz por unos días, y todo concuerda.

sábado, 20 de junio de 2026

ESTALLIDO SOCIAL EN YANASHI

 
Sí, efectivamente, donde el derrame de petróleo. La serie de terror continúa con nuevos episodios de sufrimiento extremo de los pobres, incumplimiento de compromisos por parte de los responsables, abandono del Estado, humillación, desamparo, agotamiento y explosión de impotencia, rabia e indignación. No podía ser de otra manera.

La entidad dueña de las chatas accidentadas, y por tanto causante del vertido y obligada por ley a las medidas remediadoras inmediatas y posteriores, no se está comportando ni siquiera dignamente. Empeñaron su palabra y firmaron la entrega a la población de unas cantidades de agua potable y alimentos que, aunque estaban muy por debajo de los estándares señalados por la OMS, eran algo; pues dos meses después la gente ha recibido en total una triste canasta de víveres y una garrafa de treinta litros de agua.

Por otra parte, está la empresa contratada por la anterior para limpiar los escenarios del desastre. Aunque la norma da tres meses de plazo mínimo, ya están pensando en finalizar la faena y retirarse. Pero los vecinos siguen encontrando petróleo en las orillas, porque desde que ocurrió el incidente el río ha crecido, y temen que cuando merme reaparezca el crudo. El comité de autoridades local protestó a la OEFA, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental en Lima, nada menos. Y eso originó una reunión.

Se presentaron en Yanashi un ingeniero de OEFA Loreto, el jefe de la compañía de limpieza y un representante legal de la empresa responsable del siniestro. Yo llegué de Iquitos unos 45 minutos después, y me fui de frente al encuentro que mantenían con las autoridades. Un considerable gentío se iba congregando en la orilla del río y frente al salón parroquial, donde tenía lugar la reunión. El ambiente era tenso dentro y fuera.

El diálogo fue medio intrincado, hubo preguntas, aclaraciones en general poco convincentes, y la sensación de que a este pueblo lo están peloteando en un laberinto de informaciones y justificaciones. Las leyes, los organismos, los debidos procesos y las oficinas de la ciudad están a una distancia sideral del padecimiento concreto y palpable de las personas de acá, con nombre y apellidos. Tal vez necesitaban los ingenieros y el doctor un golpe de realidad, y lo tuvieron que aguantar.

De hecho, cuando salieron del salón, los esperaba una muchedumbre. En medio del creciente griterío, las autoridades nos dirigimos con los visitantes hacia el puerto, rodeados por los pobladores manifestando su irritación. Cuando la gente vio que se disponían a subir a los botes para zarpar, la irá subió de intensidad. Los vecinos les increparon fuerte, conminándoles a que dieran explicaciones y soluciones.

Por un momento temí que se iba a desencadenar la violencia. Vi miedo en los ojos de los forasteros. Había manos que jalaban de los cabos para que las embarcaciones no pudieran soltarse. Alguno logró subir, pero le hablé para que regresara a tierra, porque sentí que debían ellos escuchar directamente a la población enardecida y ofrecer aclaraciones. Propusimos ir al local comunal, bien cerquita, pero no, se dijo con cólera que allí mismo en la vereda había que conversar.

Y varias personas narraron sus historias. Una señora se mojó enterita por la olada en su canoa, y el agua del río “le quemaba”; un papá bañó a su hijita en la quebrada porque se les terminó el agua de lluvia y la tuvo que llevar a la posta con ronchas en la piel; trastornos gástricos, vómitos y diarreas por comer pescado; la angustia de tener que tomar agua del río, sabiendo que es venenosa, porque no hay otra…

Lindos, los rostros soleados con rasgos indígenas, las manos nudosas hechas al remo, ese español bola-bola, pero con la cruda sinceridad de quien le han arrebatado de un día para otro su fuente de vida, sustento y bienestar. Me daba gusto cómo se expresaban, su desgarro, el tono de la desesperación de quien ya no tiene nada que perder. Y me sentí orgulloso del pueblo menudo, y de poder estar allí con ellos respaldando, poniendo calma y ayudando alguito.

El pobre asesor legal dijo con su acento limeño que “no tenía poder para prometer nada”, se mereció una catarata de abucheos, gritos, insultos y se libró de algún guantazo. No es culpa suya: sus jefes lo mandaron a los pies de los caballos, mientras ellos bien comidos, bañaditos y tranquilitos. Porque ¿a quién le importan estas comunidades, cuatro gatos perdidos en medio de la selva?

Eso es lo más dramático. La Amazonía solo interesa como negocio, y sus habitantes son más bien un fastidio ligeramente engorroso para el gran capital. Pero para la Iglesia son los preferidos, los más vulnerables; le importan al Vicariato, me importan a mí. Y no les abandonaremos.

sábado, 13 de junio de 2026

QUE LOS DEL DOMUND LE DEN UN PREMIO AL QUESO "LA PINTA"


¡¿Pero cómo es posible que no le hayan dado todavía el óscar al Pájaro Loco?! – se indigna Mafalda, en una de sus famosas tiras. Pues eso mismo digo yo: ¿Cómo es posible que los del DOMUND no le hayan dado todavía un premio a la fábrica de La Pinta? Porque este queso está unido a muchas aventuras misioneras como parte esencial.

Fundamental para la supervivencia, quiero decir, ya que a bastantes misioneros los ha salvado en esos momentos de hambre pura y dura que se suelen suscitar en los recorridos. Con frecuencia las esperas son largas, se echa encima el día y la gente no tiene casi nada que ofrecer de comer; o bien hay poco tiempo entre una actividad y otra, o hay que zarpar de pronto a otro lugar… Y ahí La Pinta entra en escena.

Porque este queso importado de Holanda, fundido y un puntito fuerte, es un campeón en conservación: abres la lata, le buscas una tapa de plástico que le cuadre y resiste días y días sin necesidad de refrigeración. Que por otra parte sería imposible en estos ríos nuestros donde la electricidad es un lujo asiático, y peor en tiempos de subidón del precio del combustible por cierre del estrecho de Ormuz.

La primera vez que lo vi, lo sacaba el p. Jaime Lalonde (el único cura que celebra misa con gorro en la selva) de su congelador, que solo funcionaba cuatro horas en la noche, cuando la luz en San Pablo era así, y lo ponía para desayunar. Ahí lo conocí. Se comía un pedacito siempre después de su sopa con arroz blanco, hombre de costumbres inmutables.

En mi anterior viaje por las comunidades kichwa del alto Napo, La Pinta nos sacó de más de un apuro. Ante perspectivas de cenas inexistentes, o para matar el gusanillo durante la travesía, plas, echábamos mano de la lata cuchillo en ristre. Pero sobre todo en una jornada de bautismo masivo, creo recordar que en Rumi Tumi. Eso sí que fue heavy.

Eran veinte o treinta bautizos, es decir, todita la comunidad implicada. Eso significa baldes y baldes de masato, e invitaciones por todos los flancos. Domi me dijo: “Pucha, nos ha convidado medio pueblo, a ver cómo hacemos para cumplir con todos, hay que ir”. “Sí”, le dije, “pero antes hay que comer algo, si no nos vamos a emborrachar, y qué feo se vería”.

Riéndonos nos fuimos un momento al bote a ver qué había, y por el camino íbamos prometiendo a unos y a otros que sí, que vamos a ir a tu casa al ratito a celebrar. Eran cerca de las tres de la tarde, la gazuza y el sol apretaban después de más de dos horas de liturgia. Encontramos un par de pescados ahumados, algún huevo sancochado y… ¡nuestro querido queso La Pinta!

Al toque improvisamos un almuerzo que nos dejó medio armados, es decir en capacidad de no caernos redondos a la tercera ronda de masato (lo conté acá). Además, en varias casas había también chuchurrín, es decir aguardiente puro y duro ya para dar la puntilla al más valiente. Pues resistimos bastante bien (Domi, ¡qué tía!) oyes. Y ya en la noche alguien vendía carne de sajino, compramos y esa cena sí que nos supo deliciosa y reconstituyente de los estragos del alcohol.

Todo, con ayuda del queso La Pinta. Cuyo nombre no alude a la segunda carabela de Colón, sino a una vaca que según la IA es de la raza Holstein o Frisona, originaria de los Países Bajos y Alemania, y mundialmente famosa por su distintivo pelaje manchado de blanco y negro y su alta producción de leche. Por si hay algún anticolonialista por ahí, calma y tranquilidad.

Puedes encontrar La Pinta en muchas bodegas de Iquitos (publi), a la gente le gusta especialmente con madurito, según veo en redes. ¡Gran servicio el de nuestro queso misionero preferido! Ojalá ya estén considerando galardonarlo por su inestimable apoyo a la evangelización.

En fin, que hoy no tenía ganas de escribir nada serio. Y esto es lo que me ha salido.



domingo, 7 de junio de 2026

MI AMOR-PERSONA


Había leído años atrás el Nican Mopohua, el documento más antiguo que relata (de hecho el título significa "Aquí se narra" en náhuatl) las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el cerro del Tepeyac en 1531. Lo volví a leer después de viajar a México hace año y medio. En Navidad lo releí y encontré esta expresión en el número 28. Desde entonces la tengo atesorada con dulzura en el corazón.

Mi Amor-Persona. Escrito así, con mayúsculas, en la edición de Eduardo Chávez (México, 2021), que brinda la traducción paralela en náhuatl, español e inglés. Es la primera aparición de la Morenita al joven: primero lo llama, se le muestra, y a partir del nº 23 le habla, se presenta como “la perfecta siempre Virgen Santa María”, y enseguida le expresa su deseo de que se construya “una casita sagrada en donde lo mostraré a Él” (nº 27). Está claro que se refiere a Jesús.

Acá llegamos al nº 28. “Lo ofreceré a Él a las gentes”, y a continuación la palabra notetlazotlaliz. Y en este punto encuentro una discrepancia en las traducciones:

- En varios lugares de internet veo: “Lo ofreceré a Él a las gentes en todo mi amor personal, mi mirada compasiva, mi auxilio, mi salvación”. La IA traduce notetlazotlaliz como “mi amor a las personas” o “mi amor por los demás”. Es decir, María manifestará a su Hijo a través de su amor de ella, su misericordia, su auxilio y su salvación de ella a las gentes (I will give Him to the people in all my personal love, in my compassionate gaze, in my help, in my salvation). Pero ¿acaso no salva Jesús y nadie más que Él?

- En cambio Eduardo Chávez, en el librito que yo tengo, traduce: “Lo ofreceré a Él a las gentes; a Él que es mi Amor-Persona; a Él, que es mi mirada misericordiosa; a Él, que es mi auxilio; a Él, que es mi salvación”. Algo muy diferente: María hará conocer al Señor, y solo Él es misericordia, auxilio y, por supuesto, únicamente Él es salvación (I will offer Him to the people, He who is my Love-person, He who is my merciful gaze, he who is my help, he who is my salvation). Esta es, para mí, la versión correcta sin duda.

La Virgen llama a Jesús su Amor-Persona, y esa delicadeza sugiere intimidad, ternura, comprensión, sosiego, esperanza… Me detuve y muchas veces, y hoy de nuevo, saboreo… Mi Amor-Persona.

        Tú eres mi Amor-Persona.

        En ti y desde ti
        todos los otros amores quedan
                incluidos,
                relativizados,
                explicados.

        Mi Amor-Persona…

        Tú eres la persona clave de mi vida,
                por quien hago locuras,
                por quien me adentro en lo incierto,
                a quien únicamente entrego
                        mi corazón.
    
        Solo mi Amor-Persona me conoce
                en lo profundo,
                        me mueve,
                        me cambia,
                        me resucita.

        Mi Amor-Persona… ¡Qué belleza!

lunes, 1 de junio de 2026

EL PETRÓLEO VERTIDO CORROE AL SER HUMANO

 
Esa es la peor secuela de un derrame como el que estamos sufriendo en Yanashi. El crudo desparramado aterradoramente por la selva recrudece el lado tenebroso de las personas, envenena el clima comunitario, entorpece el fluir sereno de la vida. Porque no es más que el residuo visible de la codicia.

Ya desde las primeras reuniones, en medio de aquel desconcierto, nos enteramos de que iba a ser indispensable realizar una valorización económica del daño causado. El IDL nos pasó una publicación donde se explica el método y el resultado de la tasación llevada a cabo en el caso de Cuninico años atrás. Estableciendo unos criterios, se estiman las cantidades que los pobladores deberían percibir del operador como compensación por los perjuicios padecidos: peces que ya no se pescarán, cosechas que no se obtendrán, gastos por cuidados médicos… Un estudio laborioso y complejo que llevará su tiempo.

Pocos días después de mi visita, el comité de representantes de la población vino a Iquitos y los recibimos en el Vicariato. Cansados, impresionados, desolados. Llamamos a Defensoría del Pueblo, vinieron a asesorar con generosidad y competencia (¡gracias, dr. Abel Chiroque!). Había un denso programa de reuniones en diferentes organismos públicos; Bea y la doctora Jaqueline, de nuestra Oficina de Defensa de la Vida y de la Cultura, acompañaron al grupo. Fueron jornadas de trabajo arduo pero efectivo.

Poco después, por fin, apareció la empresa responsable, queriendo conversar. Se planteó inmediatamente la cuestión de las futuras indemnizaciones, y ahí parece que la unidad de la comisión delegada empezó a resquebrajarse. Según me contaron, de repente se presentaron personas queriendo formar parte del equipo; resurgieron viejas rencillas por motivos políticos; hubo cruce de agresiones verbales en las redes sociales, grabaciones secretas, clima social crispado.

El olor del dinero es el mismo que el del petróleo siniestrado, y provoca que a algunos les aparezca el signo del dólar ($) en las pupilas, como al tío Gilito, y salga lo peor del ser humano. Ya no importa la ofensa a la naturaleza o el dolor común, solo cuánta plata se puede ganar con el incidente. Normalmente los portavoces tenían que pagar sus pasajes, estadías y diligencias de su propio bolsillo (uno de ellos lo expresó al borde de las lágrimas), pero ahora alguien veía más bien oportunidad de negocio.

Incluso algún candidato también se metió, ofreciendo donaciones de agua y alimentos, adalid de la justicia y salvador de la situación, por supuesto a cambio de votos. Haciendo campaña y buscando ventajas a costa de la desgracia ajena. El bien común queda mancillado y tapado por una catarata de crudo sin control. El veneno negro marchita la bondad, corrompe la gratuidad y emborrona la decencia.

Felizmente, tras feroces discusiones, en Yanashi lograron definir los componentes de la delegación; regresaron a Iquitos y, con la mediación de Defensoría y del Vicariato, decidieron quién gestionaría la parte legal y alcanzaron algunos acuerdos con la empresa. Que tienen buena pinta, pero que habrá que hacer cumplir a cabalidad. Se prevé un proceso largo.

A esas alturas, ya se habían visto los primeros peces muertos, se habían registrado muchas reacciones y el Vicariato había emitido su pronunciamiento, que se puede leer acá. Pocas fechas después se reportaron casos severos de posible intoxicación: trastornos gástricos, problemas en la piel, pacientes con mareos… Es tarde para el agua, los animales, las plantas, la gente. Pasarán décadas hasta que se supere el trauma, si es que alguna vez se logra que esos lugares retornen a como eran antes.

El petróleo infligido contamina el ambiente natural y humano, porque corroe las relaciones. La avaricia desenfoca los intereses, ensucia las intenciones y, finalmente, socava la humanidad. Me parece la consecuencia más repugnante de este suceso aciago. Pero quiero fijarme en cómo también aflora lo mejor de muchas personas, que están dispuestas a sacrificarse por la salud y el bienestar de todos. Deseo mirar y reconocer para sentir esperanza.

sábado, 30 de mayo de 2026

LÍNEA 56


Este bus es de Buenos Aires, y será una de los miles de líneas 56 que seguro que hay por el planeta; pero solo esta sale cuando googleo. Somos únicos, y a la vez como todo el mundo. Así me siento yo en este día en que llego a 56 castañas. Un ser humano irrepetible, pero común y corriente. Gracias por las felicitaciones y buenos deseos.

El año pasado me fue bien con la numerología. Extrañamente, el 55 me inspiraba transformación, creatividad, retos, novedad y futuro. Y desde luego que en este tiempo he vivido circunstancias complejas y he aceptado una responsabilidad amplia y delicada que está suponiendo un cambio sensible para mí.

¿Qué sugiere el 56? Es muy parecido: simboliza la unión de la energía del cambio (5) con la necesidad de armonía y equilibrio (6), a menudo probando la estabilidad en situaciones de transición. Se asocia con el compromiso comunitario, la adaptabilidad y la superación personal.

Ha habido un cambio y va a venir otro cambio, porque este servicio que me han pedido es totalmente provisional. Siento este período como una travesía de aprendizaje y síntesis entre desafíos y cuidado, renovación y consistencia; se trata de aprovechar la coyuntura para reinventarme siendo más yo mismo.

Porque no todo tiene que ver con la magnitud o el carácter de esta tarea. La línea 56 viaja al centro de mí, recorre este proceso de crecimiento personal con sus baches, vías cortadas, tramos de poca visibilidad, obras, avenidas amplias, pistas por laderas de cerros junto a abismos, lluvia, semáforos, bajadas, paso por el taller, repostaje y estacionamiento. Es el conocimiento, profundización, acrisolado y bruñido de mi identidad, más allá de encargos transitorios.

La circulación de este colectivo no para, y como su nombre indica lleva en él a muchas personas, todo@s aquell@s para quienes significo algo en su vida. A ustedes les llevo conmigo siempre, me aportan mucho porque me siento muy querido y valorado, haga lo que haga. Gracias de corazón.

Esta mañana fui al banco y el vigilante de la puerta me dijo: “los adultos mayores a partir de 60 años, por la ventanilla preferencial de la izquierda”. “No todavía, gracias” – contesté con una sonrisa. Faltan muchos capítulos de esta aventura. Hay que prepararse para los próximos movimientos de la boa del Amazonas, siempre sorprendente.

Aunque ya con esto, sin duda ha merecido la pena, la evolución continúa.

sábado, 23 de mayo de 2026

LAS HORAS VIVAS


Entre los momentos más bonitos de las visitas a los puestos de misión están, sin duda ninguna, los tiempos sencillos y espontáneos compartidos con los misioneros. Por supuesto que el propósito es encontrarme con todo el pueblo de Dios en cada lugar, pero este año estoy disfrutando particularmente de la relación fraterna con mis compañeros y compañeras.

Ya sea porque la gente me tiene muy visto (llevo desde 2020 visitando todos y cada uno de los puestos de misión, y algunos varias veces al año), o porque eso de administrador apostólico no lo entiende casi nadies, el caso es que a menudo mi llegada no despierta pasión de multitudes precisamente. Desde luego lo comprendo, y en todo caso alivia mi timidez.

Las reuniones con los consejos de pastoral, catequistas, adultos o jóvenes han adquirido una pátina de saludable recurrencia. Nos conocemos sobradamente, hay menos novedad, y más bien en este cuarto año de plan pastoral se trata de persistir y profundizar en lo ya emprendido. Eso hace que todo me sepa más relajado y ligero.

No hay informe con sugerencias para el equipo misionero, como las primeras veces. Sí reuniones y conversaciones, pero menos formales. A estas alturas domino bien la cancha, voy aprendiendo a leer entre líneas y a hacer rendir la intuición. La convivencia es más llana, adornada con la naturalidad que da la costumbre. Es cierto que soy la máxima autoridad y los años anteriores no era así, pero me ayuda no ser obispo (que es lo que todo el mundo sí entiende) y que se sabe que este servicio es provisional.

En resumidas cuentas: vuelan muchas más risas. Las acostumbradas bromas salpican de humor diálogos y encuentros, y yo lo vivo con la sensación grata de un viajero que regresa a un paraje querido. Porque casi con cada grupo hay códigos para molestar ya clásicos, y modalidades de divertirse conmigo repetidas y afinadas en el tiempo. Es un vacilón.

La familiaridad alegre pasa en buena parte a través de la comida. Es un lenguaje de acogida y reconocimiento, te agasajan con lo mejor que tienen y saben preparar. Los viajes parecen pequeños itinerarios gastronómicos internacionales, porque los misioneros del Vicariato somos de once nacionalidades. Entonces disfruto de tacos y quesadillas mexicanos, carne con aderezo picante de la India, poutine canadiense, churrasco brasilero, sancocho de Colombia, alfajores argentinos, ceviche típico peruano, flan de Montse y, por supuesto, tortilla española. A veces la preparo yo, en un intento de corresponder alguito a esos cariños.

Mención aparte merecen el tequila, la caipirinha y el vodka de Polonia, que hacen que las carcajadas retumben más francas y cantarinas. Se cuentan anécdotas de la misión, caídas al barro, aquel día que hacía un calor que casi nos acaba, o cuando pusieron de comer mono, o el bote se malogró, o la lluvia nos agarró y nos empapamos, o en tal comunidad nos machacaron los ysangos…

Chismeamos, criticamos y nos metemos con este o con aquella en plan gracioso, solo para esparcirnos sanamente. A veces hay noticias en la tele o una película nocturna, con sus piqueos; o también paseo, salir juntos a caminar o a almorzar. Momentos de descanso, de estar juntos simplemente, dejando caer los roles y cultivando la confianza. Creo que es también labor del pastor propiciar eso.

Son, en hermosa expresión de Khalil Gibran, las “horas vivas”:

"No busquen a su amigo para matar el tiempo. Búsquenlo siempre para las horas vivas".*

Así fluye entre nosotros, a pesar de las dificultades, los desacuerdos y los problemas, que haberlos haylos. Aunque noto vínculos más estrechos que otros, toda esa experiencia tiene que ver con la amistad. Definitivamente, este año peculiar para mí los mejores ratos están siendo con los misioneros. Y vaya si estoy disfrutando.

* En su obra El Profeta (1923).

sábado, 16 de mayo de 2026

ATAÚD Y LLANTO CHIQUITOS


Cuando en el hospital de Santa Clotilde, en el río Napo, en medio de la selva, hay una emergencia o un caso que allá no pueden tratar por no contar con los medios, piden “una referencia” al hospital regional de Iquitos; es decir, solicitan permiso para trasladar al enfermo en ambulancia por el río, o de frente que acuda urgentemente la hidroavioneta a buscarlo. Y así ocurrió en esta historia.

Muchas veces a una de las misioneras camilas le toca marchar acompañando al paciente, teniendo que dejar de improviso lo que traiga entre manos. La hna. Lisbeth me avisó de que estaba volando a Iquitos con un bebé de seis meses que habían llevado al hospital desde una comunidad en el río Tambor, zona netamente kichwa a más o menos a un día de navegación en peque desde Santa Clotilde.

Recibieron al pacientito y enseguida se pusieron con él, pero llegó muy grave y al día siguiente murió. El doctor dijo que habían hecho todo lo humanamente posible, pero tenía una sepsis extendida por todo su pequeño organismo. ¿Cómo es posible que se llegara a ese extremo? La criatura estaba sin vacunas, su mamá menor de edad incapaz de cuidar bien a su hijo, sus abuelos maternos alcoholizados, todo ello sumado a la distancia… A veces la vulnerabilidad y la miseria son estremecedoras.

“Por fortuna llegó una tía a la que casi obligué a venir, porque si no iba a estar esa mamá sola”, me cuenta Lisbeth. Y yo añado: la mamá es realmente una huambra que a duras penas entiende y logra expresarse en español, víctima de uno de los muchísimos embarazos adolescentes que se dan en la región. Era la primera vez que esa chica y su tía ponían un pie en la ciudad; podemos imaginar el asombro y el desconcierto cuando aterrizaron, vieron esa mole de cemento, olieron aire contaminado y se aturdieron con el ruido de los motocarros.

El cadáver lo guardaron en la morgue del hospital esa noche, y a tía y sobrina las alojamos en la casa de salud del Vicariato, donde tuvieron cena y no sé si lograron descansar con tales disgusto y ajetreo. A la mañana siguiente, la hermana me pidió que la acompañara a embarcarlas junto con el cuerpo del bebé, para que pudieran regresaran a su casa y enterrarlo. Les compró su desayuno y nos fuimos los cuatro al puerto.

Sin bajar todavía al río, esperamos a la camioneta de la funeraria que traía el féretro. Los chaucheros se ofrecían a cargarlo, pero yo les decía que era nomás un llullito. Se retrasaba, aunque si afloró algún nervio poco se notó, porque la mamá adolescente se veía como bloqueada, seria e impasible, sin pronunciar palabra. Se puede apreciar en la foto, que recoge el momento en que finalmente llegó: la muchacha sosteniendo la cajita, su tía de negro, y la religiosa a su costado.

Caminábamos por la pasarela y bajábamos las gradas, la tía portando con aplomo en brazos el pequeño ataúd (que el Vicariato costeó) envuelto en plástico azul, la mamá tras ella, y yo detrás; y ahí, en ese breve recorrido, envuelto en un momentáneo silencio mínimamente hendido por los rumores del puerto, escuché unas lágrimas apenas esbozadas.

Era la joven. La cabeza baja y un llanto menudo, tímido, discreto, pero que me llegó adentro y me emocionó. ¿Sería la dimensión del sollozo proporcional al tamaño del difunto? Más bien lo percibí como la señal de una tristeza prístina, la desolación por una vida truncada sin casi comenzar, el dolor por la desgracia, la confusión por los estragos de la injusticia.

Subieron la caja chiquita al portamaletas; nos despedimos sin saber qué decirnos y ellas montaron en el bote. La pobreza es la muerte prematura, la cruel cancelación del futuro. En ella nace la inmensa mayoría de nuestro pueblo; este niño había nacido en la comunidad Santa Elena y se llamaba Jhekson Sebastián. Aunque nunca vi su rostro, hasta ahora siento por él pesar e impotencia.

sábado, 9 de mayo de 2026

ME CAUTIVAN LOS DESCANSOS SEMANALES DEL PAPA EN CASTELGANDOLFO

 
“A mí me ayuda mucho esta pausa en la semana”, dijo León XIV un martes noche a las puertas de la Villa Barberini, en la habitual conversación informal con los periodistas antes de regresar a Roma. Lo leo en RD y envidio esa posibilidad o esa convicción o esa fortuna o esa decisión de lograr tiempos de descanso de manera regular.

Y me pregunto: si el Papa puede, ¿por qué yo no? No creo que haya muchas personas en el mundo con tal carga de trabajo y responsabilidad. Y él ha elegido y conseguido organizar un ámbito en el que, aunque atiende mensajes o recibe llamadas urgentes, está claro que se desconecta: "es realmente una oportunidad para relajarse, y no tiene que llevar su hábito papal todo el tiempo", comenta su hermano John.

El primer ingrediente es que cambia de espacio geográfico y se traslada de su entorno habitual (el Vaticano, el palacio apostólico, los focos y las cámaras) a un lugar tranquilo y privado, con jardines y altos muros. El segundo y muy importante es el ejercicio físico: jugar al tenis, nadar o montar a caballo. Con otra indumentaria y otro ritmo, disfrutar del paseo, la lectura, la meditación… la calma (tercer aspecto clave).

Además, León XIV también recibe a sus amigos íntimos, algunos procedentes de Estados Unidos o incluso del Perú. Eso sugiere diálogos personales, recuerdos, momentos propicios para que Robert Francis, el experto en escucha, pueda ser escuchado.  Por tanto, confianza para dejar caer las defensas, libertad de poner en stand-by el personaje y contactar con él mismo. Sin duda ratos agradables.

Todo ello experiencias humanas muy básicas y necesarias para alcanzar un equilibrio que después se aprecia en las audiencias, apariciones públicas, discursos, liturgias… pero también en la distancia corta. Él me preguntó cómo lo veía yo, y le dije sin vacilar que “tranquilo y bien”, porque eso me transmitía su rostro en aquel encuentro.

Este descanso sistemático y preparado, ese cuidado de sí mismo convencido y dedicado, le permiten un desempeño eficaz, un servicio integral y profundo y una capacidad de escucha exhaustiva. Las horas en Castel Gandolfo son una inversión, un imperativo de salud y seguramente un gustazo. Y para mí, una inspiración y un cuestionamiento: ¿es realmente responsable trabajar por encima de las propias posibilidades? ¿No conduce eso a un agotamiento (burnout) imprudente e innecesario?

¿Cómo podría yo, que tengo obligaciones menos severas que León, asegurar un reposo parecido? En la misión no es fácil. No hay materialmente dónde escaparse; tal vez dar un salto a Lima, o como en la pasada Navidad en Yanashi, procurando ir más lento y pidiendo que me dejen tranquilo… Es complicado. En cuanto al deporte, el clima lo entorpece. Tiene que ser en la noche o de madrugada; si no, sudas a lo bestia y te deshidratas… Aun así, tengo mi bicicleta estática y algo intento.

La autoridad te somete a una soledad antes desconocida para mí. Extraño enormemente a mis amigos, poder hablar a corazón abierto, expresarme sin cautela, ser comprendido a fondo, respirar afecto incondicional. El celular ayuda, pero ese acompañamiento requiere la cercanía, la mirada y el abrazo. Estamos muy lejos…

Y además, el Papa cuenta con una persona encargada de ser “quien le ayuda en el trabajo diario y quien también lo protege para que logre realizar su trabajo con tranquilidad. Ayudarle también a buscar y a conseguir el descanso necesario para que el Santo Padre pueda continuar con su misión de guiar a la Iglesia”. Es su secretario, el peruano Edgard Rimaycuna, quien lo explica en una reciente entrevista.

¡Tener a alguien para protegerte y asegurar tu descanso! (Guau, ahí sí que no le puedo igualar. Normalmente me dan muchos consejos del estilo “tienes que cuidarte”, “delega”, “no te quemes”… para inmediatamente pedirte algún servicio, y por tanto dándote más tareas). ¡Qué suerte! Tengo que rumiarlo y corazonarlo, junto con la llamada “cuida de tí mismo” de 1 Tim 4, 16. Pero qué hermosura lo del p. Edgard; seguramente es una definición acabada y original de vivir en comunidad.

sábado, 2 de mayo de 2026

DERRAME DE TRISTEZA EN EL AMAZONAS

Los vertidos de petróleo, mortíferos para la Amazonía, solo los había visto de lejos. Aun así, me indignaron y me afligieron, como ya conté acá hace casi diez años. Ahora me ha tocado de muy cerca, en el territorio vicarial, en mi querido Yanashi. Y constato que, además de los impactos ambientales, sanitarios, económicos, alimentarios, comunitarios y demás, el principal efecto es la tristeza.

La crónica, difundida desde muchas plataformas, narra que hace tres semanas, la madrugada del sábado 11 de abril, dos chatas (embarcaciones contenedoras de petróleo) chocaron y encallaron en el río Amazonas a la altura de la boca del Napo, a unos 65 kilómetros de Iquitos río abajo. Son enormes barcazas que transportan crudo desde el lote 95 en Bretaña, río Ucayali, hasta Manaos. ¡Estamos hablando de un trayecto de 1.800 kilómetros de río y de al menos 9 días de navegación! Un peligro mastodóntico y letal que no parece importarle a casi nadie.

Desde temprano aquella mañana comenzaron a llegar testimonios, fotos y videos. Los pobladores dieron la alerta y muy rápido contactaron con diferentes organismos e instituciones, con ayuda del Vicariato. La OEFA (Ministerio del Ambiente), el guardacostas y la capitanía del puerto se personaron aquella misma tarde. Pero al día siguiente eran las elecciones generales y no pasó nada. Y por supuesto, la empresa responsable (el operador) no dio señales de vida hasta una semana larga después.

Siempre hay mucha desinformación y confusión en estos episodios. Se hablaba de 285 galones arrojados, lo cual nos hacía sonreír… Luego se convirtieron en 285 barriles (un barril tiene 42 galones, aproximadamente 160 litros), luego estaríamos hablando de 45.600 litros; un horror. El agujero del casco de la nave mide 4,5 metros de largo por 1,5 de ancho. Podría tratarse de mucho más petróleo todavía.

Me lo contaron cuando estuve allá, cinco días más tarde. Se veía la mancha en las orillas, se apreciaba el olor. Había aparecido una empresa de limpieza a hacer una inspección; las autoridades sanitarias habían tomado muestras del agua; incluso les habían llevado, de parte del operador, 119 botellas de 7 litros de agua, en total 819 litros para una población afectada de más de 4000 habitantes, contando las comunidades de las quebradas Oroza y Yanashi, varias de ellas indígenas. Nos reímos por no llorar.

Uno de los representantes de esas comunidades llevó un balde lleno de petróleo, que había recogido de una cocha con sus propias manos: una porción de asquerosidad amenazadora. Les brindé algunas explicaciones después de haber consultado a personas expertas: el IDL (Instituto de Defensa Legal), el defensor del pueblo en Loreto, el obispo de Iquitos… Los noté asustados, perdidos, necesitados de respaldo y orientación. De pronto aparecen por todas partes organizaciones indígenas, entidades, medios de comunicación; todos aconsejan, ofrecen apoyo, pero ¿a quién atender?, ¿qué es lo que hay que hacer?

Ante la magnitud de lo que ha ocurrido y la incertidumbre ante lo que viene, se siente desamparo y angustia. El agua del río es la vida, se usa para todo: para beber, cocinar, bañarse, lavar la ropa… Pero esa agua se ha convertido en un tóxico. Es como estar atrapado. Con el pescado malogrado, los fondos llenos de crudo, las playas que ya no darán arroz en la vaciante. Rodeados de veneno, expuestos a enfermedades y secuelas todavía no bien conocidas, el futuro está comprometido. Con todo, vi a niños nadar y a un par de viejitos tomar su habitual baño.

Lo peor es la impotencia. Porque el daño causado es irremediable. Se podía haber evitado, sin duda ninguna, pero la codicia del ser humano causa víctimas. Esas familias, que navegaban con normalidad sus luchas y su pobreza, han visto trastocada su vida para siempre. Me fui con ellos, aunque fuera por unas horas; por supuesto que eso no resolvió nada, pero como Iglesia creo que hemos de alentar, sostener, acompañar y consolar.

Es un proceso que se presume largo y apenas comienza. Miguel Cadenas dice que lo estamos haciendo muy bien. No lo tengo claro. Sí sé que estamos ante algo lamentable, vergonzoso y profundamente injusto. Siento rabia, amargura, perplejidad y, sobre todo, desconsuelo.

sábado, 25 de abril de 2026

ELECCIONES GROTESCAS Y CATASTRÓFICAS


Un despropósito de proceso electoral como el que estamos viviendo en Perú solo va a contribuir a la confusión y el desgobierno. Dos semanas después del día de votación, todavía no tenemos resultados oficiales. Solo está claro que en segunda vuelta habrá que elegir entre dos de los máximos capitostes de la coalición mafiosa que se ha apoderado del país en los últimos años. Estaba todo orquestado y bien calculado. Blanco y en botella, leche.

Comenzando por el estrafalario número de candidaturas: 37 partidos concurrieron (después de dejar fuera de inscripción a otros 13 que no cumplían los requisitos, es decir que podían haber llegado a 50), con 36 aspirantes a la presidencia que al final fueron solo 35 porque Napoleón Becerra falleció durante la campaña. Pues muerto y todo, a la hora de publicar esto ha sacado más de 10.900 votos, tal es la desinformación y el esperpento.

Humor negro. El capítulo de la cédula de votación raya lo ridículo: tan enorme como un mapa, requería doblarla varias veces para lograr meterla en el ánfora. Contenía una cuadrícula inmensa de partidos y candidatos de cinco elecciones (presidente, senadores a nivel nacional, senadores a nivel regional, diputados y parlamento andino), con cuadros en blanco para marcar voto preferencial. Votar era realmente dificilísimo, mucha gente se confundió y la cantidad de votos nulos fue exagerada, lo cual benefició a los “dueños del Perú”, por supuesto. Todo atado y bien atado.

Si sufragar era para licenciados, el procedimiento de escrutinio era de arte y ensayo. Lo sé porque me había tocado miembro de mesa suplente, y tuve que ver el video de capacitación, que era caricaturesco, explicaba un método harto complicado, con multitud de actas, borradores, bolsas de colores… En muchas mesas estuvieron 11 y 12 horas trabajando. Un compañero me contaba que terminó a las 4 de la madrugada, estaba lejos de la casa, no hallaba movilidad, le dio miedo ir por la calle y se tuvo que alquilar un cuarto en un hospedaje para dormir un par de horas hasta que se hizo de día.

El cómputo está siendo tan laborioso, farragoso y complejo que 24 horas después de cerrarse los centros de votación, iban por el 58%, 48 horas después por el 80%, pasaron varios días varados entre el 91 y el 94% y la cosa no avanza. ¿Inaudito, estrambótico… sospechoso? Desde luego que sí. De hecho, uno de los candidatos comenzó a acusar de fraude ¡días antes de las elecciones!

Claro que también influyó el incidente de las 211 mesas que no pudieron constituirse porque no les llegó el material electoral. Un total de 63.300 personas se quedaron sin poder ejercer su derecho de sufragio. Hacían cola y, visto que no iba a poder ser, los de la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) les animaban diciendo que tranquilos, que les iban a exonerar de la multa por no votar. Como si eso fuera lo importante. La gente se veía furiosa en las entrevistas.

¿Cómo es posible que no se consiguiera llevar el material a tiempo a distritos nomás del sur de Lima? Si hubiera pasado en la selva remota ya pues, ¡pero en la misma capital! El jefe de ONPE dijo que había sido un fallo logístico de una empresa subcontratada que había sido ya sancionada por incumplimiento ¡tres veces! Como si fuera poca cosa. Calamitoso y risible; el tipo renunció días más tarde, en pleno recuento, lo que aumentó la sensación de caos total.

Así que las votaciones, que debieron terminar el domingo 12 a las 5 de la tarde, continuaron todo el lunes en esos lugares, con las encuestas a boca de urna y los conteos rápidos en todo lo alto. Surrealista. Tanto como el hecho de que en estos momentos (24 de abril) todavía no sabemos quién va a pasar a segunda vuelta acompañando a Fujimori y seguimos al 95,15 %. Es increíble: en Colombia, Ecuador o Chile se conocen los resultados la misma noche… Acá llevamos once días y esto no tiene fin.

Evidentemente, la duda acerca de la limpieza de esta elección permanecerá siempre. El resultado es infausto: siempre pierde el pueblo peruano, toda esa gente linda que cada día trabaja, lucha y trata de dar lo mejor para mantener nuestro país en pie. Como los miembros titulares de mi mesa, que acudieron fielmente a cumplir con su deber. No se merecen esta calaña política, que está llevando al Perú al desastre por pura codicia y afán de poder.

sábado, 18 de abril de 2026

HISTORIAS AMAZÓNICAS DE FANTASMAS

 
Cuando la gente se arranca a contar relatos del tunchi, mis oídos se afinan y la risa se coloca en sus marcas, porque siempre esas conversas discurren entre lo chusco y lo espeluznante, entre la diversión y el respeto debido a los difuntos. Y es que el tunchi no es más que la versión amazónica de las almas en pena de toda la vida.

El antropólogo Jaime Regan dice que el tunchi “es el alma que está purgando sus pecados”*. Se presenta a menudo con un silbido característico que rasga el silencio de la noche y para los pelos (a quienes los tenga). En el imaginario popular, la explicación es que en general las almitas no se han ido en paz y siguen por acá porque tienen pendientes, asuntos no terminados o resueltos, no necesariamente pecados.

“En el pasillo que da a los cuartos donde usted duerme, padre, yo vi claramente a una sombra voltearse e ingresar”. Esto me lo contaron el otro día, con la consiguiente pregunta de si no tengo miedo de quedarme ahí solo en casa de los curas. No está claro si el tunchi es bueno o malo, se escuchan opiniones para todos los gustos (Regan dice que existen de las dos clases), pero sí hay unanimidad en que mejor no acercarse, porque si es maligno te puede matar.

Por el centro Papa Francisco, siempre en Caballo Cocha, parece que se pasea habitualmente una niña espectral. Y por supuesto hay quien afirma haberse topado con el fantasma del padre Real, porque en ese lugar estaba emplazada antes la casa en la que él vivió durante 30 años, y claro, sigue por ahí en sus dominios de alguna manera. Eso tiene lógica, ¿no?

¿Cómo despedir al tunchi? Con agua bendita. Lo he hecho ya varias veces, asperjando en lugares donde dormían quienes recientemente han muerto – especialmente si hubo suicidio -y cuyos espíritus ahora deambulan en la noche, haciéndose notar con ruidos, silbos, susurros y demás operaciones aterradoras para los moradores.

Un enfoque antropológico dice que el tunchi es un artefacto cultural para amedrentar, disuadir o proteger de ciertas situaciones nocivas, al estilo del hombre del saco. Eso explicaría que ataque preferentemente a personas que están saliendo de una fiesta a altas horas, en concreto borrachos; o a quienes se encuentran en culpabilidad: un hombre infiel, o que le pega a su mujer, alguien que acostumbra a robar, etc. ¿Solo un mito?

No es que sea siempre un espíritu al estilo de “Cazafantasmas”, puede adoptar muchas formas: un ave nocturna, un ser blanco, dos negritos que salen de una planta, o incluso la misma soga de la mortaja nada menos. Es algo habitual en la selva, donde el mundo espiritual y el material se solapan y conviven: muchos seres se transforman en otros, porque así es el fluir del río y de la vida.

Hay muchas leyendas. “Mi abuelo estaba regresando de una fiesta del pueblo, farol en mano, cuando delante de él, a lo largo del camino, estaba una mujer andando. Pensó que iba a ser una aventura más en su vida. Pero no sucedió así, la mujer caminaba rápido y él, por más que la llamaba, no le hacía caso, por el contrario, se alejaba rápido. Al llegar a La altura del puente, la mujer se convirtió en un enorme sapo que no le dejaba pasar, quería regresar y el sapo estaba en su delante. Entonces mi abuelo invocó a San Isidro, que era el santo de su devoción, y empezó a correr (…)”.

Nunca voy a olvidar a la joven profesora Johana Celestia, que fue a visitar Indiana, donde había trabajado, y a los pocos días falleció repentinamente, con apenas 24 años. Los vecinos decían tristes que había regresado “a recoger sus pasos” antes de morir, como si hubiera presentido su final.

Observo a la gente escuchando este tipo de narraciones. Muy serios y atentos, sonriendo de soslayo alguna vez, pero cuando aparecen el sapo gigante, el ser misterioso resplandeciente, la hamaca que se mueve sola sin que haya viento, el pájaro tenebroso o el bulto negro en la proa de la canoa, hay un silencio espeso y todos asienten circunspectos. Porque el tunchi, evidentemente y como todo el mundo sabe, es verdad.

* Las citas están tomadas de REGAN, J., Hacia la Tierra sin mal, CAAAP-CETA, Lima 20113. Pág. 185-189.

sábado, 11 de abril de 2026

GOL DE MEDIA CANCHA

 
A veces cantamos bingo. Se dan varias circunstancias favorables: buscamos hacer un bien, contamos con los recursos humanos y materiales necesarios, y además acertamos en tácticas y procedimientos; y a la vez las personas toman la iniciativa y se dejan ayudar, cosa que no es evidente. Resultado: situación resuelta, cien puntos en la diana, servicio cumplido y agradecimiento en ristre. Y hay que disfrutarlo.

A la Oficina de Defensa de la Vida y la Cultura del Vicariato vinieron desde el medio Yavarí, de una comunidad nativa llamada Limonero. Conozco bien esa zona: alejada a dos días de navegación desde Islandia, bastante desolada, perfecto escondite para los narcos, fuera ya del alcance de operadores turísticos, ejército, policía y demás eventuales transeúntes.

Una tierra de nadie justamente con ese problema endémico: no ser de nadie y por tanto poder ser del primer listo que se presente, o bien presa de los mafiosos traficantes de terrenos. Las comunidades batallan a veces años y no logran la titulación de sus territorios. Sus autoridades se fatigan, acuden una y otra vez a organismos y oficinas gastando fortunas en pasajes, coimean por acá y por allá con la esperanza de que les den sus títulos de propiedad… y nada.

La dra. Jaqueline, abogada de la Oficina, está disponible para una labor de asesoría, información y acompañamiento en estos laberintos administrativos a menudo indescifrables que son las instituciones públicas peruanas. Así ayudó a los de Limonero y las comunidades aledañas a lograr sus títulos; en unos casos tierras indígenas indivisibles, en otros, predios de comunidades campesinas.

La semana pasada, en una reunión con la Oficina, Jackie leyó los whatsapps que le habían enviado para darle las gracias después de semejante éxito. No requieren muchos comentarios:

“Buenas tardes. Dra me dirijo esta tarde para saludarle y agradecerle por la voluntad de escuchar las necesidades de los pueblos del Yavarí y por tener en su corazón a Dios y ayudarme en mi momento de necesidad ya estamos agradecidos contentos”.

(La transcripción es literal, copia-pega, por eso hay faltas de puntuación o de ortografía. Disculpen).

“La muestra de su apoyo está aquí”: (y envía los PDF con los flamantes títulos de propiedad escaneados). Evidencias y orgullo. Sonrisas y satisfacción. Algunos días más tarde, este mismo apu (autoridad tradicional indígena) contactó de nuevo a la doctora, después de que ella le había respondido:

“Muy buenos días hermana. Gracias por responder. Habrá un momento que vendré con los apus de las comunidades y vamos a visitarle.
Yo me fui a Yavarí, regresé de nuevo. Y hoy estoy viajando porque mi pasaje ya estaba comprado y espero vernos pronto.
Dios te bendiga y te engrandesca. Y a tús hijos y nietos. Que haya hombres y mujeres de corazón Bueno que escuchen la necesidad de los más humildes”.

“Usted no me pidió ni un céntimo por eso le agradezco. A diferencia de los abogados ingenieros en agricultura que solo necesitaban dinero. Por eso no me olvidaré”.

En resumidas cuentas: gol de media cancha. El Wikcionario lo define como “En América, acto o dicho que le reporta un enorme beneficio o ventaja a quien lo ejecuta”. En este caso, a todos: las comunidades y el Vicariato. Ellos felices, dueños de su terruño; nosotros ufanos por haber colaborado con eficacia y prestancia. Carambola a tres bandas. Triunfo rotundo. La gente, cuando quiere y se organiza, es imparable. Y nosotros afortunados de dar una mano y contemplar sus logros.

sábado, 4 de abril de 2026

UN PUEBLO ESPIRITUAL

 
“Ahora todos vamos a cerrar los ojos y a hacer un momento de silencio para acoger la Palabra que acabamos de escuchar”. Y entonces se produce el milagro de la conexión. De pronto, la iglesia está pletórica de apacible y absoluto silencio; a pesar del gentío que se ha congregado en este domingo de Ramos y el zumbido de los motocarros por la calle contigua. Silencio.

Es el silencio de la selva. Construido con el rumor del viento en las palmeras, trinos de aves lejanas, el murmullo sosegado del discurrir de algún agua, ecos de voces remotas… la respiración de la madre tierra, el sonido de su presencia quieta pero palmaria. Es ese silencio el de mi pueblo. Ancestral, contundente. Natural.

“En unos instantes de silencio, consideremos lo que hemos oído y realizado”. De nuevo ocurre el Jueves Santo. Se ha proclamado el evangelio y, dentro de él, después de que Jesús ha comenzado a lavar los pies y ha discutido con Pedro, la comunidad entera ha imitado el gesto del Maestro y todos hemos podido lavar y ser lavados. Después, reflexión, meditación, silencio.

Mi pueblo loretano es alegre, la gente sonríe siempre, y las risas festonean casi cada conversación. Pero a la vez es gente adiestrada en gustar la quietud. Pienso en las largas jornadas de los hombres en el monte, con el sigilo del cazador, o en la soledad de la chacra, lejos del pueblo. O las mujeres junto al río, lavando; a veces en compañía de las amigas, pero muchas horas mimetizándose con la calma del agua fluyendo.

Sin teléfono, en el silencio aplastante de la selva, en comunión queda con los espíritus que habitan cada ser viviente, expertos en observación, escucha atenta y contemplación serena. Acostumbrados desde hace miles de años al silencio como parte de su ADN. A pesar del ruido ensordecedor de los parlantes, la manía de la música atronadora que anuncia algo. Es una increíble contradicción, una gran paradoja o integración amazónica de contrarios.

El Viernes Santo es el día de más interiorización. En muchos lugares, los jóvenes representan las estaciones del via crucis por las calles, ataviados con vestimentas que han confeccionado ellos mismos. Se podría prestar a broma o burla, pero nada de eso: todo el mundo se lo toma muy en serio, los que caminan y los que miran desde fuera, hay mucho respeto. Y hartas fotos y videos.


No se puede retratar el silencio, pero se puede captar la veneración en los lenguajes corporales. La adoración de la cruz es impactante por la veracidad del gesto, la reverencia con que las personas se acercan, la patente carga emotiva. La tortura injusta de Jesús conecta con siglos de sufrimiento, de maltrato, de olvido; desde la conquista, la esclavitud, el genocidio del caucho, el despojo de la Amazonía, los abusos a los indígenas, la ausencia del Estado… hasta hoy. Un grito mudo y atronador.

El Viernes siempre hay el doble de asistencia que el Jueves. En cualquier comunidad lejana, en el fondo de la quebrada, los cristianos sacan su cruz; tal vez no habrá lavatorio de los pies, ni Vigilia Pascual, pero no faltará la celebración del dolor, tan vigente. Como en todo el mundo, la gente precisa la materialidad del rito, sobre todo del Bautismo, pero hay una necesidad más allá, más profunda, más visceral.

“Hacemos silencio y recordamos todo lo que hemos compartido esta tarde”. Y de nuevo, la magia. El shaman sopla sobre la persona para integrar las energías e invocar a los espíritus, con el silencio de fondo. La cruz está alzada en este río de silencio y presencia que forman nuestros corazones. Son todas nuestras vidas, unidas y redimidas en la Vida, en el Tiempo Sin Mal que es ayer y es ahora.

Beleza de pueblo, perito en penas, con el currículum de la vulnerabilidad y el abandono, pero inspirado y avezado en conectar con lo divino. Tal vez precisamente por eso. Gente pobre y profundamente espiritual, aunque no acuda mucho a misa. Pueblo menudo y lindo. Es mi pueblo.

sábado, 28 de marzo de 2026

ME FASCINAN LAS VISITAS PASTORALES DEL PAPA


He escogido el verbo fascinar, pero también cuadraría “admirado” de ver que El Papa León, obispo de Roma, se va a hacer su visita pastoral a las parroquias de su diócesis. Si no estoy mal, lleva cinco o seis domingos consecutivos saliendo por la tarde a la calle a encontrarse de forma directa con la gente, el pueblo cristiano, sus hermanos y hermanas de a pie.

Después de haber conocido de primera mano todo “el aparato” que rodea al Papa, todavía lo valoro más. De alguna manera este hombre es, entiéndaseme bien, rehén de las servidumbres y automatismos protocolares de un cargo de raigambre milenaria; o bien diríamos que su trabajo lo anuda a un personaje con una agenda tan determinada como tupida.

Le dedica todas las mañanas de lunes a sábado (con pausa el martes, que también me tiene asombrado) a audiencias, es decir, a escuchar a personas con ese estilo tan preciso y cabal. Llegan jefes de estado con sus séquitos, cardenales, embajadores, miembros de la curia romana, políticos, obispos, personalidades del mundo del arte, el deporte o la cultura, etc. Me pregunto cómo logrará conceder semejante atención durante horas (doy fe), la cantidad de energía que invertirá… No vi celular alguno sobre su mesa cuando estuve con él, cero distracciones, concentración total.

En las tardes tiene reuniones, de lo cual también soy testigo directo porque participé en una con los obispos amazónicos del Perú. O sea que sigue chambeando. Supongo que le llevará sus buenos ratos revisar los discursos, alocuciones y documentos que firma, que son abundantes y sustanciosos. Porque la palabra del Papa es clave en el mundo de hoy, se espera, se atiende y se estudia. Si sumamos los actos litúrgicos, diplomáticos y demás, salen, en resumidas cuentas, mil historias.

Pues a pesar o en medio de todo ello, León halla tiempo y reúne fuerzas para salir del Vaticano al encuentro con el pueblo menudo. Ya no es que le visiten a él, que es lo acostumbrado, sino que él se va. Y en las crónicas escritas y fotográficas ya no se ve al jefe de estado, sino al pastor; se vislumbra al Prevost que saludó emocionado a su diócesis de Chiclayo en el balcón de la logia el día de su elección: pastor que ama y es amado, que experimenta a su pueblo como el tesoro que da sentido profundo a su vocación.

Su gesto siempre amable y suave, su rostro cercano, confiable, pacífico. Se acerca a los niños y jóvenes que juegan en el oratorio parroquial, estrecha las manos de los ancianos, de los enfermos. Después celebra la Eucaristía y destaca lo positivo, como hábil pedagogo: “Ustedes, como parroquia, han creado una comunidad verdaderamente acogedora. Y por ello les agradezco sinceramente, porque es un signo de esperanza en un mundo donde el dolor, el sufrimiento y las dificultades suelen ser abrumadores”.

Invitaciones a la comunidad que son perlas preciosas, como por ejemplo “a seguir dedicándose con generosidad y valentía a sembrar en sus calles y en sus hogares la buena semilla del Evangelio. No se resignen a la cultura de la prepotencia y la injusticia. Al contrario, difundan el respeto y la harmonía, comenzando por desarmar los lenguajes.

“Como en el pozo del Evangelio, a esta parroquia llegan hombres y mujeres heridos en el alma, ofendidos en su dignidad y sedientos de esperanza. A ustedes les corresponde la tarea, urgente y liberadora, de mostrar la cercanía de Jesús, su voluntad de redimir nuestra existencia de los males que la amenazan con una propuesta de vida justa, verdadera y plena”. Una belleza inspiradora en lugares periféricos.

Habitualmente hay una reunión con el consejo de pastoral de la parroquia. El Papa visibiliza así el papel crucial de los laicos en este momento eclesial, su relevancia para que pueda ir emergiendo una sinodalidad luchada y asumida, no teórica. “Por eso, queridísimos, al encontrarme hoy con ustedes, veo en ustedes una presencia especial de proximidad, de cercanía dentro de los desafíos de este territorio”.

El Papa es excepcional, pero sin artificio ni ostentación. Es solo un párroco entregado, un misionero en el barrio o en el campo, un obispo de la ciudad. Todo fluye en él y con él así de natural. Seguro que regresa al palacio apostólico después de haber respirado humanidad, descansado y optimista. Qué trome*.

* Peruanismo coloquial que define a una persona experta, hábil, inteligente o que sobresale en una actividad específica. Es sinónimo de "maestro", "genio" o "campeón". Se utiliza comúnmente para elogiar la capacidad de alguien.