sábado, 29 de agosto de 2026

AMÉRICO PASCUAL TUMISHA ESTÁ VIVO, PERO LA AMAZONÍA MUERE


Al líder ashéninka Américo Pascual Tumisha le dieron por muerto a balazos cuando descubrió a unos supuestos saqueadores de aceite de copaiba en su comunidad. Afortunadamente no murió, pero el suceso muestra la extrema vulnerabilidad de los habitantes de nuestra Amazonía frente a las economías criminales. Los obispos y administrador apostólico de los ocho vicariatos de la selva peruana hemos reaccionado así:
 
PRONUNCIAMIENTO
OBISPOS DE LA AMAZONÍA PERUANA
“Defender la vida y el territorio no puede costar la vida”

Ante las noticias sobre el líder ashéninka Américo Pascual Tumisha

Los Obispos de la Amazonía Peruana expresamos nuestra profunda alegría por la noticia de que el líder ashéninka Américo Pascual Tumisha se encuentra vivo, y nuestra cercanía y solidaridad con su familia, la Comunidad Nativa Onconashari, el pueblo ashéninka y las comunidades indígenas de Yurua y de toda la Amazonía peruana.

La falsa noticia de su muerte evidencia la zozobra en que viven muchas comunidades ante el aumento de la criminalidad y la presencia de mafias ilegales que amenazan a quienes defienden sus territorios. Esta situación nos interpela como Iglesia y como sociedad. No podemos permanecer indiferentes ante la violencia que amenaza a quienes defienden la vida, el territorio y la Casa Común.

Como pastores de la Iglesia que peregrina en la Amazonía, afirmamos que toda vida humana posee una dignidad inviolable. El Documento Final del Sínodo para la Amazonía señala que “la defensa de la vida, la comunidad, la tierra y los derechos de los pueblos indígenas es un principio evangélico, en defensa de la dignidad humana” (n. 48). Para los pueblos indígenas, esta defensa implica también proteger la memoria, la cultura, la identidad, la vida comunitaria y el futuro de las nuevas generaciones. Por ello, hacemos nuestro el llamado de Laudato Si’ a escuchar “el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (cf. n. 49).

La situación de los defensores de derechos humanos en el Perú es crítica. Según el Ministerio de Justicia, durante 2025 se registraron 201 casos de afectaciones y amenazas, cifra récord. En el ámbito indígena, AIDESEP reporta 38 líderes asesinados entre 2016 y 2026. Todo ello, pese a la existencia desde 2021 del Mecanismo de Protección de Defensores y Defensoras, cuyo funcionamiento ha demostrado ser lento e insuficiente.

Por ello, exigimos al Estado peruano reformular este Mecanismo, revisando sus plazos y responsabilidades e incorporando la salud mental y el acompañamiento psicológico de los afectados. Asimismo, solicitamos incluir a las organizaciones indígenas y sus diferentes órganos, pues conocen mejor el territorio y su participación contribuiría a garantizar sus derechos y fortalecer su capacidad de protección frente al avance de la criminalidad.

Frente a toda forma de violencia e intimidación, afirmamos que el camino de la Amazonía debe ser el diálogo, la justicia, la fraternidad y el respeto de los derechos. Convocamos a toda la sociedad peruana a no permanecer indiferente ante la violencia que afecta a los pueblos amazónicos.

Que María, Madre de la Amazonía, consuele a quienes lloran y fortalezca a quienes trabajan por una Amazonía viva, libre, sana, justa, fraterna y en paz.
Amazonía Peruana, 28 de agosto de 2026

“La justicia y la paz se abrazarán” (Sal 85,11)


1. Monseñor Miguel Ángel Cadenas Cardo. Obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos, identificado con CE N° 000115005
2. Monseñor David Martínez de Aguirre Guinea. Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto  Maldonado, identificado con DNI N°48920147
3. Monseñor Augusto Martín Quijano Rodríguez. Obispo del Vicariato Apostólico de Pucallpa, identificado con DNI N° 07753042
4. Monseñor Jesús María Aristín Seco. Obispo del Vicariato Apostólico de Yurimaguas, identificado con C.E N° 001550654
5. Monseñor Gilberto Alfredo Vizcarra Mori. Arzobispo metropolitano de Trujillo y administrador apostólico del Vicariato de Jaén, identificado con DNI Nº 06539453
6. Monseñor Juan Carlos Morante Buchhammer. Obispo electo del Vicariato Apostólico de Jaén, identificado con DNI N° 09449339
7. P. César Luis Caro Puértolas. Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San José de Amazonas, identificado con DNI Nº 48995320
8. Monseñor Alejandro Adolfo Wiesse León. Obispo del Vicariato Apostólico de Requena, identificado con DNI Nº 09925754
9. Monseñor Anton Gerardo Zerdín. Obispo del Vicariato Apostólico de San Ramón identificado con C.E N° 000213163
10. Monseñor Pedro Orlando Castro Castro. Obispo coadjutor del Vicariato Apostólico de San Ramón, identificado con DNI Nº 24004593

sábado, 22 de agosto de 2026

DESARMAR LAS PALABRAS, PERO SIN DEJAR DE PRONUNCIARLAS

 
Preparando con esmero el momento, y generando un entorno físico y emocional adecuado para propiciar la caída de las defensas y estimular la escucha atenta y vulnerable. Esto llevamos un tiempo intentando entre los misioneros de nuestro Vicariato. Poder dialogar y decirnos lo que sea necesario, aunque duela.

Y así tratamos de crear un espacio seguro en el encuentro anual de agosto. Días que nacieron como oportunidad de formación juntos, y también por grupos vocacionales; y que con el paso de los años van evolucionando a un ámbito de sinceridad, escucha, lealtad y acompañamiento. Para que la sinodalidad la podamos ir modelando entre todos, con delicadeza y paciencia

Días para ejercitar la comprensión, que siento que nos hace mucha falta. Para “mirar y fortalecer nuestra comunidad misionera vicarial”, como titulaba el programa. Y así llegamos, todos con buena disposición a “salvar la proposición del prójimo” en expresión de Ignacio, es decir a aceptar que el otro actúa buscando el bien, aunque no estemos de acuerdo con él; a querer al diferente fundados en lo que compartimos.

La primera tarde la dedicamos únicamente a convivir, charlar, piscina, hamaquear, juegos de mesa, reír, descanso… Ver al otro en bañador o perder al rummikub relaja y nos hace sentirnos hermanos e iguales, más allá de ideas, concepciones de la misión, intereses, afinidades o nacionalidades. Solo seres humanos con diferentes timbres de carcajada, pero misioneros al fin, unidos por un propósito, una vocación y unos valores.

Justamente así arrancamos al día siguiente: enfocando nuestros tesoros. Y de ahí, pasamos a identificar y enfrentarnos con las “banderas rojas” en nuestra dinámica comunitaria: maneras de funcionar, vivir, relacionarnos, organizarnos…, que reconocemos como factores de riesgo para la sinodalidad en misión que anhelamos vivir. Y juntamente, los “corazones”, es decir, emociones y sentimientos que estos dinamismos menos saludables originan. Dispusimos de un largo rato de silencio y trabajo personal, tras el cual cada uno depositó en una canasta sus banderas y corazones escritos de forma anónima.

Durante el descanso de mediodía, los encargados de secretaría transcribieron exhaustivamente las aportaciones de banderas y corazones. Y al comienzo de la tarde, absolutamente todas esas frases, tal cual fueron aportadas, fueron leídas en voz alta. “El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comunicación cotidiana, cuando alguien nos dice algo que cambia nuestro estado de ánimo, ya sea para bien o para mal” (Magnífica Humanitas 214).

Autoritarismo, murmuración, individualismo, clericalismo, aislamiento, opacidad informativa, resistencia al cambio, decisiones mal tomadas, concentración de funciones, poca representatividad de los equipos, política de hechos consumados, sinodalidad disfrazada… Desconfianza, tristeza, enojo, confusión, decepción, desánimo… Reclamaciones sin censura, gritos de dolor, quejas descarnadas. Palabras duras, fuertes, cargadas. Admito que se me cayeron como un huayco y me aplastaron.

Se dio un espacio de micrófono abierto. Se escucharon varias intervenciones muy atinadas, que modularon la palpable tensión. Y después, grupos que, durante media hora, diseñaron propuestas para responder a esas situaciones en clave de cambios estructurales, procedimientos o enfoques. Salieron sugerencias valiosas, ideas posibles y constructivas. Sin dramatismos ni paños calientes; las banderas rojas no nos definen, pero existen.

“Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra”, ha dicho el Papa León*. Aquel día necesité silencio, oración, muchos mensajes de apoyo, consejos y cariños para procesar de forma positiva y no personalizar en mí las banderas rojas. Hay cuestiones que precisan cirugía invasiva, y por tanto hay que aceptar un daño necesario. Era crucial descentrar mi pesar y desconcierto para discernir humildemente a qué me llama Dios ante ese panorama, y cómo puedo mejorar en mi servicio como una parte más de este sistema vivo, complejo y dinámico que es la comunidad de los misioneros del Vicariato.

La jornada se completó con una celebración de gratitud, reconciliación y construcción, con pequeños diálogos personales en carrusel. Al final, las sensaciones expresadas fueron de esperanza, ánimo, fraternidad, agradecimiento, alegría tranquilidad… Cuando desarmamos las palabras y podemos decirlas, logramos escucharnos, entendernos, perdonarnos y cuidarnos mutuamente. Gracias; estoy interpelado, dolorido, orgulloso, y ya he puesto manos a la obra.

* Discurso dirigido a los profesionales de los medios de comunicación el 12 de mayo de 2025.

sábado, 15 de agosto de 2026

"BONITO UNIFORME, PADRE"


Bonito “porque es igual que el mío”, pero eso no lo dijo, ni falta que hacía. Durante un rato formé parte de su equipo, o de su barra, pero sabiendo que soy de todos por igual, y que este servicio consiste, en buena medida, en estar presente, acompañar. No más. Poniéndome la camiseta del Vicariato, que en realidad es la única que llevamos todos.

Pero eso no quita que, si me regalan la indumentaria deportiva de Yanashi, me la coloque bien orgulloso. Estamos en la Confraternidad, el encuentro anual de los profesores de los cuatro colegios que tenemos en convenio con el Estado (“concertados” se llamarían en España) y las dos ODECs (Oficina Diocesana de Educación Católica). Una especie de fiesta de la pastoral educativa, convivencia de quienes llevan adelante la misión de educación en nuestro territorio.

Nos juntamos entre 250 y 300 personas en un recinto para eventos en Iquitos, con espacios y servicios adecuados. La jornada comienza con la Eucaristía. Otras veces ya me ha tocado presidirla sustituyendo al obispo, pero este año me corresponde, y además quizás por última vez. Elinor, que es la que me piropeará más tarde mi “bonito uniforme”, sale a leer la lectura. Raramente tiene uno un público tan numeroso y cualificado.

Y quiero aprovechar la oportunidad. Les doy las gracias por su labor, que sé que va mucho más allá de un mero trabajo remunerado; para nosotros, los maestros son auténticos agentes de pastoral, y la educación la herramienta clave para el desarrollo integral de las personas y la sociedad. Les hablo de asuntos que me preocupan, como los crueles datos de la ENLA (Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje), que sitúa a nuestra región como prácticamente la última del Perú en resultados académicos.

Les ruego a todos algo muy concreto: “Por favor, no pierdan horas de clase en actividades, ensayos, aniversarios, desfiles, fiestas… Se lo pido por favor”. Muchos alumnos no logran leer y escribir correctamente al final del ciclo de escolarización obligatoria... “Se lo pido de rodillas”. Y sí, me puse de rodillas con gesto suplicante; así me salió. Porque es clamoroso que se desperdicie tanto tiempo, que después se lamenta.

También sale el tema del buen trato a los alumnos, sobre todo a las chicas; este año tenemos de nuevo varias denuncias por acoso, presuntos abusos… Tenemos que erradicar eso de nuestros colegios sea como sea, utilizando todas las armas a nuestro alcance y aplicando la tolerancia cero. A pesar de eso, les digo que “confiamos en ustedes”, porque se trata de reconocer, animar y respaldar.

Después de la misa – y el refrigerio- se proyectan unas presentaciones de cada institución, y a continuación nos deleitamos con las actuaciones de danza que cada plana docente ha preparado, algunas arduamente durante días. Me parece magnífico cómo se manifiesta y valora nuestra cultura amazónica. Se representan la preparación de masato, o la construcción de la maloka… esos ritmos fuertes, las vestimentas, los utensilios, es una maravilla. En Aucayo hasta aparecen el p. Severino Deshaies y la madre Jeanne Thibault, personajes históricos del colegio.

El día va transcurriendo así, pasando por el almuerzo, hacia el deporte, donde he comenzado a narrar. Tal vez haya que hacer mejoras organizativas y eliminar la competencia entre colegios, porque la gente se lo acaba tomando muy en serio, y se trata nomás de estar juntos, convivir y divertirse. Hay también propuestas en línea de austeridad (que se gaste menos plata), y de que se asegure que los participantes se mezclan y hacen nuevos amigos. Y sí, creo que todo es acertado.

Hacia el final, varios profesores vinieron expresamente a darme las gracias por quedarme todo el día. Y me acordé de que, en los ejercicios de preparación a la ordenación, nos enseñaron que el presbítero es una persona-signo. El administrador apostólico, autoridad en este momento del Vicariato, es un símbolo de unidad, de identidad en torno a una misión y unos valores. Se le requiere estar, permanecer. Gracias por aceptarme y apreciar.

sábado, 8 de agosto de 2026

LOS JÓVENES Y JESÚS

 
Así podría titularse esta imagen. En ella vemos a un buen número de personas. Se encuentran en la maloka de Indiana (que por cierto ya presenta huecos, pronto hay que cambiar la hoja). La mayoría son adolescentes y jóvenes, aunque eso no se aprecia muy bien y ya lo cuento yo; porque estoy ahí, de espaldas, sentado, como todos. Y también está Jesús.

Los participantes se ven regados, diseminados en un aparente desorden; si damos marcha atrás mentalmente, descubrimos que hace unos minutos todos formábamos un círculo, y nos han invitado a separarnos, a buscar cada uno nuestro espacio y quedarnos momentáneamente solos, aunque sigamos juntos.

¿Quién nos da las indicaciones? Hay varios misioneros, y una de ellos, la hermana Griselda, aparece en primer plano a la izquierda, con un micrófono. Está guiando una contemplación, un rato de oración en la que se trata de ejercitar la imaginación. De hecho, si observamos con detenimiento, constatamos que ella es la única persona que habla.

Estamos en el encuentro de pastoral juvenil, que este año es por zonas; acá hay muchachos llegados de siete puestos de misión. Dejémonos impactar por sus posturas de concentración, por su recogimiento. Tienen entre 15 y 25 años, y aunque selváticos, pertenecen a la generación del ruido instantáneo, del tik-tok, de las imágenes frenéticas y de la IA. Pero acá han construido el silencio.

Podemos percibir el silencio en cada píxel, rezuma por los cuatro costados de la foto. El silencio es el lenguaje universal del encuentro con Dios. Respiran a Dios, le dan espacio y tiempo, le permiten llegar hasta el corazón, le hallan allí, en el lugar de la intimidad más alegre. Jóvenes amazónicos rodeados de naturaleza, envueltos en Dios.

La composición de lugar del relato está ambientada en el río, hay una canoa en la que navegan, y a partir de un cierto momento van subiendo personas importantes en su vida, hasta que se une Jesús. La voz de Gris va sugiriendo elementos de diálogo y escucha, gestos de amistad clara e incondicional, auténtica libertad. Abro un ojo y compruebo que lo están viviendo. Advierto incluso algunas lágrimas.

La energía que me circunda me habla de presencia y consciencia. La conversación con Jesús, su abrazo confiado, no son una alucinación o un lindo cuento. Lo siento ahí, patente; lo puedo captar cuando regreso hoy a la imagen, me sigue acariciando esa complicidad que se multiplicaba y nos impregnaba. Fue un momento asombroso.

“Jesús te ha elegido porque te quiere”. Se lo dije como quien traduce a palabras una conmoción interior. A mí también me lo dijeron hace muchos años, y me llegó. “Te quiere y confía en ti, por eso te envía con una misión; para que le ayudes”. Hasta hoy intento realizar la misión, con muchos tropiezos; ellos, que son mucho mejores que yo, ¿cómo no lo van a lograr, con la ayuda de Jesús?

Como tantas otras veces, he podido asistir a la hermosura incomparable de Dios-con-los-jóvenes. No dejo de agradecer ese premio inmerecido, que me reconcilia con la vida y me insufla empuje y optimismo. Y qué orgullo contar con algunos chicos y chicas que conocí hace 7 u 8 años, y comprobar cómo han madurado y ahora son los coordinadores de los grupos, referentes de sus compañeros.

Así que esta es una instantánea o captura de pantalla de los jóvenes y Jesús; o de los jóvenes con Jesús; o de Jesús en los jóvenes; o de los jóvenes que son Jesús. Son versiones de lo mismo, como el agua de la quebrada es la misma que la de la cocha, y la misma que fluye hasta el mar.

sábado, 1 de agosto de 2026

PÁRROCO POR UN FIN DE SEMANA

 
Celebrar la misa dominical en una iglesia grande y casi llena, con un excelente coro, varios instrumentos musicales y hasta con ayudante para dar la comunión.

Aceptar una invitación a almorzar en una casa de familia, charlar, reír y sencillamente compartir un plato de escabeche de pollo con papas.

Caminar por la calle como cualquiera y comprar un helado.

Dar la bendición con un poquito de agua a una bebé que llevaba unas coletitas muy graciosas, aclarando que eso no es todavía el Bautismo, que será en septiembre.

Escuchar: “Padre, ¿ya te vas a quedar acá?” y “¿cuándo vas a regresar?”. Emocionarme sin que se den cuenta.

Conversar, escuchando horas y horas a varias personas que asombrosamente te otorgan su confianza.

Desayunar a la mexicana: tortillas, nopales, huevo, chilaquiles y una salsa picante que te hace echar fuego por la boca.

Confesar asistiendo a la belleza y el dolor de vidas abiertas, recogiendo lágrimas y siendo transmisor de la misericordia divina sin merecerlo.

Jugar con Dashel, que es una niña con autismo que se comunica de forma muy peculiar y yo sé que me quiere. Y yo a ella.

Ir a una casa a dar la unción de los enfermos a una mujer -de mi edad- que está en agonía, y agarrarle la mano todo el tiempo, queriendo hacerle sentir sosiego y compañía.

Saludar a los jóvenes de catequesis de confirmación, que celebraban un cumpleaños; comer un pedazo de torta y tomar un vaso de Inka-cola con ellos.

Bendecir cruces, agua, cadenas, imágenes y estampas. De todo.

Tomar mate y tal vez degustar un alfajor argentino. La acogida entre los misioneros no tiene fronteras.

Celebrar el bautismo con todo gusto, comprobando que no se me ha olvidado, y gozar.

Explicarles a las monaguillas Britani, Danna, Génesis y Karina que mejor no toquen la campana en la consagración porque me distrae. Darles su propina.

Estrechar un montonazo de manos, dar muchos abrazos, saludar por todos los flancos.

Sentirme parte de una comunidad. Ni más ni menos. Como cuando estaba en mis pueblos. Lo extraño mucho. Las responsabilidades de autoridad y coordinación te aíslan un poco; y más en el Vicariato, cuya oficina, donde yo vivo, está geográficamente fuera de nuestro territorio.

Añoro esa proximidad, esa facilidad de relaciones, ese conocimiento de la gente, ese servicio que consiste, en buena medida, en estar, quedarte, acompañar… y pertenecer.

Cuando voy a Caballo Cocha, la población más grande que tenemos, y uno de los ocho puestos de misión que no cuentan con presbítero (de un total de 16), me regocijo haciendo de párroco a tiempo completo durante el fin de semana. Y cómo lo disfruto. Porque no creo que deje nunca de ser párroco, sea lo que sea que me toque hacer.

sábado, 25 de julio de 2026

EL ESTADO SE HA LLEVADO A LOS JÓVENES DE NUESTRO INTERNADO DE ESTRECHO (2ª parte)

 
El año pasado, ante semejantes perspectivas, planteamos el convenio directamente con el gobierno regional, ya no con la UGEL Putumayo. Nos recibieron de lo mejor, la directora regional muy amable, creímos que nos comprendían, se redactó un borrador muy satisfactorio que aseguraba la autonomía del internado, y cuando ya estaba a punto para ser firmado… llegaron y se llevaron a los muchachos a vivir al colegio en abril. Así, sin más explicaciones, abruptamente, sin posibilidad siquiera de reclamar.

Fue un traslado tan improvisado y repentino que los adolescentes tuvieron que llevarse sus colchones del internado para que pudieran colocarlos sobre el piso y dormir, porque no había ni camas para ellos. Los ubicaron en un salón de clase los varones y una sala de profesores las mujeres, adaptando los baños del patio escolar. No es que el colegio no reúna las condiciones para albergar la residencia, es que se ve tan viejo y deteriorado, y se ha quedado tan pequeño, que están a la espera de que se construya uno nuevo.

Nadie dijo nada. No hubo ninguna comunicación oficial. Ningún padre de familia alzó la voz. Ni un mínimo agradecimiento a las Misioneras Parroquiales por sesenta años de servicio; tal vez sea eso lo que deja más perplejo. La Congregación no quiso que fuésemos a protestar o conversar, únicamente un periodista me llamó para preguntarme. Silencio. Aquí no ha pasado nada. Como si nunca hubiera habido internado.

Ayer fui a ver a los chicos, como quien va al dentista. A varios ya no los conozco, pero a algunos sí, y la situación fue incómoda: no sabíamos qué decirnos. Estaban almorzando en un pasillo, bajo un techo provisional. Alguno llegó a abrazarnos al p. Javier y a mí. Vi que ya tienen camarotes (¿habrán devuelto los colchones?). Detecté en los cuidadores miradas de recelo y condescendencia, pero puede ser impresión mía. Nos explicaron su horario, desalentadoramente vacío de actividades.

Pensé en los edificios construidos con tanto esfuerzo y cariño, ahora solitarios: sus dormitorios con baños y lavamanos, salas de estudio, biblioteca, talleres (artesanía, cocina, peluquería…), comedor, sala de cómputo con sus laptops, auditorio, pistas de deporte… Recordé las ayudas que constantemente llegaban de las hermanas, o cuando apoyó mi diócesis de Mérida-Badajoz, o la diócesis de Albacete; todo ese esfuerzo y esa generosidad, durante años, se ha ido al agua.

Me vinieron al corazón momentos compartidos con los jóvenes: la Semana Santa, un partido de fútbol de la selección donde nos quedamos desolados fuera del mundial de Qatar, una noche de karaoke y risas, las pulseras que siempre les encargaba, esos domingos por la tarde bañándonos en la quebrada, cartas de ida y vuelta con muchachos españoles, un paseo nocturno por el aeropuerto… Para mí ellos eran parte fundamental de las visitas, disfrutaba enormemente su compañía, y de golpe adiós.

Cuando me pregunto el porqué, se me rompe la cabeza. Aunque existía ese escollo legal, creo que con voluntad se podía haber arbitrado una solución. Me dicen que hay personas dentro de los responsables educativos que no miran con buenos ojos a la Iglesia, y es posible; ya he descubierto en otros lugares que, justo donde tradicionalmente se ayudó mucho, hay mucho resentimiento. Y tengo que seguir procesando eso de “Te harás perdonar el pan que das”.

La realidad es que el Estado, que disponía de una residencia magnífica en los planos profesional, vocacional y material, ha elegido enviar a sus estudiantes más pobres de zonas rurales a un lugar donde son atendidos en condiciones de bastante menos calidad. Estoy en total desacuerdo con esta decisión estúpida y contumaz, en el contenido y en la forma. Como Iglesia creo que hubiéramos merecido más diálogo, más flexibilidad y, llegado el caso, un tiempo prudencial para efectuar el cambio con más preparación, asegurando mejor el bienestar de los jóvenes y quedando como amigos.

No siento rabia, ni siquiera por ese presumible sectarismo que se esconde detrás de las leyes; siento tristeza. Pero no tanto por la ingratitud o el desprecio, sino por lo que se podría continuar ofreciendo y sobre todo por los chicos y chicas que ya no lo podrán aprovechar. Ellos son lo único que importa y los que me duelen.

sábado, 18 de julio de 2026

EL ESTADO SE HA LLEVADO A LOS JÓVENES DE NUESTRO INTERNADO DE ESTRECHO (1ª parte)

 
En el río Putumayo profundo y lejano tenemos, desde hace más de sesenta años, un internado para jóvenes. Bueno… teníamos, porque el Estado nos lo ha quitado, en un ejemplo supremo de miopía institucional y necia rigidez. Resulta que las autoridades han empeorado las condiciones de vida de los estudiantes más vulnerables… con el fin de cumplir las nuevas leyes educativas.

Las Misioneras Parroquiales del Niño Jesús de Praga, brava congregación de las primeras que llegaron al Vicariato, en 1959, son las dueñas de la Residencia Estudiantil “Madre Angélica”, nuestro querido “internado” ahora desierto. En aquella época simplemente no existía la educación en estos territorios casi ignotos, el Estado no había llegado; fue la Iglesia la fundadora de escuelas, colegios y por supuesto, el internado.

Esta institución fue concebida desde su inicio como la oportunidad de cursar estudios para chicos y chicas de las comunidades lejanas. El Putumayo supera los 1300 kilómetros de longitud en territorio peruano, marcando la frontera con Colombia, y las distancias son tan enormes, que la única manera de que los alumnos de las comunidades pudieran proseguir en secundaria y soñar con una formación superior era venir a Estrecho a vivir en el internado.

Acá se les proporcionaba casa, manutención y, lo más importante, una segunda familia. Los papás y mamás dejaban a sus hijos “con las hermanas”, seguros de que, más allá del aspecto académico, en el internado recibirían una buena educación en valores. Las religiosas se entregaron con amor y delicadeza a los chicos y chicas; durante décadas les cuidaron, aconsejaron, recibieron sus lágrimas, escucharon las crisis adolescentes como auténticas madres. Siempre había un jaboncillo, unas sandalias, un cuaderno o una ropita para quien no recibía de sus papás porque la pobreza arreciaba.

Y así se han formado cuatro generaciones de jóvenes, con la figura de referencia de la hermana Guadalupe Filiberto, auténtica alma de este proyecto al que dedicó 50 años de su vida, que es historia de la misión en este río. Ella me contaba cuántas noches se quedaba vigilando la valla del internado con un palo en la mano para disuadir a los pretendientes de las chicas que intentaban ingresar furtivamente. Lupita falleció el pasado 19 de marzo… felizmente no ha tenido que asistir a este despropósito inaceptable.

Con el tiempo, el colegio primario, el secundario, el tecnológico y el resto de la educación en Estrecho fueron pasando de la Iglesia al Estado; solo quedó el internado, pero funcionando en convenio con la Dirección Regional de Educación, que proveía de profesionales y ayudaba con la alimentación. El resto lo seguían aportando las Misioneras Parroquiales y el Vicariato, incluyendo el mantenimiento de las instalaciones, la construcción de nuevos ambientes y el equipamiento.
 
En el año 2021, una resolución ministerial instauró la modalidad colegio-residencia, que permite a estudiantes de zonas rurales e indígenas vivir e internarse en su centro de estudios. Un año después, el Congreso priorizó por ley este modelo: determinados colegios debían incluir la residencia en sus instalaciones, y el personal debía ser único. Acá empezaron los problemas. En Estrecho, el colegio y la residencia eran desde hace años dos entes independientes, pero ahora de pronto tenían que organizarse para trabajar coordinadamente, sobre todo en lo referente a los promotores de bienestar, gestores educativos, trabajadores de cocina, guardianía, etc.

La UGEL (Unidad de Gestión Educativa Local) empezó a pelotear a las hermanas a la hora de renovar el convenio. En mis estancias navideñas yo mismo fui testigo, varios años, de los retrasos, observaciones, trabas, silencios administrativos… Y todo para firmar convenios anuales que después ellos incumplían sistemáticamente: profesores que debían de repente reubicarse en el colegio, obstáculos para que la Congregación pudiera participar en el proceso de contratación, partidas de alimentos no recibidas… De todo. Las hermanas estaban ya cansadas.

(Continúa en la próxima entrada)

sábado, 11 de julio de 2026

ME ADMIRA QUE EL PAPA HAYA REGRESADO AL PALACIO, Y CON TODO Y GIMNASIO


Suceder (que no reemplazar) a un papa tan distinto, tan rompedor y tan descollante como Francisco no debe ser fácil. Y menos para un hombre de características afines al perfil bajo, el silencio y la escucha, poco proclive al protagonismo y dotado de una naturalidad discreta. Pero también alguien que se ha mostrado seguro y fiel a sí mismo.

Las comparaciones, sobre todo al principio, fueron tan inevitables como rentables para los conseguidores de audiencia. En la vestimenta, la manera de expresión, los ademanes, las tendencias que supuestamente revelan los nombramientos, las declaraciones, el sentido de algunas decisiones… todo se podía utilizar para equiparar o distanciar a un papa de otro.

Ha pasado más de un año, y percibo que León no teme a las comparaciones con Francisco. Cuando se anunció que el Papa regresaría a vivir al palacio apostólico, algunas manos fueron llevadas a la cabeza. Francisco había renunciado a habitar en esa grandiosa obra de arte y había elegido la Casa Santa Marta, donde tenía nomás un humilde cuarto con recibidor; y ahora, aparente paso atrás hacia la riqueza y el lujo, según clamaron voces interesadas e ignorantes.

Obviamente León sopesaría con cuidado las ventajas, los inconvenientes y las repercusiones de mudarse a un sitio o a otro. No sabemos lo que consideró, pero el caso es que resolvió seguir la tradición y volver a la residencia oficial, aunque reformando profundamente el apartamento papal. Durante meses, el humo de las obras reemplazó a la fumata blanca y suministró combustible a comentarios de todo signo y pelaje.

No pareció importarle. Intuyo que él cree fundamental vivir en comunidad, y en el departamento está acompañado por sus secretarios, personas de confianza encargadas de velar por su reposo. Además, eligió utilizar la buhardilla del edificio como espacio de trabajo personal y área de ejercicio físico, que es una parte importante del cuidado de uno mismo.

Es decir, ahí logra compañía, intimidad y ámbito de descanso y de autocuidado. No hay imágenes de la nueva vivienda, pero parece que el Papa ha buscado disfrutar de una casa. Me figuro que la refacción habrá modificado esas altísimas puertas, esos pisos de mármol y esos muebles barrocos que pude conocer en el primer nivel el día que estuve con él. El cerebro de la maquinaria vaticana está emplazado en un monumento del siglo XVI, y Prevost lo acepta y continúa, pero al mismo tiempo necesita un hogar como todo ser humano.

Sin complejos. Siendo él mismo. El p. Edgard Rimaycuna lo define como “cercano, tranquilo y con una gran capacidad de escucha. Y que siempre está disponible. A pesar de la gran actividad de trabajo y el ritmo de las actividades, siempre encuentra un tiempo para atender, para escuchar”. Eso solo se puede lograr si se cuenta con escenarios de sosiego, silencio, privacidad y los reparadores tiempos de soledad para quien pasa horas atendiendo a personas.

Siempre se ve muy entero a León. Nunca sobresaltado ni estridente, constantemente sereno y cercano: “Busca saludar, sonreír, dar una palabra de aliento, una frase o un pequeño gesto, siempre”. En la mañana detalles cordiales, cercanos y afectuosos; en la tarde, una reunión productiva, como cuando nos recibió a los de la selva, todos intervinimos en el diálogo, con él fluía. Pero en la noche, conversación calmada tomando lonche, unas risas, quizás una llamada a alguien querido, alguna lectura, un programa; acaso de madrugada un rato en el pequeño gimnasio. El cuerpo relajado, la mente clara, el corazón vibrante.

Francisco sin vacaciones; León cada martes a Castel Gandolfo. Francisco en Santa Marta; León en un departamento con gimnasio; Francisco con Laudato Si; León con la IA. Cada uno en su ley, tratando de responder, siendo plenamente él mismo, al servicio que Dios le ha pedido. Conviene aprender para reflejar lo mejor de ellos y sacar lo más genuino de ti. Con agradecimiento, sencillez y seguridad. Y cuando más diverso, más divino.

sábado, 4 de julio de 2026

EL MINISTERIO CONFIADO A UNA FAMILIA

 
Fue un momento muy emocionante, un día para recordar siempre, un fogonazo de sinodalidad y evangelio, una ocasión feliz, un cariño divino; uno de esos escenarios en los que captas que todo está bien, que así es como deben ser las cosas, que el tiempo coloca a cada uno en su lugar y que Dios tiene un preciso y precioso estilo para escribir las historias personales y familiares.

Se trataba de la ordenación del primer diácono permanente de la archidiócesis de Mérida-Badajoz. Un acontecimiento histórico e inédito, sí. Pero era también la culminación de una vocación de servicio a los más pobres y a la Iglesia vivida durante muchos años por parte de un hombre entregado, comunicativo, paciente y fiel como Morke. La presencia de muchos sacerdotes confirmaba el reconocimiento de su trayectoria y el respaldo a este nuevo tramo del camino.

Cuando a Juan Antonio Morquecho, nuestro Morke, le propusieron el diaconado permanente, lo acogió como una llamada de la Iglesia. Sonrió y a la vez tembló, y se dispuso al discernimiento. Iba consultando con Diosito y a la par con su esposa Lucía y su hijo Juan, ¿o quizá Dios les hablaba a través de lo que iban dialogando, compartiendo, orando y descubriendo en familia? No hay duda de que sí.

Porque para que Morke recibiera el orden, no es que su cónyuge tenía que “consentir” o “estar de acuerdo”, sino que Diosito deseaba confiar el ministerio a esta familia entera. Es cierto que quien subiría al altar sería el esposo y padre, pero la misión debía ser asumida por los tres, Luci y Juan como facilitadores, acompañantes y soportes.

Por eso, el gesto más luminoso y emotivo de la celebración fue la imposición de los ornamentos diaconales. Lucía y Juan subieron al altar y revistieron a Morke con delicadeza y unción. Ahí, tras la imposición de las manos y la oración, quedó consumada la consagración de esta familia como servidora, y de este papá y marido como diácono de la Iglesia.

A esas alturas ya había yo llorado un par de veces -además lo veía todo en primera fila porque me pusieron como uno de los dos concelebrantes principales-, pero ahí me desbordé. Sentí una dulce combinación de orgullo, agradecimiento, regocijo y serenidad. Porque este único, inédito, pionero, etc. … es mi amigo.

Viajé con la memoria 21 años atrás, cuando en mi primer pueblo, Valencia del Ventoso, solicitamos el apoyo del equipo de animación comunitaria de Cáritas Diocesana para orientar el trabajo de un grupo de cáritas parroquial que llevaba tiempo inactivo. Y así, una tarde de octubre, apareció Morke en mi vida. Él con 34 años, juventud y ya algo de experiencia en el mundo de la caridad organizada; yo con 35, juventud y totalmente novato en lo que significaba ser párroco.

Fueron meses de reuniones mensuales, que continuaron después en los años de los Valles. Nos hicimos amigos. El asesoramiento de Morke fue excelente; todos, presbítero y laicos, aprendíamos cómo impulsar la solidaridad y atender a los más vulnerables. Él maneja una pedagogía que llega, y una dedicación que convence. A veces le tocaba regresar a casa a las 10 de la noche en invierno. Luci lleva años haciéndose experta en sostener, alentar y aconsejar; ella, con su generosidad activa, hizo posible aquella donación y ahora abre este nuevo horizonte.

“Morke va a ser capaz de comprender muchos problemas de las familias mejor que los curas”, me dijo alguien muy sensato y con recorrido parroquial. Y, sí. Esta imagen está cargada de ternura y de profecía. Sé que rompe algunas cabezas clericalistas recalcitrantes, que hasta pretenden enmendarle la plana al Espíritu Santo y a la Iglesia haciendo campaña contra el diaconado de hombres casados, como si supusiera un desmedro para el presbiterado. Pero es en vano: la acción de Dios es pacíficamente imparable.

Felicitación a Mérida-Badajoz, mi querida diócesis madre. Enhorabuena Morke, Luci y Juan. Van a ser una espléndida familia diaconal. Gracias por su testimonio limpio, sencillo y dichoso. Fue un privilegio compartir con ustedes su día, y tan de cerca. Los quiero mucho. Cuenten con mi amistad y mi oración.

sábado, 27 de junio de 2026

EL PASEO MAÑANERO EN LA CIUDAD

 
Despierto temprano, todavía oscuro, y me lleva unos segundos darme cuenta de dónde estoy. Es algo habitual que la IA llama “desorientación del viajero” o "amnesia de despertar transitoria”. Me ayuda mirar mis viejos libros, una foto con mis abuelos y la imagen del Cristo de Javier en la cabecera de la cama. Me calzo las zapatillas y a caminar.

Hace un tremendo calor nada más salir a la calle, y eso que son poco más de las 6:30. Los primeros quince minutos son una bajada hasta la orilla del río. Casi no me cruzo con nadies; suele haber una cuadrilla de operarios de una empresa de limpieza preparándose para comenzar la jornada. Ríen, llevan escobones, van vestidos color malva y fuman, así que tomo aire y doy un rodeo.

El entorno fluvial está acondicionado como una zona recreativa, y normalmente hay gente haciendo deporte, pero a estas horas tan tempranas solo están los muy cafeteros. Al tercer o cuarto día ya nos reconocemos y hasta puede haber un movimiento de cabeza a modo de saludo: un treintañero que saca a pasear a sus dos perros, una señora muy tatuada, unos jubilados con gorra, un grupo de corredores ellos y ellas, todos estilizados y con polos de medias maratones (21K)…

No es como el paseo mañanero en los Valles, que describí hace casi 14 años, pero hay también silencio en medio del rumor urbano. Avanzo en la dirección del sol, que está apenas apuntando, de modo que los contornos de la vida se van definiendo perezosamente, como si al mundo le costase espabilar más que a mí. El alborear va peinando y arrancando claridades de la superficie del agua tensa del río, ocupada groseramente por el gramalote.

¿Será una garza esa ave que levanta el vuelo? Con ese pelaje negro rodeando sus ojos parece llevar un antifaz. El viejo puente, que asiste mudo al apagado de las farolas, guarda en su vientre un inquilino con carpa, frazadas y silla de ruedas; pobreza contumaz. Más abajo, ya en la ribera, se aprecian enhiestas las verdes varas del cañaveral, decoradas apenas con unas pocas flores blancas.

Los colores son grises, pardos y serenos en este trozo de naturaleza incrustado en la ciudad; únicamente los rayos solares, que se intuyen bajo el horizonte, aportan un suave sabor de conmoción a cámara lenta. Los trinos de los pájaros se combinan con el leve sonido de la radio, que me suele acompañar y arrancar algunas sonrisas mientras marcho.

Como siempre, durante el paseo mi cabeza cavila; me vienen planes para el Vicariato; maquino que "hoy tengo que hacer tal cosa, ver a tal persona"; pienso, considero, comprendo, mis mapas cognitivos se activan. Amo aun a distancia. Y regreso al presente, al peso decisivo de cada paso, al tacto rugoso de la tierra seca, acá y ahora.

Y a pesar de que mi ciudad es Mérida y la selva mi lugar, estoy en Badajoz por unos días, y todo concuerda.

sábado, 20 de junio de 2026

ESTALLIDO SOCIAL EN YANASHI

 
Sí, efectivamente, donde el derrame de petróleo. La serie de terror continúa con nuevos episodios de sufrimiento extremo de los pobres, incumplimiento de compromisos por parte de los responsables, abandono del Estado, humillación, desamparo, agotamiento y explosión de impotencia, rabia e indignación. No podía ser de otra manera.

La entidad dueña de las chatas accidentadas, y por tanto causante del vertido y obligada por ley a las medidas remediadoras inmediatas y posteriores, no se está comportando ni siquiera dignamente. Empeñaron su palabra y firmaron la entrega a la población de unas cantidades de agua potable y alimentos que, aunque estaban muy por debajo de los estándares señalados por la OMS, eran algo; pues dos meses después la gente ha recibido en total una triste canasta de víveres y una garrafa de treinta litros de agua.

Por otra parte, está la empresa contratada por la anterior para limpiar los escenarios del desastre. Aunque la norma da tres meses de plazo mínimo, ya están pensando en finalizar la faena y retirarse. Pero los vecinos siguen encontrando petróleo en las orillas, porque desde que ocurrió el incidente el río ha crecido, y temen que cuando merme reaparezca el crudo. El comité de autoridades local protestó a la OEFA, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental en Lima, nada menos. Y eso originó una reunión.

Se presentaron en Yanashi un ingeniero de OEFA Loreto, el jefe de la compañía de limpieza y un representante legal de la empresa responsable del siniestro. Yo llegué de Iquitos unos 45 minutos después, y me fui de frente al encuentro que mantenían con las autoridades. Un considerable gentío se iba congregando en la orilla del río y frente al salón parroquial, donde tenía lugar la reunión. El ambiente era tenso dentro y fuera.

El diálogo fue medio intrincado, hubo preguntas, aclaraciones en general poco convincentes, y la sensación de que a este pueblo lo están peloteando en un laberinto de informaciones y justificaciones. Las leyes, los organismos, los debidos procesos y las oficinas de la ciudad están a una distancia sideral del padecimiento concreto y palpable de las personas de acá, con nombre y apellidos. Tal vez necesitaban los ingenieros y el doctor un golpe de realidad, y lo tuvieron que aguantar.

De hecho, cuando salieron del salón, los esperaba una muchedumbre. En medio del creciente griterío, las autoridades nos dirigimos con los visitantes hacia el puerto, rodeados por los pobladores manifestando su irritación. Cuando la gente vio que se disponían a subir a los botes para zarpar, la irá subió de intensidad. Los vecinos les increparon fuerte, conminándoles a que dieran explicaciones y soluciones.

Por un momento temí que se iba a desencadenar la violencia. Vi miedo en los ojos de los forasteros. Había manos que jalaban de los cabos para que las embarcaciones no pudieran soltarse. Alguno logró subir, pero le hablé para que regresara a tierra, porque sentí que debían ellos escuchar directamente a la población enardecida y ofrecer aclaraciones. Propusimos ir al local comunal, bien cerquita, pero no, se dijo con cólera que allí mismo en la vereda había que conversar.

Y varias personas narraron sus historias. Una señora se mojó enterita por la olada en su canoa, y el agua del río “le quemaba”; un papá bañó a su hijita en la quebrada porque se les terminó el agua de lluvia y la tuvo que llevar a la posta con ronchas en la piel; trastornos gástricos, vómitos y diarreas por comer pescado; la angustia de tener que tomar agua del río, sabiendo que es venenosa, porque no hay otra…

Lindos, los rostros soleados con rasgos indígenas, las manos nudosas hechas al remo, ese español bola-bola, pero con la cruda sinceridad de quien le han arrebatado de un día para otro su fuente de vida, sustento y bienestar. Me daba gusto cómo se expresaban, su desgarro, el tono de la desesperación de quien ya no tiene nada que perder. Y me sentí orgulloso del pueblo menudo, y de poder estar allí con ellos respaldando, poniendo calma y ayudando alguito.

El pobre asesor legal dijo con su acento limeño que “no tenía poder para prometer nada”, se mereció una catarata de abucheos, gritos, insultos y se libró de algún guantazo. No es culpa suya: sus jefes lo mandaron a los pies de los caballos, mientras ellos bien comidos, bañaditos y tranquilitos. Porque ¿a quién le importan estas comunidades, cuatro gatos perdidos en medio de la selva?

Eso es lo más dramático. La Amazonía solo interesa como negocio, y sus habitantes son más bien un fastidio ligeramente engorroso para el gran capital. Pero para la Iglesia son los preferidos, los más vulnerables; le importan al Vicariato, me importan a mí. Y no les abandonaremos.

sábado, 13 de junio de 2026

QUE LOS DEL DOMUND LE DEN UN PREMIO AL QUESO "LA PINTA"


¡¿Pero cómo es posible que no le hayan dado todavía el óscar al Pájaro Loco?! – se indigna Mafalda, en una de sus famosas tiras. Pues eso mismo digo yo: ¿Cómo es posible que los del DOMUND no le hayan dado todavía un premio a la fábrica de La Pinta? Porque este queso está unido a muchas aventuras misioneras como parte esencial.

Fundamental para la supervivencia, quiero decir, ya que a bastantes misioneros los ha salvado en esos momentos de hambre pura y dura que se suelen suscitar en los recorridos. Con frecuencia las esperas son largas, se echa encima el día y la gente no tiene casi nada que ofrecer de comer; o bien hay poco tiempo entre una actividad y otra, o hay que zarpar de pronto a otro lugar… Y ahí La Pinta entra en escena.

Porque este queso importado de Holanda, fundido y un puntito fuerte, es un campeón en conservación: abres la lata, le buscas una tapa de plástico que le cuadre y resiste días y días sin necesidad de refrigeración. Que por otra parte sería imposible en estos ríos nuestros donde la electricidad es un lujo asiático, y peor en tiempos de subidón del precio del combustible por cierre del estrecho de Ormuz.

La primera vez que lo vi, lo sacaba el p. Jaime Lalonde (el único cura que celebra misa con gorro en la selva) de su congelador, que solo funcionaba cuatro horas en la noche, cuando la luz en San Pablo era así, y lo ponía para desayunar. Ahí lo conocí. Se comía un pedacito siempre después de su sopa con arroz blanco, hombre de costumbres inmutables.

En mi anterior viaje por las comunidades kichwa del alto Napo, La Pinta nos sacó de más de un apuro. Ante perspectivas de cenas inexistentes, o para matar el gusanillo durante la travesía, plas, echábamos mano de la lata cuchillo en ristre. Pero sobre todo en una jornada de bautismo masivo, creo recordar que en Rumi Tumi. Eso sí que fue heavy.

Eran veinte o treinta bautizos, es decir, todita la comunidad implicada. Eso significa baldes y baldes de masato, e invitaciones por todos los flancos. Domi me dijo: “Pucha, nos ha convidado medio pueblo, a ver cómo hacemos para cumplir con todos, hay que ir”. “Sí”, le dije, “pero antes hay que comer algo, si no nos vamos a emborrachar, y qué feo se vería”.

Riéndonos nos fuimos un momento al bote a ver qué había, y por el camino íbamos prometiendo a unos y a otros que sí, que vamos a ir a tu casa al ratito a celebrar. Eran cerca de las tres de la tarde, la gazuza y el sol apretaban después de más de dos horas de liturgia. Encontramos un par de pescados ahumados, algún huevo sancochado y… ¡nuestro querido queso La Pinta!

Al toque improvisamos un almuerzo que nos dejó medio armados, es decir en capacidad de no caernos redondos a la tercera ronda de masato (lo conté acá). Además, en varias casas había también chuchurrín, es decir aguardiente puro y duro ya para dar la puntilla al más valiente. Pues resistimos bastante bien (Domi, ¡qué tía!) oyes. Y ya en la noche alguien vendía carne de sajino, compramos y esa cena sí que nos supo deliciosa y reconstituyente de los estragos del alcohol.

Todo, con ayuda del queso La Pinta. Cuyo nombre no alude a la segunda carabela de Colón, sino a una vaca que según la IA es de la raza Holstein o Frisona, originaria de los Países Bajos y Alemania, y mundialmente famosa por su distintivo pelaje manchado de blanco y negro y su alta producción de leche. Por si hay algún anticolonialista por ahí, calma y tranquilidad.

Puedes encontrar La Pinta en muchas bodegas de Iquitos (publi), a la gente le gusta especialmente con madurito, según veo en redes. ¡Gran servicio el de nuestro queso misionero preferido! Ojalá ya estén considerando galardonarlo por su inestimable apoyo a la evangelización.

En fin, que hoy no tenía ganas de escribir nada serio. Y esto es lo que me ha salido.



domingo, 7 de junio de 2026

MI AMOR-PERSONA


Había leído años atrás el Nican Mopohua, el documento más antiguo que relata (de hecho el título significa "Aquí se narra" en náhuatl) las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el cerro del Tepeyac en 1531. Lo volví a leer después de viajar a México hace año y medio. En Navidad lo releí y encontré esta expresión en el número 28. Desde entonces la tengo atesorada con dulzura en el corazón.

Mi Amor-Persona. Escrito así, con mayúsculas, en la edición de Eduardo Chávez (México, 2021), que brinda la traducción paralela en náhuatl, español e inglés. Es la primera aparición de la Morenita al joven: primero lo llama, se le muestra, y a partir del nº 23 le habla, se presenta como “la perfecta siempre Virgen Santa María”, y enseguida le expresa su deseo de que se construya “una casita sagrada en donde lo mostraré a Él” (nº 27). Está claro que se refiere a Jesús.

Acá llegamos al nº 28. “Lo ofreceré a Él a las gentes”, y a continuación la palabra notetlazotlaliz. Y en este punto encuentro una discrepancia en las traducciones:

- En varios lugares de internet veo: “Lo ofreceré a Él a las gentes en todo mi amor personal, mi mirada compasiva, mi auxilio, mi salvación”. La IA traduce notetlazotlaliz como “mi amor a las personas” o “mi amor por los demás”. Es decir, María manifestará a su Hijo a través de su amor de ella, su misericordia, su auxilio y su salvación de ella a las gentes (I will give Him to the people in all my personal love, in my compassionate gaze, in my help, in my salvation). Pero ¿acaso no salva Jesús y nadie más que Él?

- En cambio Eduardo Chávez, en el librito que yo tengo, traduce: “Lo ofreceré a Él a las gentes; a Él que es mi Amor-Persona; a Él, que es mi mirada misericordiosa; a Él, que es mi auxilio; a Él, que es mi salvación”. Algo muy diferente: María hará conocer al Señor, y solo Él es misericordia, auxilio y, por supuesto, únicamente Él es salvación (I will offer Him to the people, He who is my Love-person, He who is my merciful gaze, he who is my help, he who is my salvation). Esta es, para mí, la versión correcta sin duda.

La Virgen llama a Jesús su Amor-Persona, y esa delicadeza sugiere intimidad, ternura, comprensión, sosiego, esperanza… Me detuve y muchas veces, y hoy de nuevo, saboreo… Mi Amor-Persona.

        Tú eres mi Amor-Persona.

        En ti y desde ti
        todos los otros amores quedan
                incluidos,
                relativizados,
                explicados.

        Mi Amor-Persona…

        Tú eres la persona clave de mi vida,
                por quien hago locuras,
                por quien me adentro en lo incierto,
                a quien únicamente entrego
                        mi corazón.
    
        Solo mi Amor-Persona me conoce
                en lo profundo,
                        me mueve,
                        me cambia,
                        me resucita.

        Mi Amor-Persona… ¡Qué belleza!

lunes, 1 de junio de 2026

EL PETRÓLEO VERTIDO CORROE AL SER HUMANO

 
Esa es la peor secuela de un derrame como el que estamos sufriendo en Yanashi. El crudo desparramado aterradoramente por la selva recrudece el lado tenebroso de las personas, envenena el clima comunitario, entorpece el fluir sereno de la vida. Porque no es más que el residuo visible de la codicia.

Ya desde las primeras reuniones, en medio de aquel desconcierto, nos enteramos de que iba a ser indispensable realizar una valorización económica del daño causado. El IDL nos pasó una publicación donde se explica el método y el resultado de la tasación llevada a cabo en el caso de Cuninico años atrás. Estableciendo unos criterios, se estiman las cantidades que los pobladores deberían percibir del operador como compensación por los perjuicios padecidos: peces que ya no se pescarán, cosechas que no se obtendrán, gastos por cuidados médicos… Un estudio laborioso y complejo que llevará su tiempo.

Pocos días después de mi visita, el comité de representantes de la población vino a Iquitos y los recibimos en el Vicariato. Cansados, impresionados, desolados. Llamamos a Defensoría del Pueblo, vinieron a asesorar con generosidad y competencia (¡gracias, dr. Abel Chiroque!). Había un denso programa de reuniones en diferentes organismos públicos; Bea y la doctora Jaqueline, de nuestra Oficina de Defensa de la Vida y de la Cultura, acompañaron al grupo. Fueron jornadas de trabajo arduo pero efectivo.

Poco después, por fin, apareció la empresa responsable, queriendo conversar. Se planteó inmediatamente la cuestión de las futuras indemnizaciones, y ahí parece que la unidad de la comisión delegada empezó a resquebrajarse. Según me contaron, de repente se presentaron personas queriendo formar parte del equipo; resurgieron viejas rencillas por motivos políticos; hubo cruce de agresiones verbales en las redes sociales, grabaciones secretas, clima social crispado.

El olor del dinero es el mismo que el del petróleo siniestrado, y provoca que a algunos les aparezca el signo del dólar ($) en las pupilas, como al tío Gilito, y salga lo peor del ser humano. Ya no importa la ofensa a la naturaleza o el dolor común, solo cuánta plata se puede ganar con el incidente. Normalmente los portavoces tenían que pagar sus pasajes, estadías y diligencias de su propio bolsillo (uno de ellos lo expresó al borde de las lágrimas), pero ahora alguien veía más bien oportunidad de negocio.

Incluso algún candidato también se metió, ofreciendo donaciones de agua y alimentos, adalid de la justicia y salvador de la situación, por supuesto a cambio de votos. Haciendo campaña y buscando ventajas a costa de la desgracia ajena. El bien común queda mancillado y tapado por una catarata de crudo sin control. El veneno negro marchita la bondad, corrompe la gratuidad y emborrona la decencia.

Felizmente, tras feroces discusiones, en Yanashi lograron definir los componentes de la delegación; regresaron a Iquitos y, con la mediación de Defensoría y del Vicariato, decidieron quién gestionaría la parte legal y alcanzaron algunos acuerdos con la empresa. Que tienen buena pinta, pero que habrá que hacer cumplir a cabalidad. Se prevé un proceso largo.

A esas alturas, ya se habían visto los primeros peces muertos, se habían registrado muchas reacciones y el Vicariato había emitido su pronunciamiento, que se puede leer acá. Pocas fechas después se reportaron casos severos de posible intoxicación: trastornos gástricos, problemas en la piel, pacientes con mareos… Es tarde para el agua, los animales, las plantas, la gente. Pasarán décadas hasta que se supere el trauma, si es que alguna vez se logra que esos lugares retornen a como eran antes.

El petróleo infligido contamina el ambiente natural y humano, porque corroe las relaciones. La avaricia desenfoca los intereses, ensucia las intenciones y, finalmente, socava la humanidad. Me parece la consecuencia más repugnante de este suceso aciago. Pero quiero fijarme en cómo también aflora lo mejor de muchas personas, que están dispuestas a sacrificarse por la salud y el bienestar de todos. Deseo mirar y reconocer para sentir esperanza.