sábado, 19 de septiembre de 2026

SALPICÓN DE NOSTALGIA

 
Las cajas con mis viejos papeles y fotos están en el altillo de mi cuarto, y cada año llega el momento de claudicar a su llamada susurrante y abrirlas para echar un vistazo. De pronto me veo rodeado de recuerdos, y bocanadas del pasado invaden el ahora.

La reciente mudanza me hizo desechar muchos trastos, sobre todo antiguos apuntes ya inservibles, pero procuré guardar con cuidado los tesoros que delinean la persona que fui y soy. El reencuentro con ellos me sorprende, me hace atar cabos y sobre todo me arranca sonrisas.

Reconozco lo mucho que me ha gustado siempre escribir. Acá hay redacciones escolares (“La ciudad irrumpe” o “Don Félix de Montemar, un personaje romántico”), el magacín mensual Cascanueces elaborado por un grupo de adolescentes de BUP que ya desde niños éramos aficionados, y varias publicaciones de la época de la formación inicial salesiana. En una de ellas el novicio César Caro dice: “a mí sí me gustaría ser misionero”. Me he pasado la vida creando revistas, los de mis pueblos lo saben.

Doy con el folleto de la obra teatral “El cianuro ¿solo o con leche?” de Alonso Millán, que un grupo de alumnos de COU nos atrevimos a representar dirigiéndonos a nosotros mismos, porque los profes que llevaban siempre el teatro se habían cansado aquel año. Papeles mecanografiados, compuestos artesanalmente a base de recorta y pega, y multiplicados con ciclostil. En los 80 no había computadoras ni celulares, ¡qué suerte tuvimos!

Un viejo recorte de periódico con foto y el titular: “Salesianos, a la final provincial de baloncesto”; y un dibujo a lápiz de un César escayolado, la rodilla lesionada, realizado por mi amigo Antonio Amores en noviembre del 87, ahí se terminó el basket para mí. Carnets del instituto de idiomas de Jaén, donde nos examinábamos de inglés, un folleto del ZX Spectrum y planos caseros de Avalon, mi videojuego favorito.

Un archivador entero está dedicado a la dimensión espiritual: recuerdos de los campamentos ADS de Mazagón, documentos de las pascuas juveniles en Puebla, cancioneros, temas, oraciones, textos de retiros… Tuve una niñez y adolescencia en las que el conocimiento de Jesús ocupó un lugar central; veo legajos de mis primeros pasos como catequista con 16 años, y de mi preparación a la Confirmación antes de irme a la universidad.

Me ha asombrado hallar mi diario, que comienza el 29 de febrero de 1988: “No es un momento feliz de mi vida”. Eran los últimos meses en el cole y escribía toditos los días, aunque fuera un párrafo, y lo mantuve hasta el 25 de junio de aquel año; después hay una pausa y lo retomo el 22 de septiembre del 89, cuando me fui a Cádiz al postulantado. Creo que fue una juventud con vida interior, rica en valores y profundidad.

Los escritos personales fueron evolucionando a cuadernos de vida, que me compraba mi mamá marca Oxford, y hay una caja entera, hasta hoy (voy por el número 13, me parece). Una carpeta colecciona sucesivas versiones del proyecto personal; releo aspiraciones, objetivos y esfuerzos por mejorar que me provocan, algunos, ternura por lo ingenuos e idealistas. Son el testimonio de soñar la vida en grande y querer caminarla con conciencia.

Hay papeles que abren a la evocación de mis mayores cariños, que permanecen intactos en el cimiento del corazón. “Manuel y Pilar. Bodas de oro”. Mis abuelos… nadie los ha superado en suscitar en mí tal adoración.

Y me ha emocionado el lema de la invitación a nuestra ordenación, en 2000: “Dadles vosotros de comer” (Mt 14, 16). ¿Por qué? Porque yo adopté por mi cuenta otro diferente, pero más tarde, al pasar a la diócesis y a través de la vida y el servicio en los pueblos, este se me fue imponiendo como espiritualmente más emblemático y decisivo para mí… sin jamás acordarme de que era el original.

Las imágenes, la escritura e incluso el olor que despiden los papeles añejos me transportan a otros lugares, experiencias, rostros y encrucijadas; son retazos de memoria y salpicones de nostalgia, pero también balizas para el presente y el futuro.

sábado, 12 de septiembre de 2026

LAS COSAS DEBEN SEGUIR CAMBIANDO

 
Pasar las vacaciones en casa me permite reencontrarme con mis libros. La mayoría viejos, de las épocas de estudiante, otros más actuales. Miro, paso páginas, muchas subrayadas, descubro dedicatorias, compruebo fechas… Me doy cuenta de que para releer prefiero espontáneamente la espiritualidad, antes incluso que la antropología. Pero no me pude resistir a un librito de Bernhard Häring, célebre moralista del que fui fan, titulado “Las cosas deben cambiar. Una confesión valiente”. Son una especie de confesiones personales que publicó ya al final de su vida.

En ellas, en su tono leal y a la vez crítico, acuña un concepto, “conducta ostentosa sacralizada”, que me ha acompañado siempre como advertencia y criterio de autoevaluación. Me doy cuenta de que, más de treinta años después, y reconociendo los pasos dados, las cosas deben seguir cambiando:

“Jesús desenmascaró y fustigó la funesta tendencia de los sacerdotes, los doctores de la ley y otros a poner la religión e incluso el nombre mismo de Dios al servicio de su deseo de poder y de ostentación” (p. 19).

“Es justamente esta conducta ostentosa de los especialistas de la religión lo que Jesús desenmascara en su misma raíz. Los solemnes ropajes, las filacterias, la exhibición pública de religiosidad, las oraciones a la vista de todo el mundo, la ostentación incluso en la misma presencia de Dios en el templo con plegarias como “Te doy gracias porque no soy como los demás hombres” (Lc 18, 11)” (p. 40).

“Jesús se denomina a sí mismo con la sencilla expresión “hijo del hombre” cuya mejor traducción podría ser “uno de vosotros”. Prohíbe a los suyos los títulos de padre o de maestro (…). No hay nada que nos oculte tanto a Dios y a su misterio como el comportamiento ostentoso” (p. 41).

“La sacralización de conductas ostentosas y el ejercicio autoritario del poder son cosas diametralmente opuestas al mensaje salvífico y a la misión de sanar” (p. 58).

“Uno de los más graves peligros a que ha estado y sigue estando expuesta la Iglesia: que al aliarse con los ricos, se imbuye a los pobres la falsa conciencia de que las desigualdades entre ricos y pobres son algo querido por Dios” (p. 62).

“La conducta ostentosa como método de autoimposición y como medio para situarse por encima de los demás resulta ser infinitamente más peligrosa para la autenticidad de la religión que la vanidad femenina” (p. 66).

“Las conductas ostentosas propias de los sistemas mundanos tienden siempre a la autoexaltación y a la acentuación de la autoridad. De hecho, prácticamente todos los sistemas de dominio basados en el poder procuraron históricamente sacralizar sus comportamientos ostentosos e impositivos (…). Santos como Francisco de Asís y Felipe Neri supieron ver este juego, acertando a ridiculizarlo, merced a un sentido cristiano del humor (…)” (p. 67).

“(…) La gran mayoría de nuestros obispos han advertido el juego y aman la sencillez evangélica” (p. 73).

A pesar de las limitaciones, estoy convencido de que hemos avanzado como Iglesia más humana, fraterna y abierta. Son impresionantes algunas de las intuiciones proféticas de Häring recogidas en este texto. Por ejemplo, cuando dice:

“Las funciones de los sínodos episcopales, que deben celebrarse a plazos regulares, no son meramente asesoras. El Papa debe asumir sus conclusiones y, por principio, confirmarlas” (p. 132).

Pues así ha sido en el Sínodo de la sinodalidad, que sigue en proceso. El Espíritu está actuando, a pesar de resistencias e inercias, sumando voluntades, inspirando sueños y alineando las miradas hacia el futuro.

lunes, 7 de septiembre de 2026

CONSEJOS PARA JULIÁN

 
Julián, muchacho, pero ¿cómo se te ocurre? ¿En qué jardín te has metido del que ahora no sabes salir? Ay Diosito… Mira, te voy a dar un par de consejos gratis por si todavía tiene arreglo. Que se antoja complicado.

¿Qué es eso de que “para cumplir mi sueño lo mejor para todos es una transferencia”? Al principio pensé que te referías a una transferencia bancaria, pa que veas que eso que planteabas no se me pasaba por la cabeza, ni a mí ni a ningún colchonero, tal era la veneración que la hinchada te profesaba; pero se trataba un traspaso a otro club, claro que tenía que ver también con la plata, qué duda cabe.

”Tu sueño”… ¿cuál es, ganar más millones? ¿Lograr todos los títulos con el Barcelona? ¿Y qué pasa con los sueños de todos nosotros, los atléticos? Porque los culers quieren ganar la Champions, ya… ¡y nosotros también, carajo! Que hemos perdido dos veces la final, y encima contra… Los indios teníamos fe en ti, eras nuestro jugador franquicia, contigo conseguimos aquel 5-2 y sentimos que todo era posible.

Hasta que nos propinaste semejante baldazo de agua fría. Tienes que ponderar la dimensión de semejante afrenta, y desde ahí comprender los pitos, insultos y desprecios que sufres y que temes. Julián hijo, nosotros somos el ejemplo viviente de aquello que decía Guardiola: “en el deporte lo normal es perder”… y contigo habíamos creído que podíamos ganar. Incluso yo.


Que sepas que no te necesitamos; no vayas a pensar que eres imprescindible. Más bien queremos gente que ame el Atleti, nuestros colores, nuestro carácter, nuestra historia y nuestras posibilidades. O sea, que se deje la piel en el campo, sepa perder y celebre los títulos como algo realmente extraordinario. Me parecía a mí que tú eras de esta raza.

“Es que ha estado mal asesorado”, decía Miguel Ángel Gil Marín para protegerte, y me parece bien. Pero tú ya eres mayorcito, Julián, y creo que bastante listo. Supongo que sabes lo que tienes que hacer, porque ha habido tiempo para asesorarte bien:

Lo primero, debes pedir perdón. Griezmann lo hizo, y en mayo, cuando se marchaba a USA, de nuevo dijo: "Pido perdón otra vez, no me di cuenta del cariño que tenía aquí". Había comprendido que la pela y las orejonas no son lo esencial. Así que, si todavía no has descartado triunfar en el Metropolitano, agacha la cabeza, agarra el micro y pide perdón con humildad.

Segundo, marca al menos 20 goles esta temporada, sumando todas las competiciones. Esa va a ser tu manera de mostrar que estás realmente arrepentido y que ya no quieres irte porque no ves en el mundo un club mejor que el Atlético de Madrid. Reconquista nuestra devoción con goles, porque “el amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”, como dice San Ignacio en el número 230 de los Ejercicios.

Tercero, encuentra el lado positivo de esta situación. Reconocer los errores permite aprender. Y además, las reconciliaciones son chéveres, implican segundas oportunidades, estimulan la generosidad y refuerzan la solidez de los vínculos. Perdona este rollo psicologista, pero algo te tengo que decir para animarte después de haberte jalado las orejas.

En fin… Empieza metiéndole un par de chicharros al Liverpool el miércoles y comenzamos a olvidar el asunto. Puedes aprovechar que los rivales creen que estás medio deprimido para machacarlos vivos. Esta fue una sugerencia táctica, toma ya.

En cualquier caso, si sigues empecinado en irte y visualizas unos meses deambulando como un zombi por las canchas, pues buen viaje lleves; gracias por tu aportación y chao pescao. Nadie está por encima del Atlético, y nosotros, sin ti, seguiremos siendo lo que somos: grandes a nuestra manera.

sábado, 5 de septiembre de 2026

UN PAÍS PORTÁTIL


Seguro que a Rubén Blades no le importa que comparta esta canción, publicada originalmente en 2009 en el álbum “Cantares del subdesarrollo” y salseada el mes pasado. Aunque está escrita pensando en su país, Panamá, ¡cómo se puede aplicar a este país maravilloso en el que vivo y al que amo! Un lugar donde todo puede ocurrir: móvil, sorprendente, trasladable, desarmable… Cuando me muera me entierran allí.

Se vende un país portátil
con su autoestima en el suelo
con un enorme complejo
que lo hace antinacional.
 
Es un lugar sin memoria
donde ya nada sorprende
vive el crimen indultado
o un charlatán presidente.
 
Se ofrece un país portátil,
se alquila un país portátil,
se ofrece un país portátil,
se vende un país portátil.
 
Barato un país portátil
con héroes falsificados
ideales hipotecados
y total mediocridad.
 
Oferta un país portátil
domesticado en engaños.
Se garantiza por años
la ausencia de honestidad.
 
Se ofrece un país portátil
que castiga al que es honrado
y a un pueblo autocondenado
por su irresponsabilidad.
 
Se vende un país portátil,
se ofrece en partes o entero
con un préstamo extranjero
hacerlo andar es muy fácil.
 
Se ofrece un país portátil,
se empeña un país portátil,
se alquila un país portátil,
se vende un país portátil,
 
Y si tiene oro, más rápido.
(Esta es tu raíz) Oye, enfrenta la corrupción
(defiende al país)
y a su maldad, dondequiera (esta es tu raíz).
Ponle todo el corazón (defiende al país).
Dale amor a tu bandera (esta es tu raíz).
Cuando me muera me entierran allí (defiende al país),
allí en la tierra donde yo nací (esta es tu raíz).
No dejes a la patria sufrir (defiende al país),
dale tu cariño, ayúdala a vivir.
 
Perú, todavía se puede, vamos.
 
Hay que salirle a paso a los sinvergüenzas (esta es tu raíz)
que abusan de la patria (defiende al país),
que no tienen conciencia (esta es tu raíz)
La patria aguarda la historia (defiende al país)
de nuestra colectiva memoria (esta es tu raíz).
No voten por políticos ladrones (defiende al país)
de los que arruinan naciones (esta es tu raíz).
Ve y defiende tu raíz (defiende al país)
y dale amor al país.

sábado, 29 de agosto de 2026

AMÉRICO PASCUAL TUMISHA ESTÁ VIVO, PERO LA AMAZONÍA MUERE


Al líder ashéninka Américo Pascual Tumisha le dieron por muerto a balazos cuando descubrió a unos supuestos saqueadores de aceite de copaiba en su comunidad. Afortunadamente no murió, pero el suceso muestra la extrema vulnerabilidad de los habitantes de nuestra Amazonía frente a las economías criminales. Los obispos y administrador apostólico de los ocho vicariatos de la selva peruana hemos reaccionado así:
 
PRONUNCIAMIENTO
OBISPOS DE LA AMAZONÍA PERUANA
“Defender la vida y el territorio no puede costar la vida”

Ante las noticias sobre el líder ashéninka Américo Pascual Tumisha

Los Obispos de la Amazonía Peruana expresamos nuestra profunda alegría por la noticia de que el líder ashéninka Américo Pascual Tumisha se encuentra vivo, y nuestra cercanía y solidaridad con su familia, la Comunidad Nativa Onconashari, el pueblo ashéninka y las comunidades indígenas de Yurua y de toda la Amazonía peruana.

La falsa noticia de su muerte evidencia la zozobra en que viven muchas comunidades ante el aumento de la criminalidad y la presencia de mafias ilegales que amenazan a quienes defienden sus territorios. Esta situación nos interpela como Iglesia y como sociedad. No podemos permanecer indiferentes ante la violencia que amenaza a quienes defienden la vida, el territorio y la Casa Común.

Como pastores de la Iglesia que peregrina en la Amazonía, afirmamos que toda vida humana posee una dignidad inviolable. El Documento Final del Sínodo para la Amazonía señala que “la defensa de la vida, la comunidad, la tierra y los derechos de los pueblos indígenas es un principio evangélico, en defensa de la dignidad humana” (n. 48). Para los pueblos indígenas, esta defensa implica también proteger la memoria, la cultura, la identidad, la vida comunitaria y el futuro de las nuevas generaciones. Por ello, hacemos nuestro el llamado de Laudato Si’ a escuchar “el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (cf. n. 49).

La situación de los defensores de derechos humanos en el Perú es crítica. Según el Ministerio de Justicia, durante 2025 se registraron 201 casos de afectaciones y amenazas, cifra récord. En el ámbito indígena, AIDESEP reporta 38 líderes asesinados entre 2016 y 2026. Todo ello, pese a la existencia desde 2021 del Mecanismo de Protección de Defensores y Defensoras, cuyo funcionamiento ha demostrado ser lento e insuficiente.

Por ello, exigimos al Estado peruano reformular este Mecanismo, revisando sus plazos y responsabilidades e incorporando la salud mental y el acompañamiento psicológico de los afectados. Asimismo, solicitamos incluir a las organizaciones indígenas y sus diferentes órganos, pues conocen mejor el territorio y su participación contribuiría a garantizar sus derechos y fortalecer su capacidad de protección frente al avance de la criminalidad.

Frente a toda forma de violencia e intimidación, afirmamos que el camino de la Amazonía debe ser el diálogo, la justicia, la fraternidad y el respeto de los derechos. Convocamos a toda la sociedad peruana a no permanecer indiferente ante la violencia que afecta a los pueblos amazónicos.

Que María, Madre de la Amazonía, consuele a quienes lloran y fortalezca a quienes trabajan por una Amazonía viva, libre, sana, justa, fraterna y en paz.
Amazonía Peruana, 28 de agosto de 2026

“La justicia y la paz se abrazarán” (Sal 85,11)


1. Monseñor Miguel Ángel Cadenas Cardo. Obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos, identificado con CE N° 000115005
2. Monseñor David Martínez de Aguirre Guinea. Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto  Maldonado, identificado con DNI N°48920147
3. Monseñor Augusto Martín Quijano Rodríguez. Obispo del Vicariato Apostólico de Pucallpa, identificado con DNI N° 07753042
4. Monseñor Jesús María Aristín Seco. Obispo del Vicariato Apostólico de Yurimaguas, identificado con C.E N° 001550654
5. Monseñor Gilberto Alfredo Vizcarra Mori. Arzobispo metropolitano de Trujillo y administrador apostólico del Vicariato de Jaén, identificado con DNI Nº 06539453
6. Monseñor Juan Carlos Morante Buchhammer. Obispo electo del Vicariato Apostólico de Jaén, identificado con DNI N° 09449339
7. P. César Luis Caro Puértolas. Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San José de Amazonas, identificado con DNI Nº 48995320
8. Monseñor Alejandro Adolfo Wiesse León. Obispo del Vicariato Apostólico de Requena, identificado con DNI Nº 09925754
9. Monseñor Anton Gerardo Zerdín. Obispo del Vicariato Apostólico de San Ramón identificado con C.E N° 000213163
10. Monseñor Pedro Orlando Castro Castro. Obispo coadjutor del Vicariato Apostólico de San Ramón, identificado con DNI Nº 24004593

sábado, 22 de agosto de 2026

DESARMAR LAS PALABRAS, PERO SIN DEJAR DE PRONUNCIARLAS

 
Preparando con esmero el momento, y generando un entorno físico y emocional adecuado para propiciar la caída de las defensas y estimular la escucha atenta y vulnerable. Esto llevamos un tiempo intentando entre los misioneros de nuestro Vicariato. Poder dialogar y decirnos lo que sea necesario, aunque duela.

Y así tratamos de crear un espacio seguro en el encuentro anual de agosto. Días que nacieron como oportunidad de formación juntos, y también por grupos vocacionales; y que con el paso de los años van evolucionando a un ámbito de sinceridad, escucha, lealtad y acompañamiento. Para que la sinodalidad la podamos ir modelando entre todos, con delicadeza y paciencia

Días para ejercitar la comprensión, que siento que nos hace mucha falta. Para “mirar y fortalecer nuestra comunidad misionera vicarial”, como titulaba el programa. Y así llegamos, todos con buena disposición a “salvar la proposición del prójimo” en expresión de Ignacio, es decir a aceptar que el otro actúa buscando el bien, aunque no estemos de acuerdo con él; a querer al diferente fundados en lo que compartimos.

La primera tarde la dedicamos únicamente a convivir, charlar, piscina, hamaquear, juegos de mesa, reír, descanso… Ver al otro en bañador o perder al rummikub relaja y nos hace sentirnos hermanos e iguales, más allá de ideas, concepciones de la misión, intereses, afinidades o nacionalidades. Solo seres humanos con diferentes timbres de carcajada, pero misioneros al fin, unidos por un propósito, una vocación y unos valores.

Justamente así arrancamos al día siguiente: enfocando nuestros tesoros. Y de ahí, pasamos a identificar y enfrentarnos con las “banderas rojas” en nuestra dinámica comunitaria: maneras de funcionar, vivir, relacionarnos, organizarnos…, que reconocemos como factores de riesgo para la sinodalidad en misión que anhelamos vivir. Y juntamente, los “corazones”, es decir, emociones y sentimientos que estos dinamismos menos saludables originan. Dispusimos de un largo rato de silencio y trabajo personal, tras el cual cada uno depositó en una canasta sus banderas y corazones escritos de forma anónima.

Durante el descanso de mediodía, los encargados de secretaría transcribieron exhaustivamente las aportaciones de banderas y corazones. Y al comienzo de la tarde, absolutamente todas esas frases, tal cual fueron aportadas, fueron leídas en voz alta. “El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comunicación cotidiana, cuando alguien nos dice algo que cambia nuestro estado de ánimo, ya sea para bien o para mal” (Magnífica Humanitas 214).

Autoritarismo, murmuración, individualismo, clericalismo, aislamiento, opacidad informativa, resistencia al cambio, decisiones mal tomadas, concentración de funciones, poca representatividad de los equipos, política de hechos consumados, sinodalidad disfrazada… Desconfianza, tristeza, enojo, confusión, decepción, desánimo… Reclamaciones sin censura, gritos de dolor, quejas descarnadas. Palabras duras, fuertes, cargadas. Admito que se me cayeron como un huayco y me aplastaron.

Se dio un espacio de micrófono abierto. Se escucharon varias intervenciones muy atinadas, que modularon la palpable tensión. Y después, grupos que, durante media hora, diseñaron propuestas para responder a esas situaciones en clave de cambios estructurales, procedimientos o enfoques. Salieron sugerencias valiosas, ideas posibles y constructivas. Sin dramatismos ni paños calientes; las banderas rojas no nos definen, pero existen.

“Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra”, ha dicho el Papa León*. Aquel día necesité silencio, oración, muchos mensajes de apoyo, consejos y cariños para procesar de forma positiva y no personalizar en mí las banderas rojas. Hay cuestiones que precisan cirugía invasiva, y por tanto hay que aceptar un daño necesario. Era crucial descentrar mi pesar y desconcierto para discernir humildemente a qué me llama Dios ante ese panorama, y cómo puedo mejorar en mi servicio como una parte más de este sistema vivo, complejo y dinámico que es la comunidad de los misioneros del Vicariato.

La jornada se completó con una celebración de gratitud, reconciliación y construcción, con pequeños diálogos personales en carrusel. Al final, las sensaciones expresadas fueron de esperanza, ánimo, fraternidad, agradecimiento, alegría tranquilidad… Cuando desarmamos las palabras y podemos decirlas, logramos escucharnos, entendernos, perdonarnos y cuidarnos mutuamente. Gracias; estoy interpelado, dolorido, orgulloso, y ya he puesto manos a la obra.

* Discurso dirigido a los profesionales de los medios de comunicación el 12 de mayo de 2025.

sábado, 15 de agosto de 2026

"BONITO UNIFORME, PADRE"


Bonito “porque es igual que el mío”, pero eso no lo dijo, ni falta que hacía. Durante un rato formé parte de su equipo, o de su barra, pero sabiendo que soy de todos por igual, y que este servicio consiste, en buena medida, en estar presente, acompañar. No más. Poniéndome la camiseta del Vicariato, que en realidad es la única que llevamos todos.

Pero eso no quita que, si me regalan la indumentaria deportiva de Yanashi, me la coloque bien orgulloso. Estamos en la Confraternidad, el encuentro anual de los profesores de los cuatro colegios que tenemos en convenio con el Estado (“concertados” se llamarían en España) y las dos ODECs (Oficina Diocesana de Educación Católica). Una especie de fiesta de la pastoral educativa, convivencia de quienes llevan adelante la misión de educación en nuestro territorio.

Nos juntamos entre 250 y 300 personas en un recinto para eventos en Iquitos, con espacios y servicios adecuados. La jornada comienza con la Eucaristía. Otras veces ya me ha tocado presidirla sustituyendo al obispo, pero este año me corresponde, y además quizás por última vez. Elinor, que es la que me piropeará más tarde mi “bonito uniforme”, sale a leer la lectura. Raramente tiene uno un público tan numeroso y cualificado.

Y quiero aprovechar la oportunidad. Les doy las gracias por su labor, que sé que va mucho más allá de un mero trabajo remunerado; para nosotros, los maestros son auténticos agentes de pastoral, y la educación la herramienta clave para el desarrollo integral de las personas y la sociedad. Les hablo de asuntos que me preocupan, como los crueles datos de la ENLA (Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje), que sitúa a nuestra región como prácticamente la última del Perú en resultados académicos.

Les ruego a todos algo muy concreto: “Por favor, no pierdan horas de clase en actividades, ensayos, aniversarios, desfiles, fiestas… Se lo pido por favor”. Muchos alumnos no logran leer y escribir correctamente al final del ciclo de escolarización obligatoria... “Se lo pido de rodillas”. Y sí, me puse de rodillas con gesto suplicante; así me salió. Porque es clamoroso que se desperdicie tanto tiempo, que después se lamenta.

También sale el tema del buen trato a los alumnos, sobre todo a las chicas; este año tenemos de nuevo varias denuncias por acoso, presuntos abusos… Tenemos que erradicar eso de nuestros colegios sea como sea, utilizando todas las armas a nuestro alcance y aplicando la tolerancia cero. A pesar de eso, les digo que “confiamos en ustedes”, porque se trata de reconocer, animar y respaldar.

Después de la misa – y el refrigerio- se proyectan unas presentaciones de cada institución, y a continuación nos deleitamos con las actuaciones de danza que cada plana docente ha preparado, algunas arduamente durante días. Me parece magnífico cómo se manifiesta y valora nuestra cultura amazónica. Se representan la preparación de masato, o la construcción de la maloka… esos ritmos fuertes, las vestimentas, los utensilios, es una maravilla. En Aucayo hasta aparecen el p. Severino Deshaies y la madre Jeanne Thibault, personajes históricos del colegio.

El día va transcurriendo así, pasando por el almuerzo, hacia el deporte, donde he comenzado a narrar. Tal vez haya que hacer mejoras organizativas y eliminar la competencia entre colegios, porque la gente se lo acaba tomando muy en serio, y se trata nomás de estar juntos, convivir y divertirse. Hay también propuestas en línea de austeridad (que se gaste menos plata), y de que se asegure que los participantes se mezclan y hacen nuevos amigos. Y sí, creo que todo es acertado.

Hacia el final, varios profesores vinieron expresamente a darme las gracias por quedarme todo el día. Y me acordé de que, en los ejercicios de preparación a la ordenación, nos enseñaron que el presbítero es una persona-signo. El administrador apostólico, autoridad en este momento del Vicariato, es un símbolo de unidad, de identidad en torno a una misión y unos valores. Se le requiere estar, permanecer. Gracias por aceptarme y apreciar.

sábado, 8 de agosto de 2026

LOS JÓVENES Y JESÚS

 
Así podría titularse esta imagen. En ella vemos a un buen número de personas. Se encuentran en la maloka de Indiana (que por cierto ya presenta huecos, pronto hay que cambiar la hoja). La mayoría son adolescentes y jóvenes, aunque eso no se aprecia muy bien y ya lo cuento yo; porque estoy ahí, de espaldas, sentado, como todos. Y también está Jesús.

Los participantes se ven regados, diseminados en un aparente desorden; si damos marcha atrás mentalmente, descubrimos que hace unos minutos todos formábamos un círculo, y nos han invitado a separarnos, a buscar cada uno nuestro espacio y quedarnos momentáneamente solos, aunque sigamos juntos.

¿Quién nos da las indicaciones? Hay varios misioneros, y una de ellos, la hermana Griselda, aparece en primer plano a la izquierda, con un micrófono. Está guiando una contemplación, un rato de oración en la que se trata de ejercitar la imaginación. De hecho, si observamos con detenimiento, constatamos que ella es la única persona que habla.

Estamos en el encuentro de pastoral juvenil, que este año es por zonas; acá hay muchachos llegados de siete puestos de misión. Dejémonos impactar por sus posturas de concentración, por su recogimiento. Tienen entre 15 y 25 años, y aunque selváticos, pertenecen a la generación del ruido instantáneo, del tik-tok, de las imágenes frenéticas y de la IA. Pero acá han construido el silencio.

Podemos percibir el silencio en cada píxel, rezuma por los cuatro costados de la foto. El silencio es el lenguaje universal del encuentro con Dios. Respiran a Dios, le dan espacio y tiempo, le permiten llegar hasta el corazón, le hallan allí, en el lugar de la intimidad más alegre. Jóvenes amazónicos rodeados de naturaleza, envueltos en Dios.

La composición de lugar del relato está ambientada en el río, hay una canoa en la que navegan, y a partir de un cierto momento van subiendo personas importantes en su vida, hasta que se une Jesús. La voz de Gris va sugiriendo elementos de diálogo y escucha, gestos de amistad clara e incondicional, auténtica libertad. Abro un ojo y compruebo que lo están viviendo. Advierto incluso algunas lágrimas.

La energía que me circunda me habla de presencia y consciencia. La conversación con Jesús, su abrazo confiado, no son una alucinación o un lindo cuento. Lo siento ahí, patente; lo puedo captar cuando regreso hoy a la imagen, me sigue acariciando esa complicidad que se multiplicaba y nos impregnaba. Fue un momento asombroso.

“Jesús te ha elegido porque te quiere”. Se lo dije como quien traduce a palabras una conmoción interior. A mí también me lo dijeron hace muchos años, y me llegó. “Te quiere y confía en ti, por eso te envía con una misión; para que le ayudes”. Hasta hoy intento realizar la misión, con muchos tropiezos; ellos, que son mucho mejores que yo, ¿cómo no lo van a lograr, con la ayuda de Jesús?

Como tantas otras veces, he podido asistir a la hermosura incomparable de Dios-con-los-jóvenes. No dejo de agradecer ese premio inmerecido, que me reconcilia con la vida y me insufla empuje y optimismo. Y qué orgullo contar con algunos chicos y chicas que conocí hace 7 u 8 años, y comprobar cómo han madurado y ahora son los coordinadores de los grupos, referentes de sus compañeros.

Así que esta es una instantánea o captura de pantalla de los jóvenes y Jesús; o de los jóvenes con Jesús; o de Jesús en los jóvenes; o de los jóvenes que son Jesús. Son versiones de lo mismo, como el agua de la quebrada es la misma que la de la cocha, y la misma que fluye hasta el mar.

sábado, 1 de agosto de 2026

PÁRROCO POR UN FIN DE SEMANA

 
Celebrar la misa dominical en una iglesia grande y casi llena, con un excelente coro, varios instrumentos musicales y hasta con ayudante para dar la comunión.

Aceptar una invitación a almorzar en una casa de familia, charlar, reír y sencillamente compartir un plato de escabeche de pollo con papas.

Caminar por la calle como cualquiera y comprar un helado.

Dar la bendición con un poquito de agua a una bebé que llevaba unas coletitas muy graciosas, aclarando que eso no es todavía el Bautismo, que será en septiembre.

Escuchar: “Padre, ¿ya te vas a quedar acá?” y “¿cuándo vas a regresar?”. Emocionarme sin que se den cuenta.

Conversar, escuchando horas y horas a varias personas que asombrosamente te otorgan su confianza.

Desayunar a la mexicana: tortillas, nopales, huevo, chilaquiles y una salsa picante que te hace echar fuego por la boca.

Confesar asistiendo a la belleza y el dolor de vidas abiertas, recogiendo lágrimas y siendo transmisor de la misericordia divina sin merecerlo.

Jugar con Dashel, que es una niña con autismo que se comunica de forma muy peculiar y yo sé que me quiere. Y yo a ella.

Ir a una casa a dar la unción de los enfermos a una mujer -de mi edad- que está en agonía, y agarrarle la mano todo el tiempo, queriendo hacerle sentir sosiego y compañía.

Saludar a los jóvenes de catequesis de confirmación, que celebraban un cumpleaños; comer un pedazo de torta y tomar un vaso de Inka-cola con ellos.

Bendecir cruces, agua, cadenas, imágenes y estampas. De todo.

Tomar mate y tal vez degustar un alfajor argentino. La acogida entre los misioneros no tiene fronteras.

Celebrar el bautismo con todo gusto, comprobando que no se me ha olvidado, y gozar.

Explicarles a las monaguillas Britani, Danna, Génesis y Karina que mejor no toquen la campana en la consagración porque me distrae. Darles su propina.

Estrechar un montonazo de manos, dar muchos abrazos, saludar por todos los flancos.

Sentirme parte de una comunidad. Ni más ni menos. Como cuando estaba en mis pueblos. Lo extraño mucho. Las responsabilidades de autoridad y coordinación te aíslan un poco; y más en el Vicariato, cuya oficina, donde yo vivo, está geográficamente fuera de nuestro territorio.

Añoro esa proximidad, esa facilidad de relaciones, ese conocimiento de la gente, ese servicio que consiste, en buena medida, en estar, quedarte, acompañar… y pertenecer.

Cuando voy a Caballo Cocha, la población más grande que tenemos, y uno de los ocho puestos de misión que no cuentan con presbítero (de un total de 16), me regocijo haciendo de párroco a tiempo completo durante el fin de semana. Y cómo lo disfruto. Porque no creo que deje nunca de ser párroco, sea lo que sea que me toque hacer.

sábado, 25 de julio de 2026

EL ESTADO SE HA LLEVADO A LOS JÓVENES DE NUESTRO INTERNADO DE ESTRECHO (2ª parte)

 
El año pasado, ante semejantes perspectivas, planteamos el convenio directamente con el gobierno regional, ya no con la UGEL Putumayo. Nos recibieron de lo mejor, la directora regional muy amable, creímos que nos comprendían, se redactó un borrador muy satisfactorio que aseguraba la autonomía del internado, y cuando ya estaba a punto para ser firmado… llegaron y se llevaron a los muchachos a vivir al colegio en abril. Así, sin más explicaciones, abruptamente, sin posibilidad siquiera de reclamar.

Fue un traslado tan improvisado y repentino que los adolescentes tuvieron que llevarse sus colchones del internado para que pudieran colocarlos sobre el piso y dormir, porque no había ni camas para ellos. Los ubicaron en un salón de clase los varones y una sala de profesores las mujeres, adaptando los baños del patio escolar. No es que el colegio no reúna las condiciones para albergar la residencia, es que se ve tan viejo y deteriorado, y se ha quedado tan pequeño, que están a la espera de que se construya uno nuevo.

Nadie dijo nada. No hubo ninguna comunicación oficial. Ningún padre de familia alzó la voz. Ni un mínimo agradecimiento a las Misioneras Parroquiales por sesenta años de servicio; tal vez sea eso lo que deja más perplejo. La Congregación no quiso que fuésemos a protestar o conversar, únicamente un periodista me llamó para preguntarme. Silencio. Aquí no ha pasado nada. Como si nunca hubiera habido internado.

Ayer fui a ver a los chicos, como quien va al dentista. A varios ya no los conozco, pero a algunos sí, y la situación fue incómoda: no sabíamos qué decirnos. Estaban almorzando en un pasillo, bajo un techo provisional. Alguno llegó a abrazarnos al p. Javier y a mí. Vi que ya tienen camarotes (¿habrán devuelto los colchones?). Detecté en los cuidadores miradas de recelo y condescendencia, pero puede ser impresión mía. Nos explicaron su horario, desalentadoramente vacío de actividades.

Pensé en los edificios construidos con tanto esfuerzo y cariño, ahora solitarios: sus dormitorios con baños y lavamanos, salas de estudio, biblioteca, talleres (artesanía, cocina, peluquería…), comedor, sala de cómputo con sus laptops, auditorio, pistas de deporte… Recordé las ayudas que constantemente llegaban de las hermanas, o cuando apoyó mi diócesis de Mérida-Badajoz, o la diócesis de Albacete; todo ese esfuerzo y esa generosidad, durante años, se ha ido al agua.

Me vinieron al corazón momentos compartidos con los jóvenes: la Semana Santa, un partido de fútbol de la selección donde nos quedamos desolados fuera del mundial de Qatar, una noche de karaoke y risas, las pulseras que siempre les encargaba, esos domingos por la tarde bañándonos en la quebrada, cartas de ida y vuelta con muchachos españoles, un paseo nocturno por el aeropuerto… Para mí ellos eran parte fundamental de las visitas, disfrutaba enormemente su compañía, y de golpe adiós.

Cuando me pregunto el porqué, se me rompe la cabeza. Aunque existía ese escollo legal, creo que con voluntad se podía haber arbitrado una solución. Me dicen que hay personas dentro de los responsables educativos que no miran con buenos ojos a la Iglesia, y es posible; ya he descubierto en otros lugares que, justo donde tradicionalmente se ayudó mucho, hay mucho resentimiento. Y tengo que seguir procesando eso de “Te harás perdonar el pan que das”.

La realidad es que el Estado, que disponía de una residencia magnífica en los planos profesional, vocacional y material, ha elegido enviar a sus estudiantes más pobres de zonas rurales a un lugar donde son atendidos en condiciones de bastante menos calidad. Estoy en total desacuerdo con esta decisión estúpida y contumaz, en el contenido y en la forma. Como Iglesia creo que hubiéramos merecido más diálogo, más flexibilidad y, llegado el caso, un tiempo prudencial para efectuar el cambio con más preparación, asegurando mejor el bienestar de los jóvenes y quedando como amigos.

No siento rabia, ni siquiera por ese presumible sectarismo que se esconde detrás de las leyes; siento tristeza. Pero no tanto por la ingratitud o el desprecio, sino por lo que se podría continuar ofreciendo y sobre todo por los chicos y chicas que ya no lo podrán aprovechar. Ellos son lo único que importa y los que me duelen.

sábado, 18 de julio de 2026

EL ESTADO SE HA LLEVADO A LOS JÓVENES DE NUESTRO INTERNADO DE ESTRECHO (1ª parte)

 
En el río Putumayo profundo y lejano tenemos, desde hace más de sesenta años, un internado para jóvenes. Bueno… teníamos, porque el Estado nos lo ha quitado, en un ejemplo supremo de miopía institucional y necia rigidez. Resulta que las autoridades han empeorado las condiciones de vida de los estudiantes más vulnerables… con el fin de cumplir las nuevas leyes educativas.

Las Misioneras Parroquiales del Niño Jesús de Praga, brava congregación de las primeras que llegaron al Vicariato, en 1959, son las dueñas de la Residencia Estudiantil “Madre Angélica”, nuestro querido “internado” ahora desierto. En aquella época simplemente no existía la educación en estos territorios casi ignotos, el Estado no había llegado; fue la Iglesia la fundadora de escuelas, colegios y por supuesto, el internado.

Esta institución fue concebida desde su inicio como la oportunidad de cursar estudios para chicos y chicas de las comunidades lejanas. El Putumayo supera los 1300 kilómetros de longitud en territorio peruano, marcando la frontera con Colombia, y las distancias son tan enormes, que la única manera de que los alumnos de las comunidades pudieran proseguir en secundaria y soñar con una formación superior era venir a Estrecho a vivir en el internado.

Acá se les proporcionaba casa, manutención y, lo más importante, una segunda familia. Los papás y mamás dejaban a sus hijos “con las hermanas”, seguros de que, más allá del aspecto académico, en el internado recibirían una buena educación en valores. Las religiosas se entregaron con amor y delicadeza a los chicos y chicas; durante décadas les cuidaron, aconsejaron, recibieron sus lágrimas, escucharon las crisis adolescentes como auténticas madres. Siempre había un jaboncillo, unas sandalias, un cuaderno o una ropita para quien no recibía de sus papás porque la pobreza arreciaba.

Y así se han formado cuatro generaciones de jóvenes, con la figura de referencia de la hermana Guadalupe Filiberto, auténtica alma de este proyecto al que dedicó 50 años de su vida, que es historia de la misión en este río. Ella me contaba cuántas noches se quedaba vigilando la valla del internado con un palo en la mano para disuadir a los pretendientes de las chicas que intentaban ingresar furtivamente. Lupita falleció el pasado 19 de marzo… felizmente no ha tenido que asistir a este despropósito inaceptable.

Con el tiempo, el colegio primario, el secundario, el tecnológico y el resto de la educación en Estrecho fueron pasando de la Iglesia al Estado; solo quedó el internado, pero funcionando en convenio con la Dirección Regional de Educación, que proveía de profesionales y ayudaba con la alimentación. El resto lo seguían aportando las Misioneras Parroquiales y el Vicariato, incluyendo el mantenimiento de las instalaciones, la construcción de nuevos ambientes y el equipamiento.
 
En el año 2021, una resolución ministerial instauró la modalidad colegio-residencia, que permite a estudiantes de zonas rurales e indígenas vivir e internarse en su centro de estudios. Un año después, el Congreso priorizó por ley este modelo: determinados colegios debían incluir la residencia en sus instalaciones, y el personal debía ser único. Acá empezaron los problemas. En Estrecho, el colegio y la residencia eran desde hace años dos entes independientes, pero ahora de pronto tenían que organizarse para trabajar coordinadamente, sobre todo en lo referente a los promotores de bienestar, gestores educativos, trabajadores de cocina, guardianía, etc.

La UGEL (Unidad de Gestión Educativa Local) empezó a pelotear a las hermanas a la hora de renovar el convenio. En mis estancias navideñas yo mismo fui testigo, varios años, de los retrasos, observaciones, trabas, silencios administrativos… Y todo para firmar convenios anuales que después ellos incumplían sistemáticamente: profesores que debían de repente reubicarse en el colegio, obstáculos para que la Congregación pudiera participar en el proceso de contratación, partidas de alimentos no recibidas… De todo. Las hermanas estaban ya cansadas.

(Continúa en la próxima entrada)