Hay varios momentos de "El Señor de los Anillos" en los que los personajes no se atreven ni a nombrar al "malo", o a hablar en la lengua de Mordor. Y en vez de decir "Sauron" (que así se llama el sujeto en cuestión) emplean eufemismos como El Señor Oscuro, el Poder de las Tinieblas, la Sombra, el Enemigo...
A nosotros nos pasa con el cáncer. Llevo varios días recibiendo noticias terribles de personas a la que se le descubre esta enfermedad de manera sorprendente, la última vez ayer; hace poco falleció una catequista y animadora de pastoral juvenil de Fuente de Cantos, una mujer joven, alegre, con dos hijos y mucha vida... La gente, cuando habla de esto, lo nombra también con eufemismos como "una cosa mala", "una de esas cosas bonitas", "eso malo que empieza por c.", "algo malo" o simplemente "un tumor"... Todos lo hacemos, y modulando la voz, como con prevención, con temor, no vaya a ser que atraigamos las iras de "eso" que ataca indiscriminada y cruelmente, que cercena vidas y destruye familias con su zarpazo silencioso que deja helados los corazones.
El pudor y el secreto que acompaña el inicio de este mal supongo que acrecienta el sufrimiento; nos sentimos desamparados, desarmados ante un poder devastador y ciego, como un niño angustiado frente a un lobo que le enseña los dientes en la oscuridad, esperando un ataque sin piedad o un giro de la fortuna que ahuyente a la fiera.
En medio de tantas historietas de reuniones, trabajos, y a veces tantas cosas mundanas y vanas, siento un estremecimiento de respeto ante las noticias de cánceres cercanos, un punto de vergüenza pr las pérdidas de tiempo y una necesidad casi biológica de ayudar en algo a los que sufren este zarpazo.
jueves, 14 de octubre de 2010
viernes, 8 de octubre de 2010
COSAS MUNDANAS Y VANAS
Las reuniones de los curas con el obispo son de lo más curiosas; si se está atento se pueden observar diferentes actitudes y lenguajes corporales, advertir mensajes más o menos velados o directos, posicionamientos variados, densidad variable de alzacuellos, etc. La útima vez ayer. Por lo pronto, cuando el obispo llega se hace un respetuoso silencio, el aire parece de repente como más cargado, el personal modula sus palabras, tonos y gestos... y empieza la reunión. Mi radar nota más que respeto un poco de temor... ¿santo? Cuando se abre el diálogo se miden más que las palabras las sílabas, se calculan milimétricamente la conveniencia y las consecuencias de decir lo que uno está pensando... y finalmente no se dice, que las carga el diablo, oiga, jajaja. Una formalidad casi divertida aunque posiblemente no inevitable.
Ayer era el tema de la puesta en marcha de la nueva Acción Católica General, y otros días otras cosas igualmente interesantes. Da la impresión de que todo se gestiona en un juego de intereses, de afectividades y afinidades, una suerte de tejido hecho de quedar bien, ponerme a salvo, no contradecir ni señalarme, o señalarme a favor de corriente, "ganar puntos", estar en el sitio adecuado y dar la imagen idónea para que luego me consideren bien y me nombren no se qué. Y entre medias, la vida, la misión... ayer no hablamos una palabra de los laicos, de lo que las parroquias necesitan, de preguntarles antes de dar pasos, de la situación de personas y movimientos ya existentes... Todo como un poco arbitrario y artificial, a salto de mata y pendiente de intereses personales, carreras, ascensos, nombramientos... En definitiva...
... cosas mundanas y vanas. Es una frase que me encanta, la usa San Ignacio en su autobiografía y en el número 63 de los Ejercicios. Cosas vacías, sin sustancia, que nos distraen y nos entretienen, cosas que nos alimentan la vanidad, a ver si somos más "importantes" (madre, qué palabra).
El caso es que la reunión no fue del todo mal; mejor que la anterior del Consejo del Presbiterio, desde luego. Un poco divertido y distante (me habían aconsejado "tú no digas nada") comprobé que va mejorando en mí la necesidad de aprobación, no me hace tanta falta que los jefes me consideren bien. Estoy cada vez más reconciliado conmigo mismo (eso lo dice siempre Gabriel Cruz), a gusto en mi pellejo y contento desde mi verdad; daros cuenta. Pero estas hangás no importan mucho; importan las personas de carne y hueso y las cosas reales; importó hoy el ratito con Antonio el cantinero, la preocupación de Mari Carmen por Juan, el paseo con varias madres tras la entrada en el cole, el encuentro con los compañeros de mi grupo de estudio del Evangelio y la ruidosa reunión de la JEC de la tarde. Eso es lo que cuenta.
Y no tanto la Acción Católica imperial u oficial que nos espera.
Ayer era el tema de la puesta en marcha de la nueva Acción Católica General, y otros días otras cosas igualmente interesantes. Da la impresión de que todo se gestiona en un juego de intereses, de afectividades y afinidades, una suerte de tejido hecho de quedar bien, ponerme a salvo, no contradecir ni señalarme, o señalarme a favor de corriente, "ganar puntos", estar en el sitio adecuado y dar la imagen idónea para que luego me consideren bien y me nombren no se qué. Y entre medias, la vida, la misión... ayer no hablamos una palabra de los laicos, de lo que las parroquias necesitan, de preguntarles antes de dar pasos, de la situación de personas y movimientos ya existentes... Todo como un poco arbitrario y artificial, a salto de mata y pendiente de intereses personales, carreras, ascensos, nombramientos... En definitiva...
... cosas mundanas y vanas. Es una frase que me encanta, la usa San Ignacio en su autobiografía y en el número 63 de los Ejercicios. Cosas vacías, sin sustancia, que nos distraen y nos entretienen, cosas que nos alimentan la vanidad, a ver si somos más "importantes" (madre, qué palabra).
El caso es que la reunión no fue del todo mal; mejor que la anterior del Consejo del Presbiterio, desde luego. Un poco divertido y distante (me habían aconsejado "tú no digas nada") comprobé que va mejorando en mí la necesidad de aprobación, no me hace tanta falta que los jefes me consideren bien. Estoy cada vez más reconciliado conmigo mismo (eso lo dice siempre Gabriel Cruz), a gusto en mi pellejo y contento desde mi verdad; daros cuenta. Pero estas hangás no importan mucho; importan las personas de carne y hueso y las cosas reales; importó hoy el ratito con Antonio el cantinero, la preocupación de Mari Carmen por Juan, el paseo con varias madres tras la entrada en el cole, el encuentro con los compañeros de mi grupo de estudio del Evangelio y la ruidosa reunión de la JEC de la tarde. Eso es lo que cuenta.
Y no tanto la Acción Católica imperial u oficial que nos espera.
miércoles, 6 de octubre de 2010
SOY UNA NUBE
Cuando entramos con los niños más pequeños en la iglesia los miércoles (los que se preparan a la primera comunión), nos vamos al sagrario, nos sentamos y allí intento que se serenen y hagan un momentito de silencio para poder hablar con Jesús; para que se relajen les digo que cierren los ojos y piensen: "SOY UNA NUBE... SOY UNA NUBE...". Ja, ja, ja, ja. Cómo están las cabezas.
Esta tontera viene al caso para contaros cómo estoy: soy una nube. El principio de curso a tope; reuniones por todos lados -nos aprietan, pero no nos asfixian-; esta semana cada día en un sitio: Monesterio, Valverde de Leganés, Mérida, Zafra, mis pueblos, Badajoz, Zafra... La PJ diocesana, la JEC, la catequesis familiar, el consejo de pastoral, la acción católica... El cuentakilómetros echando humo, la cabeza con diecisietemil cosas a la vez...
Pero nada. Ni me inmuto. Soy una nube. Tranquilo. Sereno. Con una seguridad y una determinación casi desconocidas. Creyendo en lo que hago, confiando en mi mismo. A toda velocidad pero sin correr, sin precipitarme, sonriendo, con calma, sin alterarme.
Por la mañana, al levantarme, voy haciendo mis Ejercicios Espirituales en la vida diaria; parece increíble pero sí, consigo concentrarme y adentrarme en la contemplación de segunda semana que me tenga enfrascado: Jesús en el desierto resistiendo la tentación, Jesús llama a sus amigos... Una maravilla, una suertaza, riqueza inmensa, fuente inagotable de vida... "conocimiento interno del Señor... para que más le ame y le siga".
Va a ser verdad lo que dice mi amiga Maite Arabolaza: época de vacas gordas. ¡Pues a disfrutarla!
Esta tontera viene al caso para contaros cómo estoy: soy una nube. El principio de curso a tope; reuniones por todos lados -nos aprietan, pero no nos asfixian-; esta semana cada día en un sitio: Monesterio, Valverde de Leganés, Mérida, Zafra, mis pueblos, Badajoz, Zafra... La PJ diocesana, la JEC, la catequesis familiar, el consejo de pastoral, la acción católica... El cuentakilómetros echando humo, la cabeza con diecisietemil cosas a la vez...
Pero nada. Ni me inmuto. Soy una nube. Tranquilo. Sereno. Con una seguridad y una determinación casi desconocidas. Creyendo en lo que hago, confiando en mi mismo. A toda velocidad pero sin correr, sin precipitarme, sonriendo, con calma, sin alterarme.
Por la mañana, al levantarme, voy haciendo mis Ejercicios Espirituales en la vida diaria; parece increíble pero sí, consigo concentrarme y adentrarme en la contemplación de segunda semana que me tenga enfrascado: Jesús en el desierto resistiendo la tentación, Jesús llama a sus amigos... Una maravilla, una suertaza, riqueza inmensa, fuente inagotable de vida... "conocimiento interno del Señor... para que más le ame y le siga".
Va a ser verdad lo que dice mi amiga Maite Arabolaza: época de vacas gordas. ¡Pues a disfrutarla!
lunes, 20 de septiembre de 2010
NO EMPEZAR DE CERO
Pues sí, este mes de septiembre, complicado por el inicio del curso, estoy disfrutando de la experiencia privilegiada de arrancar el segundo año; porque resulta que en los 10 años que llevo de cura, ¡en 7 de ellos ha habido cambios!
Solamente he estado dos años consecutivos ( y por tanto sólo ha habido segundo año) en Valencia y en Zafra, el resto de meses de septiembre han significado mudanzas, colocar la casa, conocer a nueva gente, adaptarme a un nuevo lugar, ir despacio, “ya el año que viene”, “poco a poco”, “como usted es nuevo”, “¿quién es ése o la otra?”, presentaciones, no saber por dónde tirar, ni con quién te juegas los cuartos.
Continuar… ¡guau! Es decir, seguir por un camino trazado que vamos haciendo juntos, retomar objetivos, valorar lo recorrido, hacer un proyecto, conocer a la gente, querer a la gente y ser querido, hablar sin andar tanto con pies de plomo...¡y no tener que explicar mil cosas una y otra vez!
sábado, 18 de septiembre de 2010
NO ESTOY DE ACUERDO CON WOODY ALLEN
Me gusta mucho la revista XL Semanal que viene los domingos con el Hoy, así que cuando puedo la compro (no se puede conseguir el periódico en mi pueblo...) o se la mango a mi padre. Tengo un número de hace poco en el que hay una entrevista a Woody Allen, un tipo que me ha parecido siempre muy inteligente e interesante. El título no tiene desperdicio: "La única forma de ser feliz es negar la realidad"; lo podéis ver en
http://xlsemanal.finanzas.com/web/articulo.php?id=58718&id_edicion=5467
Dice que las personas nos buscamos toda clase de cosas (fantasías, distracciones, el trabajo...) para negar la aflicción de la condición humana: "¡Dios mío, la vida es corta, terrible y triste". Madre mía. ¿Woody es un nuevo Sartre con clarinete o qué?
No estoy de acuerdo contigo, Woody. Eres un genio del cine pero no puedes trabajar "por desesperación" o "para no pensar en las cosas mórbidas"; deberíamos todos hacerlo para que la vida sea áun más luminosa, útil y constructiva. Porque yo creo que la vida es maravillosa, llena de cosas bellas, experiencias de todo tipo, una mezcla perfecta de alegría, camino, trabajo y dolor. La vida es lo único que tenemos, y en ella hay suficientes elementos para que de gusto sumergirse y tratar de disfrutarla; la única forma de ser feliz es vivir intensamente, con los ojos abiertos y el corazón a punto para amar y recibir amor. ¡Vivir es no distraerse!
http://xlsemanal.finanzas.com/web/articulo.php?id=58718&id_edicion=5467
Dice que las personas nos buscamos toda clase de cosas (fantasías, distracciones, el trabajo...) para negar la aflicción de la condición humana: "¡Dios mío, la vida es corta, terrible y triste". Madre mía. ¿Woody es un nuevo Sartre con clarinete o qué?
No estoy de acuerdo contigo, Woody. Eres un genio del cine pero no puedes trabajar "por desesperación" o "para no pensar en las cosas mórbidas"; deberíamos todos hacerlo para que la vida sea áun más luminosa, útil y constructiva. Porque yo creo que la vida es maravillosa, llena de cosas bellas, experiencias de todo tipo, una mezcla perfecta de alegría, camino, trabajo y dolor. La vida es lo único que tenemos, y en ella hay suficientes elementos para que de gusto sumergirse y tratar de disfrutarla; la única forma de ser feliz es vivir intensamente, con los ojos abiertos y el corazón a punto para amar y recibir amor. ¡Vivir es no distraerse!
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